Las primeras presidencias radicales, también conocido como la Etapa Radical, es como se le conoce en la Historia de la Argentina a los gobiernos de entre 1916 y 1930, cuando la Unión Cívica Radical llegó a la presidencia de la República Argentina y gobernadores radicales ocuparon las gobernaciones en la mayoría de las provincias de ese país. Al final del período, los radicales obtuvieron también la mayoría en ambas cámaras del Congreso Nacional. El período concluyó con el golpe de Estado del 6 de septiembre de 1930, que instaló la primera de una serie de dictaduras cívico-militares legitimadas por la Corte Suprema de Justicia, que predominarían en la vida política del país hasta 1983.
En 1916 accedió al gobierno Hipólito Yrigoyen, en las primeras elecciones celebradas según la Ley Sáenz Peña, que estableció el sistema de voto secreto y obligatorio para todos los ciudadanos varones, garantizando elecciones libres y democráticas por primera vez en la historia argentina. Seis años más tarde, Yrigoyen sería sucedido por Marcelo T. de Alvear, también radical. En 1928 volvió Yrigoyen a la presidencia para un nuevo mandato de seis años, pero fue derrocado en 1930.
Durante los primeros años del período radical hubo recesión y pronunciada reducción del salario real, seguido de un extenso período de crecimiento económico hasta los últimos dos años, en los que la Gran Depresión puso fin al modelo agroexportador. La situación política se vio enrarecida por los conflictos entre el radicalismo y los conservadores, y entre los radicales oficialistas y los antipersonalistas, contrarios a la línea de Yrigoyen. El período se caracterizó por el avance de la democracia en la vida política argentina, la sanción de medidas tendientes a favorecer a los sectores obreros como también la regulación de los ferrocarriles operados por capitales extranjeros. Se creó la petrolera estatal YPF con el fin de combatir a los trusts extranjeros. El gobierno apoyó el movimiento reformista estudiantil sancionando medidas a favor del estudiantado. Varios de estos avances se vieron truncados luego del golpe de Estado de 1930. El periodo fue también testigo de las mayores masacres obreras de la historia argentina y el único pogrom registrado en América, con miles de personas asesinadas, detenidas y torturadas.
Antecedentes: el régimen conservador
Luego de las guerras civiles (1820-1868) y tras una etapa de organización del Estado (1853-1880), Argentina terminó de definir un modelo económico agroexportador dominado por los grandes estancieros y el capital inglés, como proveedor de alimentos para los obreros industriales de Gran Bretaña, que por entonces se había constituido en la primera potencia global, luego de vencer a China en las Guerras del Opio. La economía agroexportadora argentina creció de la mano de la expansión mundial del Imperio Británico y su población se multiplicó por cuatro, pasando de 1,8 millones en 1869 a 7,9 millones en 1914.
Desde 1874 comenzó a gobernar el país el Partido Autonomista Nacional (PAN), de tendencia liberal-conservadora, liderado por el general Julio A. Roca. El PAN estableció un régimen oligárquico virtualmente de partido único, conocido como República Conservadora o República Oligárquica, dominada por una élite conocida como la Generación del 80. El control político fue garantizado por en un sistema electoral de voto cantado" no obligatorio, que de hecho impedía la libertad de sufragio y la participación masiva en los comicios: en las once elecciones presidenciales entre 1853 y 1910 el promedio de participación electoral fue del 1,7 % de la población total. Todos los presidentes entre 1874-1916 pertenecieron al PAN, que además controló ambas cámaras del Congreso Nacional con mayorías absolutas, el Poder Judicial y todas las provincias, con excepción del gobierno radical de la provincia de Buenos Aires entre 1898 y 1902.
thumb|200px|Escena de la Revolución del Parque en 1890.
Desde la década de 1870, con el fugaz Partido Republicano, diversos sectores venían cuestionando el fraude y la ausencia de elecciones libres. En 1890 estalló una sangrienta insurrección armada conocida como la Revolución del Parque. Fracasada la misma varios de sus líderes fundaron la Unión Cívica Radical, que desató otras dos insurrecciones armadas en 1893 y 1905 para derrocar al régimen autonomista nacional, siendo ambas derrotadas con muy alto costo humano. Tras un fracasado intento de participación política, el radicalismo hizo de la abstención electoral su más firme arma de oposición política. Luego del suicidio de Leandro N. Alem en 1896, Hipólito Yrigoyen aparecía como el principal caudillo radical, aunque con fuertes resistencias internas provenientes del sector denominado galeritas (más cercanos al conservadurismo).
Simultánea y paralelamente al aumento de las luchas políticas para obtener elecciones libres, se había desarrollado un importante movimiento sindical, en el que actuaban tres corrientes: anarquistas, socialistas y sindicalistas revolucionarios. El movimiento obrero logró crear en 1901 la primera central obrera, que adoptaría el nombre de Federación Obrera Regional Argentina (FORA), creciendo desde entonces el conflicto social y produciéndose las primeras matanzas obreras.
Los conflictos políticos y sindicales impulsaron a algunos dirigentes conservadores a proponer la modernización del régimen, sancionando leyes laborales y mecanismos electorales que permitieran una mayor participación política de los sectores populares. Esas reformas permitieron que el Partido Socialista argentino lograra elegir en 1904 el primer diputado socialista de América Latina, Alfredo Palacios, y al año siguiente se sancionara la ley de descanso dominical. No obstante las reformas resultaron insuficientes para la UCR, que se negó a participar debido a que el régimen seguía siendo fraudulento.Castro (2012): 90-170.
