El Gobierno en el exilio de José Giral —también conocido por sus partidarios como el «Gobierno de la esperanza»— fue un ejecutivo creado el 21 de agosto de 1945 por las instituciones de la Segunda República Española en el exilio y encabezado por José Giral, antiguo presidente del gobierno durante los primeros meses de la Guerra Civil. Intentó ofrecer un frente unido ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la comunidad internacional con el objetivo de conseguir el aislamiento del régimen del general Franco y obtener el reconocimiento internacional como único gobierno legítimo de España para lograr el restablecimiento de la República.
Recibió desde un principio la hostilidad tanto del sector «negrinista» como del encabezado por Indalecio Prieto, aunque por razones diversas. También mantuvo una clara divergencia con la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas (ANFD) que agrupaba a buena parte de la oposición clandestina en el interior de España. Aunque consiguió el reconocimiento de varios Estados y que la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobara la Resolución 39 (1) de condena del gobierno de Franco, no logró un respaldo amplio de la comunidad internacional ni que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobara una resolución adoptando medidas contra Franco. La presión del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) forzó su renuncia en enero de 1947.
Antecedentes
El régimen de Franco
Cuando la Segunda Guerra Mundial estaba finalizando, la dictadura que encabezaba el general Franco seguía gobernando en España. Sin embargo, la percepción generalizada era que se trataba del último régimen fascista que quedaba en pie y le llovían todo tipo de ataques. Su colaboración con las potencias del Eje durante la guerra estaba clara. El régimen era considerado indeseable. En consecuencia, España fue excluida de la nueva Organización de las Naciones Unidas (ONU) y su paupérrima economía no se pudo beneficiar de créditos y ayudas internacionales. El régimen respondió al ostracismo como si fuera víctima de una injusticia, insistiendo en la originalidad de su sistema político y resaltando el papel del comunismo en los ataques que recibía. Aunque las potencias occidentales no parecían dispuestas a realizar una acción militar contra España, la oposición cobró nuevo impulso a raíz de la situación internacional.
En junio de 1944 y aprovechando la dinámica de la guerra en Europa, las primeras unidades guerrilleras del Partido Comunista de España (PCE) comenzaron a infiltrarse desde Francia. También la anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo (CNT) creó sus propias unidades. Por otro lado, la oposición monárquica se reactivó con el Manifiesto de Lausana proclamado por Juan de Borbón, el hijo del fallecido Alfonso XIII. La renovación de la oposición fue respondida con nueva represión.
El conflicto institucional republicano
El final de la guerra civil no solo había significado la total derrota militar de los sectores que se habían opuesto al ejército rebelde encabezado por el general Franco, sino también la completa división y enfrentamiento entre ellos y la confusión respecto a quién encarnaba la legitimidad de las instituciones republicanas. El 1 de febrero de 1939 se celebró la última sesión de las Cortes en Figueras, donde el socialista Negrín fue ratificado como presidente del gobierno. La caída de Cataluña pocos días después supuso que las máximas autoridades republicanas hubieron de refugiarse en Francia. Negrín pidió a Manuel Azaña, por entonces Presidente de la República, que volviera a entrar en España para encabezar la resistencia. Sin embargo, Azaña se negó y dimitió de su cargo alegando que la guerra estaba irremisiblemente perdida y que la resistencia numantina que preconizaba Negrín solo supondría la pérdida de más vidas. El 3 de marzo, la Diputación Permanente de las Cortes, reunida en el restaurante Lapérouse de París, se dio por enterada.
El presidente de las Cortes, el sevillano Diego Martínez Barrio, era la persona que debía sustituir a Azaña según la Constitución. Sin embargo, decidió no asumir el puesto no solo porque la dimisión del Presidente debía ser presentada formalmente ante las Cortes, sino porque la situación política en la zona que todavía controlaba el bando republicano era cada vez más confusa. El 4 de marzo estalló una sublevación en Cartagena en contra de Negrín y el retorno a España conllevaba un serio riesgo. Al día siguiente tuvo lugar el golpe de Estado de Casado. El 31 de marzo, durante una nueva reunión de la Diputación Permanente celebrada en París un día antes del final oficial de la guerra, se materializó el enfrentamiento entre los dos dirigentes. Negrín expuso sus actividades desde la salida de Cataluña y dijo que se consideraba todavía jefe de gobierno pese a la dimisión del Presidente que le había designado, basándose en que su mandato había sido ratificado por las Cortes, y acusaba a Martínez Barrio de haber apoyado a los «traidores» que seguían al coronel Casado. Hubo un tenso enfrentamiento entre Martínez Barrio, Luis Araquistáin y Pasionaria. La Diputación consideraba que el Gobierno ya no existía. La reunión terminó con la tensa aprobación de un texto acordado según el cual la diputación se consideraba a sí misma plenamente legítima y afirmaba que no podía tener efecto la dimisión del Gobierno por no existir las instituciones ante las que debía ser presentada. No obstante, en una nueva reunión de la diputación celebrada el 27 de junio de 1939 en París, se pidió expresamente a Negrín que cesase como jefe del gobierno.
