thumb|right|Bernardino Rivadavia. Se conoce como época de Rivadavia al período de la Historia de la Argentina durante el cual Bernardino Rivadavia ocupó los cargos de ministro de gobierno de la provincia de Buenos Aires y de Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y generalmente se incluye el corto período entre ambos mandatos. Durante el mismo, la iniciativa política estuvo notablemente concentrada en el mismo Rivadavia, que intentó una profunda reforma política, económica y social en el país.
El período comienza con la estabilización de la política en la provincia de Buenos Aires después de la llamada Anarquía del Año XX, a fines del año 1820 y principios del año 1821; y culmina con la renuncia del presidente Rivadavia en junio de 1827; se extiende también a las seis semanas durante las cuales fue presidente Vicente López y Planes.
Antecedentes
El Virreinato del Río de la Plata inició su emancipación del Imperio Español a través de la Revolución de Mayo de 1810, aunque no todo el territorio se incorporó a las llamadas Provincias Unidas del Río de la Plata. Una prolongada guerra contra la antigua metrópoli le permitió sostener esa independencia, que fue formalmente declarada en el año 1816.
Desde 1814 se produjeron enfrentamientos entre las tendencias centralistas de la capital, Buenos Aires, y las tendencias centrífugas de varias provincias. El Partido Federal sostuvo una larga guerra civil contra el gobierno central. Entre los más destacados centralistas se contó a Bernardino Rivadavia, que fue secretario de gobierno del Primer Triunvirato, entre septiembre de 1811 y octubre de 1812 y posteriormente pasó varios años como diplomático en Europa, particularmente en Gran Bretaña.
En 1819 se inició la disolución del poder central, cuando la mayor parte de las provincias negó obediencia al gobierno nacional; en febrero de 1820, en la batalla de Cepeda, el gobierno nacional fue derrotado por los caudillos provinciales, y pocos días más tarde se disolvió. Tanto la provincia de Buenos Aires como las demás se vieron envueltas en una serie de conflictos internos, que en su conjunto se conocen como la Anarquía del Año XX. Buenos Aires soportó un desfile de gobernadores sucesivos, ninguno de los cuales logró sostenerse en el poder más que unos meses; algunos no cumplieron siquiera una semana en el gobierno.
Los caudillos federales del litoral firmaron el Tratado del Pilar con el de Buenos Aires, por el cual cada provincia adquiría el derecho de gobernarse por sí misma y se comprometían a convocar un congreso nacional para solucionar sus diferencias y formar un nuevo gobierno general. Simultáneamente, la Provincia Oriental era invadida e incorporada al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve.
El 26 de septiembre, la Junta de Representantes de Buenos Aires eligió gobernador al general Martín Rodríguez, que una semana más tarde logró derrotar una asonada con ayuda de milicias de campaña dirigidas por el comandante Juan Manuel de Rosas.
A poco de asumir el mando, Rodríguez lanzó un ataque contra los indígenas del sur de Buenos Aires, con lo que logró unir a todas las parcialidades indígenas en una serie de ataques contra las poblaciones "blancas"; entre otros, el ataque contra el pueblo de Dolores, fundado en 1817, que fue completamente destruido.
Mientras la situación política interna se estabilizaba a fines de ese año y Rodríguez normalizaba también las relaciones con la provincia de Santa Fe firmando con su gobernador Estanislao López el Tratado de Benegas, la situación de la frontera con los indígenas llegó a su más alto nivel de conflicto desde finales del .
Gobernación de Martín Rodríguez thumb|right|200 px|El gobernador Martín Rodríguez. Rivadavia fue convocado por el nuevo gobernador de la provincia de Buenos Aires, el general Martín Rodríguez, quien lo nombró en el cargo de secretario de Gobierno y Relaciones Exteriores el 19 de julio de 1821.
right|250px|thumb|Monumento a Bernardino Rivadavia en Bahía Blanca. Dejando en un segundo plano a sus compañeros de gabinete, Manuel José García y Francisco Fernández de la Cruz, e incluso al propio gobernador, Rivadavia llevó adelante casi todas las decisiones políticas del gobierno de Rodríguez. Las políticas de gobierno que emprendió son conocidas con el nombre de "reformas rivadavianas". Se trata de una serie de reformas extensivas en el aparato estatal, inspiradas por una convergencia de varias corrientes intelectuales: el utilitarismo de Bentham, la Ilustración tardía, el liberalismo británico y francés, el regalismo borbónico, y la experiencia administrativa napoleónica yentre otros.
En su discurso de asunción declaró su plan de gobierno:
Entre los recursos con los que contaba "dentro de sus límites" se encontraba la aduana, cuyas rentas representaban la mayoría de todos los ingresos públicos del país, lo que le brindó a la Provincia de Buenos Aires una situación económica mucho más ventajosa que la del resto de las provincias de Río de la Plata. Proclamó la libertad de comercio, bajando las tasas aduaneras, con lo que favoreció el comercio exterior de la provincia y por ende sus ingresos, al tiempo que abarataba los bienes de consumo con el crecimiento de las importaciones de manufacturas británicas, de mayor calidad y menores costos. La provincia pasó en esos años por lo que, más tarde, el gobernador Juan Gregorio de Las Heras llamaría la "feliz experiencia": salía de diez años de desorden económico y político y de un año grandemente complicado. Y entró de lleno en una etapa de aumento de la calidad de vida, que se notó especialmente en sus clases acomodadas.
