La ocupación británica de las Islas Malvinas fue una operación militar del Reino Unido que el 3 de enero de 1833 tomó el control y usurpación de las islas mediante la fuerza. A pesar de estar en relaciones de paz con la Confederación Argentina, el Reino Unido empleó dos buques de guerra (el HMS Clio y el HMS Tyne) para desalojar por la fuerza a la guarnición argentina de Puerto Soledad. El 26 de agosto de 1833 un grupo de gauchos y criollos al mando de Gaucho Rivero, tomaron por asalto las casas de Puerto Soledad y las embarcaciones británicas, en donde mataron cinco personas que trabajaban para los ocupadores. Antonio Rivero y sus gauchos izaron la bandera argentina, que se mantuvo flameando hasta el 7 de enero de 1834, momento en que las fuerzas británicas retomaron el control del asentamiento y los sublevadores y sus familias fueron expulsados dos días después, dejando atrás la población civil de la colonia, unas veinte personas. Desde entonces, las islas han estado bajo dominio británico, excepto durante el breve período de la guerra de las Malvinas en 1982.

El Gobierno de la República Argentina denunció que, el 3 de enero de 1833, las islas fueron ocupadas por fuerzas británicas, que desalojaron a la población (de origen argentino) y a las autoridades argentinas allí establecidas Ilegítimamente, reemplazándolas por súbditos de la potencia ocupante. Las autoridades argentinas reclamaron inmediatamente la agresión supuestamente injustificada llevada a cabo en tiempo de paz y amistad entre las dos naciones, continuando hasta la actualidad de forma diplomática.

El Gobierno del Reino Unido califica la acción como «reafirmación» de su dominio, que fue establecido en el año 1690 mucho antes de que exista Argentina y en el 23 de enero de 1765, un año después de la llegada de la Bougainville procedente de Francia, por el comodoro británico John Byron quien arribó a la pequeña isla Trinidad, denominada por los británicos Saunders Island, y realizó una ceremonia de toma de posesión.

La disputa durante los siglos y

Las pretensiones británicas y francesas

Ocupación francesa y protesta española

El 15 de septiembre de 1763 Louis Antoine de Bougainville zarpó del puerto francés de Saint-Maló con el objetivo de establecer una colonia en las Islas Malvinas. Bougainville manifestó en sus Memorias la importancia de ese establecimiento y destacó el interés británico en la región:

El establecimiento de Bougainville fue el primer asentamiento permanente en el archipiélago. La ceremonia formal de toma de posesión de las islas Malvinas, se realizó el 5 de abril de 1764. Luis XV ratificó la toma de posesión el 12 de septiembre de 1764, argumentando que las islas fueron descubiertas por navegantes de Saint-Maló, de donde proviene el nombre Malouines, castellanizado a Malvinas.

La expedición de Bouganville recaló en Montevideo, donde fue recibida por el gobernador de la plaza, José Joaquín de Viana. Pese a que España y Francia eran aliadas, y estaban unidas por el Pacto de Familia, los franceses no tenían autorización para formar colonias en América del Sur. El funcionario español intentó averiguar el motivo y destino de la expedición, pero los franceses lo ocultaron, manifestando que se dirigían a la India. No obstante, Viana alertó a Madrid sobre el paso de Bougainville por Montevideo.

Enterada España del establecimiento francés en Malvinas, protestó de inmediato ante la Corte de Luis XV y expresó que las tierras adyacentes a un continente no podían ocuparse sin el consentimiento del dueño de dicho continente, y que las islas Malvinas habían estado reputadas -y debían reputarse- como adyacentes a sus costas.

Luis XV cedió a las protestas españolas y ordenó entregar el establecimiento de Puerto Luis (rebautizado Puerto Soledad por España) al considerar que los títulos españoles eran superiores. Francia estaba dispuesta a abandonar sus pretensiones sobre Malvinas, pero deseaba que España las ocupe y evite la instalación de Gran Bretaña, su enemigo en común. Jerónimo Grimaldi comentó:

El 4 de octubre Felipe Ruiz Puente quedó a cargo del establecimiento, que administrativamente era una dependencia de la Capitanía General de Buenos Aires.

Los intereses británicos

Desde 1690 El nombre en inglés para las islas Malvinas es Falkland Islands, que se deriva de Falkland Sound, el nombre en inglés que se le dio al canal que separa las dos islas principales, el estrecho de San Carlos. Este, a su vez, fue llamado así en 1690 por John Strong, en honor a Anthony Cary, quinto vizconde de Falkland.

Entre 1739 y 1748, el Reino de Gran Bretaña estuvo enfrentada con el Reino de España en la denominada guerra del Asiento. En ese contexto, el Almirantazgo británico organizó una gran expedición a las Indias Occidentales, encabezada por George Anson. Su objetivo era atacar las posesiones españolas en América, en especial las situadas sobre la costa del océano Pacífico. De las dificultades y penurias sufridas durante este viaje de Anson alrededor del mundo, los británicos fueron conscientes de la necesidad de contar con una base naval en el Atlántico Sur y de su importancia para afectar el comercio español en América. Aunque George Anson no pasó por las Malvinas durante su viaje de circunvalación del globo, las islas eran vistas como el lugar más adecuado para una base naval.

Adicionalmente, a diferencia de Nueva Zelanda o Australia, las Malvinas estaban casi desprovistas de habitantes indígenas, lo que facilitaba su ocupación. Y al realizar esta acción se podría convertir al archipiélago en una base militar en el Atlántico Sur, para resguardar así el libre comercio (en esa zona).

