La Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA) fue una coalición española de partidos católicos y de derechas durante la etapa de la Segunda República. Desde el momento mismo de su constitución, en 1933, se presentó como la alternativa de derechas y de orden al Gobierno y a las coaliciones republicano-socialistas.

Considerada una fuerza política conservadora y católica, era la heredera política de la Acción Popular de Ángel Herrera Oria y se definía a sí misma en los términos de la «afirmación y defensa de los principios de la civilización cristiana», traduciendo este soporte teórico en una demanda práctica para que se llevase a cabo una revisión de la Constitución republicana. La CEDA se vio a sí misma como una organización «defensiva», formada para proteger a la religión, la familia y la propiedad.Mary Vincent, Catholicism in the Second Spanish Republic, Capítulo 9, pág. 202 Según Gabriele Ranzato, la CEDA no era «un partido para la Iglesia, es decir, orientado a asegurar las libertades que la República le negaba, sino un partido de la Iglesia —su expresión política— orientado a afirmar su supremacía sobre la sociedad civil y sobre el Estado». En el punto primero de su programa se decía que la coalición se atendría constantemente «a las normas que en cada momento dicte para España la jerarquía eclesiástica en el orden político-religioso».

Ranzato destaca también la inclinación de la CEDA hacia el fascismo, en especial de su rama juvenil (las Juventudes de Acción Popular, JAP). Su líder José María Gil-Robles llegó a decir que su intención era «dar a España una verdadera unidad, un nuevo espíritu, una política totalitaria», a lo que añadió que «la democracia no es un fin sino un medio para la conquista del nuevo Estado. Cuando llegue el momento, ya sea a través del parlamento, la eliminaremos [la democracia]». La CEDA celebró mítines de estilo fascista, durante los cuales a Gil-Robles se le llamaba «jefe», el equivalente del Duce, y durante los cuales se llegó a afirmar que la CEDA lideraría una marcha sobre Madrid —similar a la marcha sobre Roma del fascismo italiano— para hacerse con el poder por la fuerza.

La CEDA afirmó en varias ocasiones que estaba defendiendo a España y a la «civilización cristiana» del marxismo, y que la atmósfera política existente en España se había convertido en una cuestión de marxismo contra el antimarxismo. Con la subida al poder del Partido Nazi en Alemania, la CEDA empezó a utilizar tácticas de propaganda similares a las de los nazis: entre otras, el énfasis en la autoridad, la patria y la jerarquía. De hecho, Gil-Robles llegó a asistir al Congreso del Partido Nazi en Núremberg celebrado en septiembre de 1933 y quedó fuertemente impresionado, tras lo cual regresó con el firme compromiso de crear un frente único contrarrevolucionario antimarxista en España. Gil Robles manifestó que existían elementos comunes entre el Partido Nazi y la CEDA como «su raíz y su actuación eminentemente populares; su exaltación de los valores patrios; su neta significación antimarxista; su enemistad con la democracia liberal y parlamentaria» —aunque rechazó la «estadolatría nazi»—.

En el marco de la Segunda República, la CEDA se acabó convirtiendo en el gran partido de masas de la derecha española, apoyado por un fuerte despliegue de medios y «una propaganda desorbitada y en ocasiones grotesca». Su presidente Gil-Robles llegó a celebrar el mismo día, el 30 de junio de 1935, mítines en Medina del Campo (Valladolid) y en el estadio de Mestalla (Valencia), siendo la primera vez en la historia de España que se utilizaba el avión para desplazarse por asuntos electorales.

Sin embargo, entre 1933 y 1936 la CEDA no logró obtener ganancias electorales sustanciales, lo que significó que no lograra obtener un respaldo suficiente para poder formar gobierno y que el apoyo derechista se reorientara hacia el líder monárquico alfonsino, José Calvo Sotelo. El fracaso electoral llevó a la CEDA a abandonar su relativa moderación y empezar a prestar apoyo a personas o grupos violentos contrarios a la República, lo que incluyó la entrega de los fondos electorales de la CEDA al líder del golpe militar de 1936 contra la República, el general Emilio Mola. Además, numerosos miembros y partidarios del movimiento juvenil de la CEDA, las Juventudes de Acción Popular (JAP), comenzaron a pasarse en masa a Falange Española.

Historia Antecedentes: Acción Popular

Ángel Herrera Oria encabezaba la organización católica de carácter social Acción Católica. En 1931 logró aglutinar en torno a El Debate a un grupo de católicos interesados en defender sus principios religiosos en el marco de la República, llegando a formar el partido Acción Nacional, fundado el 29 de abril de 1931. Una ley aprobada por las Cortes a principios de 1932 que prohibía el uso del término «nacional» en los nombres de los partidos, le obligó a cambiarlo por el de Acción Popular, que iba a convertirse en el partido aglutinante de la Confederación.

La sublevación de agosto de 1932 conocida como la «Sanjurjada» aconsejaba a los dirigentes de Acción Popular a desligarse de los otros grupos de derecha para de este modo acentuar su independencia, ya que proclamaba que para alcanzar el poder solo emplearía el camino de la legalidad. Cuando Gil-Robles en El Debate promulga el deber de acatamiento muchos monárquicos abandonan el grupo destacando Esteban Bilbao, Antonio Goicoechea y José María Albiñana. Arrarás, 1964, cap. «Nace la Confederación Española de Derechas Autónomas (C.E.D.A.)». Este grupo fundó a principios de 1933 el partido monárquico alfonsino Renovación Española.

El 5 de enero de 1933 Gil-Robles esboza programa y táctica, concretando las condiciones para ingresar en la confederación derechista proyectada.Carta al director de El Nervión, diario bilbaíno.

