El Proceso 8000 fue un conjunto de investigaciones y procesos judiciales y políticos desarrollados en Colombia durante la década de 1990 en torno a la financiación de campañas electorales con recursos provenientes del narcotráfico, principalmente del Cartel de Cali. El escándalo alcanzó el más alto nivel del poder político al establecerse el ingreso de dineros de ese cartel a la campaña presidencial de 1994 de Ernesto Samper, quien resultó elegido presidente de Colombia. Las investigaciones involucraron a dirigentes políticos, congresistas y altos funcionarios del Estado, así como a miembros de la campaña presidencial, varios de los cuales fueron procesados y condenados.
El caso desencadenó una prolongada crisis política e institucional durante el gobierno de Samper. La responsabilidad de Samper fue objeto de una investigación en la Cámara de Representantes, que en junio de 1996 decidió precluir el proceso en su contra por 111 votos contra 43. Entre los miembros de su campaña condenados estuvo su exgerente y posteriormente ministro de Defensa, Fernando Botero Zea, quien en 1996 fue condenado a 63 meses de prisión por enriquecimiento ilícito a favor de terceros y falsedad en documento privado.
La denominación «Proceso 8000» provino de uno de los expedientes de la Fiscalía General de la Nación sobre los vínculos entre dirigentes políticos y el Cartel de Cali, registrado con el número 8.000. La denominación terminó utilizándose de manera general para identificar las investigaciones y el escándalo político.
Antecedentes En junio de 1994, pocos días antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el candidato Andrés Pastrana entregó al entonces presidente César Gaviria una grabación en la que se escuchaban conversaciones entre el periodista Alberto Giraldo y miembros del Cartel de Cali, entre ellos Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela, sobre aportes económicos a la campaña presidencial de Ernesto Samper. Según información publicada en ese momento, Gaviria remitió el casete el 17 de junio al fiscal general Gustavo de Greiff y al propio Samper, dos días antes de la segunda vuelta electoral del 19 de junio. El contenido de las grabaciones llegó a los medios de comunicación el 20 de junio, cuando Samper ya había sido elegido presidente pero aún no se había posesionado.
Las grabaciones, conocidas posteriormente como los «narcocasetes», hicieron públicas las acusaciones sobre una posible financiación de la campaña de Samper con recursos provenientes del narcotráfico. Samper negó que su campaña hubiera recibido esos recursos y pidió a la Fiscalía que investigara las acusaciones Las investigaciones posteriores sobre el ingreso efectivo de dineros del Cartel de Cali y sobre el grado de conocimiento que Samper tenía de esos aportes formaron parte de la controversia política y judicial que desembocó en el denominado Proceso 8000
La autoría de las interceptaciones que dieron origen a los «narcocasetes» no fue establecida durante las investigaciones iniciales. Andrés Pastrana afirmó haber recibido las grabaciones de una persona desconocida en Cali antes de entregarlas al presidente César Gaviria. En junio de 1994, copias de las cintas también llegaron a distintos medios de comunicación, sin que se hubiera determinado quién las distribuyó.
La Fiscalía General investigó posteriormente la procedencia de las interceptaciones, pero no encontró evidencia judicial que permitiera identificar a sus autores. En ese momento circularon versiones que atribuían las grabaciones a organismos de seguridad colombianos o estadounidenses, incluida la DEA, pero estas hipótesis no fueron establecidas judicialmente. El entonces ministro de Defensa, Rafael Pardo, afirmó que conoció la existencia de las grabaciones cuando Pastrana las presentó al presidente Gaviria.
Tras la divulgación de los «narcocasetes», la Fiscalía General de la Nación abrió una investigación y llamó a declarar a varias de las personas mencionadas en las grabaciones. En julio de 1994, la Procuraduría General de la Nación concluyó que las cintas habían sido editadas y que algunos de sus diálogos presentaban manipulación.
El 16 de agosto de 1994, el fiscal general Gustavo de Greiff ordenó archivar la investigación relacionada con los narcocasetes. La Procuraduría General de la Nación, entonces encabezada por Orlando Vásquez Velásquez, consideró posteriormente sólida la decisión de archivo. Vásquez Velásquez sería posteriormente investigado en el marco del ‘’‘Proceso 8000’’’ y condenado por enriquecimiento ilícito de particulares y falsedad en documento privado por hechos relacionados con beneficios económicos recibidos de empresas vinculadas a la familia Rodríguez Orejuela cuando ejercía como senador. No se estableció en ese proceso que estos hechos estuvieran relacionados con la posición adoptada por la Procuraduría frente al archivo de la investigación de los narcocasetes.
En ese mismo periodo se produjo un cambio al frente de la Fiscalía General de la Nación. Gustavo de Greiff había cumplido 65 años en junio de 1994 y la Corte Suprema de Justicia consideró que le era aplicable la edad de retiro forzoso de la Rama Judicial. El 26 de julio, la Corte eligió como nuevo fiscal general a Alfonso Valdivieso Sarmiento, quien obtuvo 15 de los 20 votos de la Sala Plena.
