Gustavo III de Suecia (Estocolmo, 24 de enero de 1746-Estocolmo, 29 de marzo de 1792) fue rey de Suecia desde el 12 de febrero de 1771 hasta su muerte. Era el hijo mayor del rey Adolfo Federico de Suecia y de la princesa Luisa Ulrica de Prusia. Era también primo de la emperatriz Catalina II de Rusia.

Gustavo terminó con la hegemonía de los partidos y con la llamada Edad de la Libertad en Suecia. A través de un golpe de Estado en 1772, llevó a cabo una reforma constitucional que lo encumbró en el poder absoluto. Intentó, sin éxito, una campaña de conquista que llevara al país a recuperar una posición importante a nivel internacional. Asimismo impulsó el florecimiento de la cultura nacional sueca, en el que participó activamente gracias a su amor al arte y a su amplia cultura.

Príncipe heredero Gustavo nació en el castillo de Estocolmo el 24 de enero de 1746. El nacimiento de Gustavo, su infancia y juventud transcurrieron en un clima de extrema debilidad de la institución monárquica sueca. Sus padres los reyes fueron humillados en más de una ocasión, mientras que la nobleza se había apoderado de la administración del Estado.

En su infancia, se mostró muy proclive a la fantasía, al arte teatral y a la frivolidad. Sus profesores guiaron su educación de acuerdo con los preceptos de la ilustración francesa, que en ese tiempo era la tendencia cultural y humanística predominante. Tuvo como tutor al gran poeta sueco Olof von Dalin. En ese entorno, se pretendió que el príncipe fuera introducido en los ideales de la tolerancia, el humanismo y el interés por todas las expresiones culturales. En su educación predominó la estética y la literatura, y el príncipe también mostró interés por la historia. Algunos han considerado que la instrucción académica de Gustavo no contaba con fuertes bases éticas y religiosas, lo que probablemente lo llevó a tener una fuerte inclinación al egoísmo y al autoritarismo desde sus años como príncipe heredero, así como un marcado deseo de poder, éxito y honor, pasiones que llegó a considerar objetivos supremos en la vida.

El desarrollo de Gustavo sería negativamente influido por la división entre sus padres y profesores, por un lado, y el parlamento, por el otro; este último, aprovechando la debilidad del rey Adolfo Federico, se inmiscuía constantemente en la educación del joven. Cuando casi había llegado a la mayoría de edad, Gustavo fue exhortado por decisión política del parlamento a comprometerse con la princesa Sofía Magdalena de Dinamarca en 1766, en contra del deseo de sus padres.

Su empeño en destacar en la vida política del país y en recuperar la fuerza pasada de la institución monárquica lo condujo a dirigir al partido de la corte, que no tardó en darse cuenta de las habilidades del príncipe y en considerarlo la esperanza de la monarquía sueca. Tomó parte en la alianza entre el partido de la corte y el partido de los sombreros, que junto con la influencia de los embajadores franceses dio origen a la derrota del partido de los gorros en el parlamento de 1769. El liderazgo de Gustavo en el partido de la corte generó fricciones con su madre la reina Luisa Ulrica, quien no estaba dispuesta a renunciar a su influencia dentro del partido.miniaturadeimagen|La esposa del rey Gustavo, Sofía Magdalena de Dinamarca.

Rey de Suecia A la muerte de su padre el 12 de febrero de 1771, Gustavo se encontraba en París, donde consiguió la promesa de apoyo político del gobierno de Francia. Luis XV le dio el consejo de buscar la reconciliación entre los partidos a fin de lograr un gobierno de coalición bajo el liderazgo del monarca. Gustavo fue coronado el 29 de mayo de 1772 y pronto se dio cuenta de que todo intento de hacer reconciliar a los partidos era inútil.