Las diferencias entre los vencidos
Los enfrentamientos entre «negrinistas» y «antinegrinistas» se prolongaron con la formación del SERE y la JARE para gestionar los recursos económicos republicanos. Durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, los exiliados españoles estuvieron más preocupados por su propia supervivencia que por plantear una oposición a Franco. Las tentativas de reagrupamiento fueron dispersas. En octubre de 1940, los partidos estrictamente republicanos de izquierdas crearon una Acción Republicana Española (ARE) que los englobaba, pero que no sirvió para fusionarlos porque decidieron reorganizarse individualmente. En 1941, el Partido Comunista de España (PCE) lanzó una Unión Nacional Española (UNE) que, aunque formalmente contaba con personas de otras fuerzas políticas, estaba firmemente controlada por el PCE. Negrín, por su lado, promovió desde 1942 la Unión Democrática Española (UDE). El 20 de noviembre de 1943 se constituyó la más amplia Junta Española de Liberación (JEL), que comprendía a republicanos, nacionalistas catalanes y socialistas. Este nuevo organismo pretendía enfrentarse tanto al PCE y su UNE como a la nueva oposición monárquica que estaba surgiendo en España y se presentaba como alternativa a la Dictadura. Pese a las ausencias de otras fuerzas, la JEL consiguió un notable apoyo del exilio, pero no tuvo presencia en el interior de España. Aunque quería ofrecer un frente republicano unido, la Junta no intentaba arrogarse la exclusividad de la legitimidad, como pretendían ciertos sectores. Esto hacía que su mantenimiento fuera preferido por Indalecio Prieto y algunos otros. Por último, en 1944 se creó en el interior del país la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas (ANFD), que incluía también a la CNT. El PCE fue invitado a participar pero rehusó, lo que proporcionó a la nueva organización clandestina un carácter claramente aliadófilo.
En la fase final de la guerra se había creado un fuerte clima anticomunista en casi todos los partidos debido a que interpretaban que el PCE había obtenido durante la guerra civil una cuota de poder superior a la que le correspondía por sí mismo. El Pacto germano-soviético profundizó ese sentimiento debido al apoyo que el PCE dio al doble expansionismo de la Alemania nazi y de la Unión Soviética. A ello se sumó el intento de los comunistas de monopolizar la representación de los vencidos mediante la UNE. Tanto el PCE como el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) sufrían un acelerado proceso de purgas internas y un marcado estalinismo. El anticomunismo era especialmente acusado en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), tanto en el interior de España como entre los exiliados de Francia y México.
La derrota supuso una radicalización de los nacionalistas vascos y catalanes, que buscaron soluciones independentistas para sus respectivos territorios. Tras otras actuaciones, el 22 de diciembre de 1944 se firmó en México a iniciativa del presidente Aguirre el pacto denominado Galeuzca, que fue suscrito por diferentes partidos gallegos, vascos y catalanes y que reivindicaba la soberanía y el derecho de autodeterminación de sus territorios. Solo el retorno de Aguirre a Europa en marzo de 1945 marcó un mayor pragmatismo y defensa de las instituciones republicanas por parte del Partido Nacionalista Vasco (PNV).
La búsqueda de la unidad
220px|thumb|derecha|La iniciativa de buscar una representación unitaria partió del presidente vasco José Antonio Aguirre.
La inminencia de la victoria de los aliados hizo que los distintos sectores republicanos vieran la oportunidad de que la dictadura de Franco fuera barrida al mismo tiempo que las potencias del Eje. La liberación de Francia, la mejora de las comunicaciones entre América y Europa y el aumento de las expectativas de caída del régimen provocaron una reactivación de la oposición a Franco; no solo la republicana, sino también la monárquica y la tradicionalista. No obstante, persistían importantes diferencias en cuanto a los objetivos a perseguir y los medios a emplear. Fue el presidente del Gobierno vasco en el exilio, José Antonio Aguirre, quien propuso que los vencidos acudieran con una única representación a la inminente Conferencia de San Francisco. Proponía incluir en ella a Martínez Barrio como Presidente de la República y a Negrín como jefe del gobierno. El presidente mexicano Manuel Ávila Camacho prestó todo el apoyo para que las Cortes republicanas se reunieran en Ciudad de México el 10 de enero de 1945. El Club France, lugar elegido para el evento, obtuvo el privilegio de extraterritorialidad para la ocasión.
Asistieron a la cita 72 diputados, y otros 49 se adhirieron expresando su voto por escrito conforme a lo estipulado en el orden del día. Sabedor de que el PSOE era más partidario de mantener la JEL que de restablecer las instituciones y que se oponía a aceptar el voto por escrito, Martínez Barrio limitó la sesión a un recordatorio de los ausentes y del pasado y suspendió la reunión hasta el día 19. Sin embargo, los socialistas fueron radicalmente contrarios a dar validez al voto escrito y sostuvieron que no había cuórum suficiente para considerar válida la reunión, por lo que el primer intento acabó allí.
También a comienzos de año reapareció Negrín. Aunque siguió defendiendo la legitimidad de su Gobierno, manifestó que estaba dispuesto a renunciar al cargo en una reunión de las Cortes en la que Martínez Barrio tomara posesión como Presidente de la República. Solo el PCE apoyó su postura.