Inició en 1824 una fuerte introducción de animales puros de distintas razas, entre ellas las ovejas de raza merino, que si bien ya existían en el país, Rivadavia las importó en gran cantidad, tomando un crecimiento insospechado.
Inició una modernización del sistema económico: fundó la Bolsa de Comercio, inspirada en los modelos europeos, especialmente los de Londres y París, aunque su funcionamiento fue muy limitado dado que había escasas sociedades por acciones y el volumen de operaciones era muy bajo.
El 22 de junio de 1822 creó por ley el Banco de Descuentos, con la intención de que fuera un banco de capital privado, siguiendo el modelo de los bancos ingleses. El capital se integró mediante suscripción de acciones por comerciantes y particulares, y el Estado provincial no estaba concebido como propietario . Por eso muchos historiadores lo describen como un banco privado con privilegios públicos.Sergio Bagú: El plan económico del grupo rivadaviano (1811-1827): su sentido y sus contradicciones, sus proyecciones sociales, sus enemigos, Buenos Aires, Instituto de Investigaciones Históricas, 1966, p. 39Archivo General de la Nación, Historia de las Finanzas Públicas Argentinas Estaba controlado por comerciantes ingleses y algunos socios locales, y se dedicó, principalmente y como su nombre lo indicaba, al descuento de letras de crédito a corto plazo, una operatoria que resultaba de mucha utilidad para el comercio. No obstante ello, y pese a su concepción no estatal, el estado provincial terminó influyendo en la institución a través del depósito de fondos públicos y de su utilización a gran escala como agente financiero de la Provincia, aunque nunca tuvo participación accionaria. Los beneficiarios fueron grandes comerciantes importadores de Buenos Aires, los exportadores de cueros, sebo y otros productos ganaderos y algunos grandes estancieros vinculados al comercio exterior. Sergio Bagú sostiene que, a través de esta operatoria, el programa económico rivadaviano favoreció el ascenso de una burguesía comercial estrechamente vinculada al comercio atlántico.
El empréstito de Baring Brothers +Empréstito Baring Brothers Monto prestado: £1.000.000 Tasa de interés: 6% anual(£60.000 por año pagadas semestralmente) Amortización: 1% anual(£5.000 por año) Comisión de la Casa Baring por los pagos: 1% Tipo de colocación: 70% del valor nominal
La Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires sancionó el 19 de agosto de 1822 una ley que facultaba al gobierno a "negociar, dentro o fuera del país, un empréstito de tres o cuatro millones de pesos valor real". Los fondos del empréstito debían ser utilizados para la construcción del puerto de Buenos Aires, el establecimiento de pueblos en la nueva frontera, y la fundación de tres ciudades sobre la costa entre Buenos Aires y el pueblo de Carmen de Patagones. Además debía dotarse de agua corriente a la ciudad de Buenos Aires.
La Junta de Representantes había autorizado la colocación a un tipo mínimo del 70%, pero Rivadavia aceptó constituir un consorcio que representara al Gobierno de Buenos Aires para la colocación del empréstito al tipo de 70%. Este consorcio estaba encabezado por Braulio Costa, Félix Castro, Miguel Riglos, Juan Pablo Sáenz Valiente y los hermanos Parish Robertson, quienes en virtud del poder conferido celebraron el acuerdo en Londres con la firma Baring Brothers & Co.
Como la colocación en el mercado sería fácil, la Baring propuso al consorcio colocarlos al 85%, pagando 70% a Buenos Aires y repartiéndose el 15% de diferencia con el consorcio.
El monto nominal del empréstito ascendía a 1.000.000 de libras esterlinas con las siguientes condiciones: Los intereses serían pagados semestralmente, encargándose la Casa Baring de hacerlo a nombre de Buenos Aires, cobrando una comisión del 1%. El Estado de Buenos Aires "empeñaba todos sus efectos, bienes, rentas y tierras, hipotecándolas al pago exacto y fiel de la dicha suma de 1 000 000 de libras esterlinas y su interés". Baring retendría 200 000 títulos al tipo de 70, acreditando a Buenos Aires las 140 000 libras correspondientes y disponiendo para sí del excedente de su venta. Por cuenta del consorcio, Baring vendería en bolsa los 800 000 títulos restantes al tipo de 85%, cobrando un 1% de comisión por ello, y acreditando a Buenos Aires el 70%. Si lograse colocarlas a más del 80%, la comisión subiría a 1,5%. En toda suma a entregarse en lo futuro por Buenos Aires, en concepto de intereses y amortizaciones, Baring cargaría un 1% de comisión a cuenta del gobierno. Este empréstito no fue el único de su tipo en Latinoamérica: ya en 1822 Colombia había negociado un crédito por valor de 2 millones de libras esterlinas, y lo mismo había hecho ese año Chile con un crédito por 200 000 libras. El reino de Poyais (país ficticio creado por el estafador Gregor McGregor supuestamente en la Costa de Mosquitos, ubicada en el litoral del Mar Caribe de las actuales Honduras y Nicaragua) hizo lo propio por 200 000 libras, y Perú colocó un empréstito por 1 200 000 libras. México también tomó un crédito de este tipo en 1824, y Colombia obtuvo luego un segundo crédito. Entre 1822 y 1826 las colonias españolas se endeudaron con Londres por la suma de 20 978 000 libras, habiendo Inglaterra desembolsado una suma real de solo 7 000 000 de libras.