El golpe de Estado de 1772 El rey encontró colaboradores muy hábiles en Jacob Magnus Sprengtporten y Johan Christopher Toll; éstos se encargaron de provocar un levantamiento en favor del rey en Finlandia y Escania, respectivamente. La rebelión en Escania estalló antes de tiempo, y las intenciones de revolución fueron descubiertas por el parlamento. Ante esa situación, Gustavo no esperó el regreso de Sprengtporten de Finlandia, como se había acordado, y se apresuró a encender personalmente una revuelta en la capital, Estocolmo. El 19 de agosto de 1772, con el apoyo de guarniciones militares, el rey arrestó al consejo del reino y a los principales líderes del partido de los gorros en el parlamento. Dos días después, el parlamento, sometido al rey, aprobó una nueva constitución elaborada en gran parte por el mismo monarca. Después de la aprobación, la mayor parte de los presos fueron liberados. Con la revolución de 1772, Gustavo logró, sin derramamiento de sangre, restablecer el poder absoluto, si bien en un inicio se declaró en favor del equilibrio de poderes. De acuerdo con él, de esa manera se ponía fin a la anarquía, la división y la dependencia del extranjero. Solía poner a Polonia (dividida en 1772) como ejemplo del destino que le esperaba a Suecia si no se unía en torno a su rey. thumb|left|200px|Gustavo III de Suecia. Óleo de Lorens Pasch el Joven (1777).

El regreso del absolutismo Echando a andar el desarrollo económico, Gustavo realizó ciertas mejoras en la vida social: la abolición de la tortura judicial en 1772, la libertad de imprenta, mejoras en los servicios de salud, combatió los abusos administrativos y decretó alzas salariales para los funcionarios públicos. También logró liberar el mercado de cereales, mejoró el estado del ejército y la armada, moderó las leyes penales y puso en marcha la acuñación de moneda en 1777. Cuando el parlamento se reunió en 1778, Gustavo III había realizado reformas palpables, logrado la paz interna y mejorado la seguridad exterior del país. El parlamento reconoció los logros, reforzó las reformas y tomó en cuenta todas las propuestas del rey. Ese tiempo constituyó la cúspide del gobierno de Gustavo, y envuelto en esa popularidad se recibió con gozo el nacimiento del príncipe heredero, Gustavo Adolfo.

Pero después del parlamento de 1778 comenzó a incubarse una nueva oposición contra Gustavo III, enfocada en criticar varios decretos del soberano y su inclinación hacia el absolutismo. En esas circunstancias, Gustavo decidió virar sus intereses hacia la política exterior, empujado por el deseo de devolver a Suecia su status de gran potencia y de ganar los máximos honores militares, que lo mantuvieran encumbrado en la popularidad. Hasta entonces, el ministro del exterior, Ulrik Scheffer, había conducido la política exterior con especial cautela pero, tras su salida, el rey fungió de hecho como ministro del exterior del país y sus planes guerreros pudieron madurar.

Gustavo planeó arrebatarle Noruega a Dinamarca a través de una rápida invasión y contando con el apoyo de su prima, la zarina Catalina II de Rusia. En 1783, Gustavo y Catalina se reunieron en Fredrikshamn. Pero la zarina se negó a prestar ayuda a Suecia en una posible guerra contra Dinamarca, y los planes de conquista del rey se derrumbaron. Tras este fracaso, Gustavo emprendió un largo viaje al extranjero (1783-1784) en que visitó preferencialmente Francia e Italia.

La nueva oposición Las finanzas públicas comenzaron a padecer las consecuencias del despilfarro, ya que el rey había endeudado al país sin el consentimiento del parlamento. Esto, más algunas reformas poco populares y la aparición de nuevos casos de corrupción en la administración, provocó que la oposición creciera, encabezada por el conde Axel von Fersen, y que en el parlamento de 1786 se rechazaran la gran mayoría de las propuestas presentadas por Gustavo III.