Ley Sáenz Peña y democracia
En 1910 fue elegido presidente Roque Sáenz Peña, un opositor interno del Partido Autonomista Nacional perteneciente a su ala modernizadora, que en la década de 1870 había integrado el fugaz Partido Republicano junto a Leandro Alem y Aristóbulo del Valle. Simultáneamente, Hipólito Yrigoyen había reorganizado a la Unión Cívica Radical y permitido que circulara el rumor de que preparaba un nuevo levantamiento armado. Frente a esa situación Sáenz Peña e Yrigoyen se entrevistaron y acordaron la sanción de una ley de sufragio secreto y obligatorio para todos los ciudadanos varones que tomó el nombre de Ley Sáenz Peña.Castro (2012): 297-304.
El problema del sufragio se atendió con tres leyes, la n.° 4161 del 29 de diciembre de 1902, que posibilitó al Partido Socialista su primera representación; la n.° 4578 del 24 de julio de 1905, destinada a calmar la revolución de ese año, y la famosa Ley Sáenz Peña (n.° 8871), promulgada el 10 de febrero de 1912. Si bien esto era predecible, es destacable la actitud del presidente Roque Sáenz Peña, que atendió las demandas populares aun sabiendo que ello afectaba gravemente a la hegemonía conservadora. La Ley Sáenz Peña permitió que se realizaran por primera vez en Argentina elecciones libres democráticas, aunque solo limitadas a varones (habría que esperar hasta 1947 para que a las mujeres se les reconociera el derecho a votar y ser elegidas). El voto secreto y obligatorio independizó políticamente a los sectores populares de los poderes económicos, tal como coincidieron en señalar desde puntos de vista opuestos el estanciero y diputado conservador Carlos Rodríguez Larreta y el escritor radical Ricardo Rojas:
La nueva ley solo alcanzaba a las elecciones para cargos nacionales, es decir, a presidente y vicepresidente, a diputados nacionales, y a senador nacional por la Capital Federal. Las demás elecciones se celebraban según las leyes provinciales. No obstante, en 1912 se produjo la intervención federal a la provincia de Santa Fe, y el interventor organizó las elecciones para gobernador y legisladores de acuerdo con la Ley Sáenz Peña. La UCR decidió participar, y logró la victoria, llevando a la gobernación a Manuel Menchaca, primer gobernador elegido por la ley de elecciones secretas.Sáenz (1988): 49-57. Poco después, también se produjeron victorias radicales en Entre Ríos, asumiendo la gobernación Miguel M. Laurencena, en Mendoza, llevando al gobierno a Francisco S. Álvarez, y en Córdoba, donde fue elegido Eufrasio Loza.
thumb|200px|Preparativos para las elecciones legislativas de 1914. Estos resultados alarmaron a los conservadores. Pero si bien en las elecciones de diputados nacionales de 1914 la UCR obtuvo la victoria, solo logró el 32 % de los votos, lo que parecía dar la razón a los conservadores más optimistas: los conservadores se llevaron 33 diputados, los radicales 22, los socialistas 7 y la Liga del Sur 2.Castro (2012): 327.
Las victorias provinciales del radicalismo produjeron la desintegración del Partido Autonomista Nacional. Las fuerzas conservadoras se fragmentaron en decenas de partidos provinciales y locales -muchos de ellos con el nombre de "demócratas"-, destacándose el Partido Conservador de la Provincia de Buenos Aires liderado por Marcelino Ugarte, el Partido Demócrata de Córdoba liderado por Julio Argentino Roca (hijo), las fuerzas conservadoras de Salta lideradas por Robustiano Patrón Costas y la llamada "rotación" autonomista-liberal en Corrientes.
En 1914 el exradical Lisandro de la Torre fundó el Partido Demócrata Progresista con la intención de aglutinar las fuerzas conservadoras, empresa esta última en la que fracasó, persistiendo como un partido de cierta importancia en Santa Fe y tendiendo a establecer alianzas con el Partido Socialista.
De este modo lo conservadores llegaron a las elecciones presidenciales de 1916 sin una fuerza política nacional aglutinante. Más adelante crearía la Concentración Nacional con la que se presentaron en las elecciones de 1922 y el Partido Demócrata Nacional con el que gobernarían apoyados en el fraude durante la llamada «Década Infame».Castro (2012): 328.
El 22 de marzo de 1916 la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical se reunió en el Teatro Onrubia, para presentar la elección para candidatos a presidente y vicepresidente de la UCR. Desde las ocho de la mañana el teatro estaba colmado de gente, existió nerviosismo porque pese a que se sabía que Yrigoyen ganaría por apoyo unánime, los delegados sabían que él mismo habría de renunciar a la misma. Al respecto de la vicepresidencia, hubo exigencias por parte del grupo "azul" (más cercano al conservadurismo) para integrar parte del binomio, terminándose de designar al riojano Pelagio Luna como candidato a la vicepresidencia. A las 10:30 horas de la mañana comienza la votación, los resultados para la candidatura a la presidencia terminaron con ciento cincuenta votos para Yrigoyen, dos para Leopoldo Melo, mientras que Marcelo T. de Alvear, José Crotto y Vicente Gallo obtuvieron uno cada uno. Crotto rechazó el voto que le habían dado, ratificando que solo Yrigoyen podía ser el candidato indicado. Luego se procedió a la elección del candidato a la vicepresidencia, que terminó siendo elegido el doctor Luna con 81 votos contra 59 de Gallo, mientras que Castellanos y Melo obtuvieron uno cada uno. Se pasó a un cuarto intermedio para esperar la aceptación de las candidaturas, en ese momento, una manifestación se congregó en la casa de Yrigoyen, pero no hay signos de que haya gente dentro. Yrigoyen había ido a recibir a la Mesa Directiva de la Convención en el estudio jurídico del doctor Crotto en Avenida de Mayo, allí manifestó su propósito de renunciar a su candidatura.