Poco tiempo después de la firma de la paz con España, en 1749, George Anson organizó una expedición al Atlántico Sur. España tomó conocimiento del intento británico y protestó, manifestando que el Reino de Gran Bretaña no tenía nada que hacer en el Atlántico Sur y que esas aguas le pertenecían. Ante esta protesta, la expedición británica no se llevó a cabo.

Por último, el liberal Sir George Cornewall Lewis de 1841, en su ensayo sobre el Régimen de las Dependencias, enumeró las seis ventajas de la eficiencia mantenimiento de posesiones coloniales como las Malvinas: tributo, ayuda militar, facilidades comerciales, salidas para la emigración, facilidades para el transporte de delincuentes y prestigio nacional.

Puerto Egmont

La reanudación de las hostilidades con España llevaron a Gran Bretaña a organizar una nueva expedición, que se realizó en el máximo de los secretos. Ni siquiera los tripulantes de los navíos de guerra británicos conocían su verdadero destino. El 23 de enero de 1765 el comodoro Byron realizó la toma de posesión (el archipiélago ya estaba ocupado por Francia desde hacía un año) en la isla Trinidad, denominada por los británicos Saunders Island. Los británicos permanecieron solo cuatro días, dejando una pequeña huerta que luego sería utilizada como "prueba de posesión".

El establecimiento definitivo de Puerto Egmont fue realizado por John McBride, el 8 de enero de 1766, dos años después de la ocupación francesa. El 2 de diciembre de 1766 los británicos encontraron Puerto Luis.

Expulsión de Puerto Egmont

El 25 de febrero de 1768 el gobernador de Buenos Aires Francisco de Paula Bucarelli recibió una Real Orden, por la cual se le ordenaba expulsar cualquier establecimiento inglés que encuentre en las regiones pertenecientes a la Corona, sin esperar instrucciones adicionales. Considerando estas órdenes, el 3 de junio de 1770, arribó a Puerto Egmont una flotilla de cuatro buques españoles dirigidos por Juan Ignacio de Madariaga, que intimaron a la guarnición británica a rendirse, pues de lo contrario, se vería «precisado a obligarle con el cañón». El 10 de junio de 1770 la guarnición británica en Puerto Egmont rindió sus armas.

La crisis de 1770 y el acuerdo secreto

En 1770, tanto España como Francia, aliados en el Pacto de Familia, consideraban que sus ejércitos no estaban preparados para embarcarse en una guerra con Gran Bretaña. Cuando Juan Ignacio de Madariaga llegó a Cádiz, el 11 de agosto de 1770, las autoridades españolas estaban frente a un dilema: si avalaban la acción de Bucarelli, la guerra sería inevitable en cuanto los británicos tuvieran conocimiento del incidente.Bucarelli ordenó inmovilizar por 20 días al buque británico aposado en Puerto Egmont. Esto le dio tiempo a los españoles para coordinar su respuesta con Francia. Si, por el contrario, desautorizaban la expedición, sus derechos sobre las islas se verían perjudicados.

Jerónimo Grimaldi se propuso evitar la guerra a toda costa, y para eso instruyó a Masserano, embajador de España en Gran Bretaña, para que informe al gobierno británico lo ocurrido en Puerto Egmont, haciendo hincapié en que Bucarelli actuó precipitadamente sin la debida autorización real (lo que no era enteramente cierto). Los españoles esperaban evitar una respuesta violenta de los británicos y llegar a un acuerdo pacífico.

Por su parte el primer ministro británico, Frederick North, no deseaba la guerra, pero no podría impedirla una vez que la expulsión de la guarnición británica tomara estado público. Para solventar ese problema, le propuso a Masserano un acuerdo de palabra: si España aceptaba restituir Port Egmont para salvar el honor del rey Jorge III, Gran Bretaña se retiraría voluntariamente de las islas en un plazo breve, una vez que los ánimos se hubieran serenado.

James Harris, el embajador británico en Madrid, notificó a su gobierno el 14 de febrero de 1771 sobre la existencia de un informe del gobierno español, donde se afirmaba que el gobierno británico dio una promesa verbal de evacuar las islas en dos meses.

En 1774 los británicos abandonan definitivamente Puerto Egmont. Los británicos dejaron allí una bandera británica y una placa reclamando la soberanía de la isla Trinidad para el rey Jorge III. Debido a que no renunciaron a ello, los británicos justificaron con este antecedente la ocupación de 1833 de todo el archipiélago malvinense.

El 24 de enero de 1776, el piloto Juan Pascual Callexas retiró la placa dejada por los británicos y la trasladó a Buenos Aires. El 30 de junio de 1777, el ministro Universal de Indias, José de Gálvez, envió una Real Orden al Virrey del Río de la Plata para que "procediese a quemar los edificios de toda clase que se hallaren concluidos o empezados, practicando lo mismo con los materiales que se encontrasen acopiados por el propio intento". Esta orden se cumplió a principios de 1780, eliminando todo vestigio de la presencia británica en las islas Malvinas. No hubo reacción oficial alguna del Gobierno británico respecto a la destrucción del establecimiento de Puerto Egmont por parte de España y nada dijo cuando las fuerzas británicas encontraron en Buenos Aires entre 1806-1807 la placa de plomo retirada de Puerto Egmont por los españoles ni tampoco un intento de restaurar o reinstalar una placa de similares características. El retiro de la placa dejada en Puerto Egmont era un muestra clara de la voluntad española de desconocer toda pretensión de soberanía británica.

El archipiélago como parte integral del Virreinato del Río de la Plata

Desde el abandono británico de 1774 las islas quedaron ocupadas exclusivamente por España. La Capitanía de Malvinas estaba subordinada administrativamente a Buenos Aires. 32 gobernadores garantizaron el ejercicio de soberanía de España sobre la totalidad del archipiélago.