Lost in Translation (en Hispanoamérica, Perdidos en Tokio) es la segunda película escrita y dirigida por Sofia Coppola. Es una coproducción de Japón y Estados Unidos, ambientada en Tokio y estrenada en el 2003. La cinta fue nominada a cuatro premios Óscar (mejor película y Bill Murray como mejor actor), la directora ganó el premio al mejor guion original, y también fue nominada en la categoría de mejor director. Recaudó $119 millones de dólares con un presupuesto inicial de 4 millones de dólares.
Argumento Bob (Bill Murray) es una estrella de cine sin ilusiones, que viaja a Tokio para rodar un anuncio de la marca de whisky Suntory y una serie de comerciales, entrevistas y publicidad japonesa. Charlotte (Scarlett Johansson) es una joven solitaria en la crisis de los veinte y se aloja en el mismo hotel con su esposo, que es un famoso fotógrafo publicitario que trabaja durante todo el día. Bob recibe de su esposa llamadas absurdas y frías, después de 25 años de matrimonio; mientras Charlotte espera todo el día a su esposo, para luego ver que él no es capaz de darle nada de lo que ella espera.
Una noche, Charlotte se sienta junto a Bob en la barra del hotel que comparten, y desde ese día ambos comienzan a verse para pasar la noche juntos, divirtiéndose, hablando, en un karaoke, asistiendo a fiestas de japoneses o incluso visitando un hospital. Entre ambos surge enseguida una conexión: la de sentirse perdidos en medio de mucha gente y no encontrar su sitio en aquella gran ciudad. Pese a sus diferencias, Bob y Charlotte se sienten unidos por la soledad, ambos encuentran en alguien desconocido una inusual sensación de ternura y comprensión que sus más allegados son incapaces de darles.
Conforme avanzan los días, la fecha de partida de Bob de regreso a Estados Unidos se acerca y ambos se sienten más unidos. Cuando llega el día de la partida de Bob a los Estados Unidos, la joven se despide de él en el lobby del hotel, pero, más adelante, Bob intenta buscarla nuevamente para despedirse de ella correctamente. Los dos comparten un beso y Bob se marcha de regreso a los Estados Unidos con su familia.
Elenco Bill Murray como Bob Harris Scarlett Johansson como Charlotte Giovanni Ribisi como John, esposo de Charlotte Anna Faris como Kelly, amiga de John Fumihiro Hayashi como Charlie Brown Akiko Takeshita como la Señora Kawasaki Catherine Lambert como la cantante de jazz Takashi Fujii como el presentador de TV François Du Bois como el pianista
Producción y rodaje thumb|right|Vista del área de Roppongi desde la Torre de Tokio, localización de la película. Sofia Coppola visitó Tokio varias veces, y sus experiencias en sus visitas influyeron en gran parte en la historia de la película. La directora dijo sentirse atraída por la atmósfera de calma del hotel Park Hyatt Tokyo, donde inicia la película, además de la combinación de culturas como el bar neoyorquino y un restaurante francés.
Coppola pasó seis meses escribiendo el guion, inicialmente una combinación de historias cortas e impresiones de sus viajes. Su intención fue crear una historia más graciosa y romántica que su película anterior (Las vírgenes suicidas), mencionando que la película era una carta de amor a Tokio.
El papel de Harris fue escrito para Bill Murray, de acuerdo con la directora, quien intentó contactarlo en varias ocasiones para ofrecerle el papel. Por su parte, Scarlett Johansson fue seleccionada por la directora de manera casi inmediata, sin hacer audiciones. La producción hizo uso intensivo de la luz natural disponible para filmar, dejando de lado el uso de luz artificial, y además no se hizo uso de luz extra para las tomas de noche en exteriores. El rodaje dentro del metro se hizo evadiendo la atención de la policía local con un mínimo de personal y una pequeña cámara para filmar.Ballinger, Alex (12 de octubre de 2004). New Cinematographers. Laurence King Publishing.
La cinta fue filmada casi en su totalidad con una cámara de 35 mm y una cámara Moviecam Compact para la grabación de tomas en lugares pequeños y de poco espacio. Francis Ford Coppola, el padre de la directora, le sugirió filmar en vídeo, pero Sofia decidió usar cinta para darle a las imágenes un sentimiento romántico y de melancolía.
Crítica y recepción thumb|right|Arreglos florales ikebana, elementos característicos de la cultura japonesa. La cinta fue estrenada en el Festival de Cine de Telluride en 2003 y recibió una proyección limitada en varios cines en septiembre del mismo año. Además de recibir críticas positivas por la actuación de Murray y Johansson, la directora y guionista también fue bien recibida. En el sitio web especializado Rotten Tomatoes la película cuenta con una calificación de aprobación de 95%. El sitio describe la película como «una historia efectivamente balanceada con humor y melancolía». El sitio web MetaCritic por su parte le otorgó una calificación de 89/100.
Roger Ebert, del diario Chicago Sun-Times, le dio a la película una calificación 4 de 4 estrellas y se refirió a ella como la segunda mejor cinta del año, describiéndola como «dulce y triste a la vez que sarcástica y divertida». USA Today otorgó a la cinta una calificación de 3 estrellas y media. La revista Time además criticó de forma positiva la actuación de Murray catalogándola como «una única y divertida actuación».
El crítico Joe Queenan del periódico The Guardian elogió la habilidad de Coppola y calificó la cinta como «una de las pocas cintas de Hollywood que no solo son inteligentes, además tiene un alma». La revista Rolling Stone le otorgó una calificación de 4/4 y escribió: «Antes de despedirse los protagonistas se susurran algo que la audiencia no puede escuchar, Coppola mantiene un aura de intimidad en su cinta con ese susurro». Una encuestra de críticos internacionales hecha por la BBC votó a Lost in Translation como la número 22 de las mejores películas de los años 2000.