Partido nacional Acción Popular creyó llegado el momento de convertirse en el partido nacional aglutinando varias organizaciones derechistas, los siguientes partidos regionales:

Programa de la Confederación Española de Derechas Autónomas (enero de 1933) 1.º Acatamiento del Poder constituido, según la enseñanza de la Iglesia. —[...] 2.º Lucha legal contra la legislación persecutoria e inicua. —[...] 3.º Eliminación del programa de todo lo relativo a las formas de Gobierno. Cada socio queda en libertad de mantener íntegras sus convicciones y puede defenderlas fuera de la organización. —[...] Los partidos u organizaciones que no coincidieran en los puntos señalados no podrán formar parte de la CEDA. Sin embargo, ésta mantendrá relación amistosa y cordial con aquéllos.

Derecha Regional Valenciana, presidida por Luis Lucía Lucía y José Duato Chapa. Unión Agraria Provincial de Albacete, Pedro Acacio Sandoval y Francisco Giménez de Córdoba y Arce. Derecha Regional Agraria de Cáceres y Plasencia. Unión de Derechas Independientes de Jerez de la Frontera y Sanlúcar de Barrameda. Acción Agraria Manchega de Ciudad Real. Unión Navarra, de Rafael Aizpún. Acción Popular Catalana de Barcelona. Unión Regional de Derechas de La Coruña. Acción Agraria y Ciudadana de Cuenca. Unión de Derechas de Granada. Acción Regional Agraria y Ciudadana de Guadalajara. Acción Agraria de León. Acción Agraria Riojana de Logroño, Ángeles Gil Albarellos, Tomás Ortiz de Solórzano y Ortiz de la Puente y Antonio Arnedo Monguilán. Unión de Derechas y Agrarios de Lugo, José Benito Pardo Pardo y Luis Rodríguez de Viguri. Unión Católica Asturiana. Unión Regional de Derechas de Pontevedra. Derecha Autónoma Salmantina. Bloque Agrario Provincial de Soria. Unión de Derechas de Baleares, César Puget Piquer y Tomás Salort y de Olives. Unión Castellana Agraria de Palencia

La idea de formar una confederación fue patrocinada por Luis Lucía Lucía quien como jefe de Derecha Regional Valenciana expuso con reiteración normas y caminos que fructificaron en el Congreso celebrado en Madrid entre los días 27 de febrero y 2 de marzo acudiendo más de 400 delegados, que representaban a 735.000 cotizantes.Véase el libro En estas horas de transición, Valencia, 1930.

El factor común a estos partidos era su especial interés por las cuestiones clericales y su repulsa a las reformas que en estas cuestiones se emprendieron en la primera legislatura de la República: La laicidad del Estado con la división de poderes Iglesia y Estado, la reforma de la enseñanza que prohibía los símbolos religiosos en las escuelas y otras cuestiones menores de carácter clerical, pero que asumían como especialmente importantes. Fueron especialmente sensibles a los desórdenes públicos que acabaron con la quema de iglesias y conventos. La CEDA consiguió ser el partido más importante de la derecha, llegando a contar con cerca de 700.000 afiliados. Esa penetración en la sociedad, que la convirtió en un partido de masas, la consiguió utilizando principalmente organizaciones católicas.Javier Tusell, 1999, cap. «Radicales y cedistas: el comienzo de la colaboración».

Coalición de 1933 Para las elecciones del 19 de noviembre de 1933 formó coalición con varios partidos, como el monárquico Renovación Española (también proveniente de Acción Nacional), con el fin de aprovechar las ventajas que la ley electoral otorgaba a la mayoría, obteniendo 115 actas de diputado convirtiéndose en la primera fuerza política en el Parlamento, pero sin la fuerza necesaria para formar gobierno, por lo que en un principio se limitó a condicionar la política del gobierno formado por Lerroux. A este periodo, algunos historiadores izquierdistas lo denominan «Bienio Negro» significando que fueron «años reaccionarios y marcados por el fascismo». También aparecen en la historiografía otras denominaciones como: «Bienio Radical-Cedista»http://www.historiasiglo20.org/HE/13a-2.htm y «Bienio Rectificador».José Álvarez y José Ramón Montero, La Segunda República Española. Bienio Rectificador y Frente Popular, 1934–1936, Siglo XXI de España Editores, S.A.

Ministros de la CEDA en el gobierno thumb|Mitin de Gil-Robles en San Sebastián en 1935 La anulación, por parte del gobierno Lerroux, de las reformas emprendidas en la primera legislatura y la constitución de un nuevo gobierno, que incorporaba a tres ministros de la CEDA, en octubre de 1934, fueron respondidas con una sublevación de sectores de izquierda (lo que se llamó Revolución de octubre de 1934).

Gobierno del Frente Popular

Las elecciones del 16 de febrero de 1936 dieron la victoria a la alianza de izquierdas del Frente Popular, aunque por partidos individualmente, la CEDA siguió siendo el partido más votado. Como partido más votado, la CEDA deseaba formar gobierno, lo que hubiese dado cierta estabilidad si se hubiese unido con el Frente Popular en coalición, aglutinando en el gobierno todas las ideologías de la sociedad, tanto de derechas como de izquierdas, pero Manuel Azaña se negó en redondo a formar gobierno con la derecha y romper la alianza de izquierdas. Desde entonces, la CEDA, y principalmente su líder Gil-Robles, maniobraron para que se decretara la ley marcial y se anularan las garantías constitucionales para así impedir que el Frente Popular tomara posesión del gobierno.Paul Preston, Franco, Editorial Grijalbo, 1994, cap. «La forja de un conspirador: Franco y el Frente Popular».