La derrota ante el parlamento ocasionó que el rey buscase emprender una riesgosa guerra que lo ayudara a recuperar el prestigio y la autoridad moral. Desde entonces, Gustavo comenzó a considerar a Rusia como su principal enemigo y a avizorar un futuro conflicto con ese país. Una parte de la nobleza sueca, enemiga de Gustavo, mantenía fuertes lazos con Rusia, y este país se inmiscuía en la política sueca desde tiempos de Federico I. En Finlandia aparecieron conspiraciones separatistas lideradas por Göran Magnus Sprengtporten, quien se dice se encontraba aliado con Rusia desde fines de 1786. Gustavo recibió con beneplácito las noticias sobre el estallido de una guerra ruso-turca en el otoño de 1787 y, al año siguiente, el rey comenzó en secreto un rápido rearme del ejército.

La guerra contra Rusia A finales del otoño de 1787, Gustavo visitó Copenhague, pues buscaba mejorar las deterioradas relaciones con Dinamarca para dedicarse a enfrentar a Rusia. En los días finales de junio de 1788, las tropas suecas, sin una previa declaración de guerra, atravesaron la frontera con Rusia, bajo el pretexto de un conflicto fronterizo de insignificantes dimensiones provocado por los mismos suecos. El rey Gustavo confiaba en la victoria, amparado en la atención que la emperatriz rusa fijaba en las hostilidades con el Imperio otomano y en que aquella supuestamente no esperaba el súbito rompimiento de relaciones con Suecia, hasta entonces en buena situación.

En los planes de Gustavo se encontraba la rápida conquista de la ciudad de San Petersburgo, pero ésta no se pudo concretar por el fracaso del duque Carlos en la batalla de Hogland en julio de 1788, donde no se pudo derrotar a la armada rusa del Báltico. Desgraciadamente para Gustavo, varios oficiales del ejército sueco en Finlandia se amotinaron contra el rey (véase Alianza de Anjala) y buscaron el apoyo de Rusia, y además Dinamarca, presionada por un pacto militar con Rusia, decidió invadir territorio sueco en septiembre de 1788, en la llamada Guerra del Teatro.

Ante el peligro de ser atenazado en dos frentes, Gustavo III llamó a un levantamiento popular patriótico en Suecia. Esta llamada fue respondida con entusiasmo por muy considerables sectores de la población que decidieron alistarse como voluntarios contra los daneses. Gustavo se erigió ante la opinión pública sueca como un gran patriota, padre de la resistencia civil. El armamiento de la población sueca, junto con la amenaza de un conflicto con Gran Bretaña y Prusia, llevaron a Dinamarca a suspender las hostilidades en julio de 1789.

En Finlandia el levantamiento de los oficiales no contó con suficiente respaldo de Rusia. Los principales dirigentes fueron arrestados en el otoño de 1788. En febrero de 1789, el monarca ordenó la repentina detención de destacados nobles opositores en la Casa de los Caballeros, entre ellos Axel von Fersen, Charles De Geer y Clas Frietzcky. Con el apoyo de sus partidarios, y a pesar de las protestas de la nobleza, logró promulgar una nueva ley, el Acta de Seguridad y Unión. Con esa ley el rey incrementó su poder aún más y otorgó privilegios a sus aliados políticos en detrimento de la nobleza.

La guerra siguió su curso con fortuna cambiante. Gustavo, que no contaba con grandes cualidades militares, tomó parte activa en la guerra y obtuvo algunas victorias menores: en tierra en la batalla de Uttismalm (junio de 1789) y la batalla de Valkeala (abril de 1790), y por mar en la batalla de Fredrikshamn (mayo de 1790). Pero también bajo el liderazgo de Gustavo se sufrió una aplastante derrota ante la flota de Catalina II en la primera batalla de Svensksund en agosto de 1789. En junio de 1790, toda la flota sueca con el rey, el duque Carlos y a bordo fue encerrada en la bahía de Vyborg. Los suecos lograron escapar casi milagrosamente, gracias a un viento favorable y finalmente, el 9 de julio de 1790, derrotaron a la flota rusa, superior en número, en la segunda batalla de Svensksund, una de las más grandes victorias navales de Suecia, bajo mando del vicealmirante Olof Cronstedt y el propio Gustavo III.