El filme tuvo éxito en taquilla, ya que con una inversión inicial de $4 millones de dólares logró una recaudación total de $119’7, teniendo en España una recaudación de 5.545.578€ y en Estados Unidos, de $44.585.453 dólares. Los papeles interpretados por Bill Murray y Scarlett Johansson fueron aclamados de manera muy positiva por la prensa internacional. También lo fue el nivel de detalle que Sofía Coppola logró transmitir con su película. Elvis Mitchell, de The New York Times, publicó el mismo año de estreno del largometraje la siguiente crítica:Crítica de Elvis Mitchell de Lost In Translation (en inglés)
Controversias
Acusaciones de racismo El 31 de enero de 2004, la organización Asia Media Watch —que representa a estadounidenses de origen asiático e isleños del Pacífico (AAPI, por sus siglas en inglés)— lanzó una campaña nacional. En ella, instó a los miembros de diversas organizaciones de la industria cinematográfica (incluyendo la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, el Sindicato de Directores de Estados Unidos, el Sindicato de Actores de Cine y el Sindicato de Guionistas de Estados Unidos) a votar en contra de la película "Lost in Translation" en todas las categorías de la 76.ª edición de los Premios Óscar, tras acusarla de basarse en estereotipos dirigidos contra los estadounidenses de origen asiático. La organización afirmó que la película «deshumaniza a los japoneses al retratarlos como un conjunto de estereotipos superficiales tratados con indiferencia y desprecio», argumentando que estas representaciones, junto con la falta de sensibilidad cultural, contribuyen a la discriminación contra los estadounidenses de origen asiático en Estados Unidos, donde un sector de la población ya expresa sentimientos antiasiáticos.
Otra organización de estadounidenses de origen asiático e isleños del Pacífico (AAPI) de la época, Asian American Movement Ezine, también criticó la película, comparando sus métodos humorísticos con la historia de la representación de los estadounidenses de origen asiático en Hollywood: «Para ilustrar el choque cultural entre la cultura estadounidense y la japonesa, la película recurre a estereotipos manidos sobre los japoneses con fines cómicos: ¡Son bajitos! ¡Son excéntricos! ¡No pueden pronunciar la "r"! La película está repleta de chistes racistas que juegan con los estereotipos del viejo Hollywood, desde el Sr. Yunioshi, interpretado por Mickey Rooney en Breakfast at Tiffany's, hasta los fabricantes de automóviles japoneses en Gung Ho, y el infame Long Duk Dong de Sixteen Candles».
La cineasta Koohan Paik-Mander argumentó que «los japoneses no son presentados como personas, sino como payasos [...] el humor se basa enteramente en su alteridad. Nos reímos de ellos, no con ellos. Por eso la película es acusada de racismo». Según ella, «eludir la responsabilidad de representarlos como seres humanos plenos, ya sea de forma positiva o negativa, constituye una forma de discriminación, incluso de racismo».
En el National Post, Robert Fulford criticó la película, escribiendo: «Lost in Translation expresa un racismo de mal gusto bajo la apariencia de una comedia romántica. Transmite la idea, como suele hacerlo la retórica racista, de que los extranjeros —en este caso, los japoneses— son inherentemente cómicos y estúpidos. [...] Lost in Translation gustará a cualquiera que encuentre un humor inagotable en la supuesta incapacidad de los japoneses para pronunciar las letras "r" y "l". Es una película que hace gala de su propio provincialismo». El crítico de cine y profesor de la Universidad Wake Forest, Peter Brunette, criticó la dependencia de la película en el humor étnico, escribiendo: «Todos los chistes son a costa de los japoneses —“¡esta gente es realmente muy rara!”— y este humor termina por cansar, especialmente los chistes viejos sobre la supuesta tendencia de los japoneses a invertir los sonidos de la “r” y la “l” al hablar inglés. (Huelga decir que ninguno de los estadounidenses hace el más mínimo esfuerzo por pronunciar una sola palabra en japonés)». Brunette concluye que «Japón no es más que una broma gigantesca que sirve de telón de fondo, y que la historia y la relación entre los dos protagonistas podrían haber tenido lugar fácilmente en cualquier otro sitio». El crítico de Slate, David Edelstein, opinó que los protagonistas de la película mostraban «cierto narcisismo y un sentimiento de privilegio». Según Edelstein, «Es muy graciosa, al estilo de Bill Murray. Pero es nuestra risa, a costa de ellos. Ya es problemático burlarse de los japoneses por su inglés en países angloparlantes. ¿Pero en Japón? Allí se mezclan de forma incómoda la sensación de alteridad y la superioridad cultural».
En The Guardian, el etnomusicólogo Kiku Day escribió: «En esta película solo hay un tipo de humor: el sentimiento antijaponés, que constituye su columna vertebral [...] No hay una sola escena en la que a los japoneses se les conceda ni una pizca de dignidad. El espectador se ve obligado constantemente a reírse de estos hombrecitos amarillos y de sus supuestas maneras graciosas». Anthony Quinn, de The Independent, opinó que la película pierde parte de su impacto cuando recurre a los clichés del “extranjero gracioso” para lograr un efecto cómico, y citó escenas que involucran a un empleado de hotel nervioso y a un malentendido durante una visita al hospital. Quinn criticó la presencia de “un rastro de la típica condescendencia del turista ignorante: «Hablo inglés perfecto. ¿Por qué esta gente tan rara no puede entenderme?»”. El director Robert Allan Ackerman acusó a la película de perpetuar estereotipos y retórica racista, afirmando que «parecía no tener nada que ver con Japón; los personajes podrían haber estado perfectamente en la Luna, y la única razón de la presencia de japoneses era burlarse de ellos».