Valdivieso se posesionó como nuevo fiscal general el 18 de agosto de 1994. Bajo su dirección, la Fiscalía continuó investigando los vínculos entre dirigentes políticos y el Cartel de Cali a partir de documentación, información financiera y otras pruebas obtenidas en sus investigaciones sobre esa organización. El 20 de abril de 1995 fue capturado el exsenador Eduardo Mestre y, al día siguiente, la Fiscalía anunció nuevas investigaciones y remitió a la Corte Suprema de Justicia información relacionada con varios congresistas, por corresponder a ese tribunal la investigación de sus conductas. Las pesquisas también volvieron sobre la financiación de la campaña presidencial de Ernesto Samper y se ampliaron durante los meses siguientes, dando lugar al conjunto de actuaciones conocido como Proceso 8000
Financiación de la campaña Lo primero que hay que precisar es que la infiltración de dineros ilegales a la campaña presidencial de Ernesto Samper Pizano es diferente al nombrado “proceso 8000” que tuvo lugar el mismo año de la posesión de Samper en la presidencia.
Las investigaciones judiciales establecieron el ingreso de recursos provenientes del Cartel de Cali a la campaña presidencial de Ernesto Samper en 1994. El 29 de marzo de 1995, la Fiscalía determinó que la firma Exposal y la oficina de Guillermo Pallomari, contador del cartel de Cali, habrían girado más de 2 mil millones de pesos a personas entre las que figuraba Santiago Medina, tesorero de la campaña Samper Presidente. Medina fue condenado en julio de 1996 a 64 meses de prisión por enriquecimiento ilícito. Según la decisión judicial, Medina recibió 5.000 millones de pesos de Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela y los transfirió en favor de la campaña Samper Presidente.
Fernando Botero Zea, director general de la campaña y posteriormente ministro de Defensa, también fue procesado por el ingreso de recursos ilícitos. En octubre de 1996 fue condenado a 63 meses de prisión después de aceptar los cargos de enriquecimiento ilícito en favor de terceros y falsedad en documento privado. La Fiscalía sostuvo durante el proceso que Botero conocía el ingreso de recursos provenientes del narcotráfico a la campaña.
Elizabeth Montoya de Sarria, conocida como la «Monita Retrechera», también fue vinculada a las investigaciones sobre la financiación de la campaña. Santiago Medina declaró ante la Fiscalía que Montoya había colaborado en la consecución de recursos para la campaña y entregó documentación sobre aportes realizados por ella. Las investigaciones establecieron aportes de la familia Sarria Montoya por 32 millones de pesos en efectivo y otros 60 millones mediante cheques de gerencia.
En agosto de 1995 se hizo pública una grabación de una conversación sostenida durante la campaña presidencial entre Montoya y Ernesto Samper. Montoya fue requerida posteriormente por la Fiscalía para declarar dentro de las investigaciones del Proceso 8000, pero fue asesinada en Bogotá el 31 de enero de 1996 antes de comparecer ante las autoridades.
El conocimiento que Ernesto Samper tenía sobre el origen de los recursos se convirtió en uno de los principales puntos de controversia de las investigaciones. Samper sostuvo que no había conocido el ingreso de dineros provenientes del narcotráfico y afirmó que, si estos habían entrado a su campaña, lo habían hecho «a sus espaldas».
Santiago Medina declaró ante la Fiscalía que Samper conocía las gestiones relacionadas con la obtención de recursos del Cartel de Cali y atribuyó a Fernando Botero instrucciones para recibir esos aportes. Botero inicialmente sostuvo que cualquier ingreso de dineros del narcotráfico se había producido sin su conocimiento y el de Samper. Sin embargo, en enero de 1996 cambió públicamente su versión y afirmó que Samper sí conocía el ingreso de esos recursos y que estaba comprometido con los hechos.
Tras las declaraciones de Botero y el desarrollo de las investigaciones, el fiscal general Alfonso Valdivieso presentó el 14 de febrero de 1996 una denuncia formal contra Samper ante la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes. La denuncia se relacionaba con los presuntos delitos de enriquecimiento ilícito, falsedad, fraude electoral y encubrimiento, y fue acompañada por pruebas y testimonios recopilados durante las investigaciones.
En julio de 1998, durante la instalación del Congreso y pocos días antes de finalizar su mandato, Samper reconoció de manera explícita que dineros provenientes del narcotráfico habían ingresado a su campaña presidencial. Mantuvo, sin embargo, que la infiltración se había producido sin su conocimiento y se presentó como víctima de las actuaciones de quienes administraban la campaña.
En un proceso judicial diferente, Fernando Botero Zea fue condenado posteriormente por apropiarse de recursos pertenecientes a la campaña presidencial. En 2007, la Corte Suprema de Justicia dejó en firme una condena de 30 meses de prisión por hurto agravado. Esta condena estuvo relacionada con la apropiación de recursos de la campaña y fue distinta de la condena que Botero había recibido en 1996 por enriquecimiento ilícito en favor de terceros y falsedad en documento privado.
Investigación contra Ernesto Samper La posible responsabilidad de Ernesto Samper por el ingreso de recursos provenientes del narcotráfico a su campaña fue investigada por la Comisión de Investigación y Acusación de la Cámara de Representantes, órgano competente para investigar al presidente de la República. En agosto de 1995, la Comisión recibió de la Fiscalía copia de las pruebas recopiladas en el Proceso 8000 y abrió formalmente la etapa de instrucción, a solicitud del propio Samper. El representante Heyne Mogollón fue designado investigador del caso.
En diciembre de 1995, Mogollón presentó una decisión inhibitoria que puso fin a esa primera etapa de la investigación. El proceso fue reabierto en febrero de 1996 después de que Fernando Botero Zea modificara su versión y declarara que Samper conocía el ingreso de recursos del narcotráfico a la campaña. El 14 de febrero, el fiscal general Alfonso Valdivieso presentó una denuncia penal contra Samper ante la Comisión de Investigación y Acusación, relacionada con los presuntos delitos de enriquecimiento ilícito, falsedad, fraude electoral y encubrimiento.