El himno nacional de la República de Chile, conocido como Canción Nacional de Chile, es la composición musical patriótica que representa oficialmente a dicho país. Fue compuesto por el maestro español Ramón Carnicer (1828) y escrito por el poeta chileno Eusebio Lillo (1847), con estribillo del poeta argentino-chileno Bernardo de Vera (1819), vestigio del primer himno. Fue adoptado el .
Su letra, una «alabanza o exaltación de Chile», cuenta con cincuenta y dos versos decasílabos divididos en seis estrofas en octavas y un estribillo en cuarteto; sin embargo, solo los doce versos que forman la quinta estrofa y el estribillo son incluidos en la versión oficial, que «pondera la realidad natural de Chile y exalta la vocación libertaria de[l país]». Su música cuenta con la tonalidad y la armonía en do mayor, mientras que la agógica alterna entre 126 M/M, para la introducción y el finale, y 108 M/M, para la estrofa y el estribillo.
La Constitución Política de la República de Chile de 1980 determina en su artículo 2.º que «son emblemas nacionales la bandera nacional, el escudo de armas de la República y el himno nacional». Asimismo, su artículo 22.º establece que «todo habitante de la República debe respeto a Chile y a sus emblemas nacionales».
Historia 15px Nota: En las citas a lo largo del artículo, se ha conservado cuidadosamente la ortografía original. Antecedentes Aunque en el periodo de la historia de Chile conocido como Patria Vieja (1810-1814) se crearon los primeros símbolos nacionales chilenos —bandera, escarapela, escudo de armas y lema patrio, todos en 1812 por iniciativa de José Miguel Carrera—, no se compuso entonces un himno o una canción nacional que representara oficialmente a Chile. En cambio, hubo variados «himnos patrióticos» que fueron publicados, tanto en la Aurora de Chile como en El Monitor Araucano, y luego musicalizados; así, en la Casa de Moneda el , durante la recepción que Carrera ofreció para celebrar el segundo aniversario de la Primera Junta Nacional de Gobierno —la primera forma autónoma de gobierno surgida en Chile y el episodio que inició la independencia chilena—, «alternativamente con los bailes se entonaban por el joven La Sala [...] las canciones patrióticas, que también corr[ía]n impresas».
Debido a sus «caracteres poéticos [y] tono marcial», tanto el «Himno a la victoria de Yerbas Buenas» como el primer «Himno del Instituto Nacional» pueden considerarse los precursores de la canción nacional chilena. El primero, con letra del abogado y poeta argentino-chileno Bernardo de Vera, fue cantado por primera vez el ; el segundo, con letra de fray Camilo Henríquez, fue entonado el del mismo año. El historiador Eugenio Pereira Salas atribuyó la música de ambos himnos a José Antonio González, maestro de capilla de la catedral Metropolitana de Santiago.
El primer texto (1819) miniaturadeimagen|Bernardo de Vera Tras el fin de la Reconquista (1814-1817) —periodo en el que se restablecieron el gobierno español y las instituciones coloniales en el país— y la jura oficial de la independencia chilena (), el director supremo Bernardo O'Higgins encargó el texto de una canción patriótica para Chile a Bernardo de Vera el :
La letra de Vera, originalmente titulada «Marcha Nacional» —«muy belicosa y antiespañola, como era el sentir de la época» y compuesta de ochenta y cuatro versos decasílabos divididos en diez estrofas en octavas y un estribillo en cuarteto—, fue presentada por O'Higgins al Senado y posteriormente aprobada por la cámara alta con el título de «Canción Nacional de Chile» en el acuerdo N.º 2 del :
Se mandó a imprimir el himno y se repartieron copias a los pueblos, al Instituto Nacional y a otras escuelas públicas para que fuera cantado el en las ceremonias de las Fiestas Patrias.
A falta de la melodía especialmente compuesta para entonar la «Canción Nacional de Chile», durante sus primeras ejecuciones se utilizó la música de la «Marcha patriótica», el himno nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, compuesta por el español Blas Parera en 1813.
La primera melodía (1820) Una vez escrito el texto, fue necesario encontrar al compositor de los acordes; a este objetivo fue asignado Domingo Arteaga (1780-1823), teniente coronel de Ejército y edecán de O'Higgins. En esta búsqueda hubo contratiempos e intentos fallidos no exentos de polémica.
miniaturadeimagen|Manuel Robles Inicialmente, Arteaga confió el trabajo al músico peruano José Ravanete, quien, al verse sobrepasado por la solicitud y no ser capaz de crear algo original en poco tiempo, adaptó el texto a una melodía en contra de la invasión de Napoleón Bonaparte a España (1808). Para ello, ajustó algunas frases en las que le sobraban hasta cuatro notas; para mantener la melodía completa, agregó a las últimas sílabas de cada estrofa un ripieno como solución:
Esta versión fracasó rotundamente en su estreno y el arreglo de Ravanete indignó a de Vera, quien exclamó airado: «¡Tiene visos de goda, tiene visos de goda!».
Posteriormente, Arteaga encargó la composición al violinista y guitarrista Manuel Robles, cuya melodía, «una marcha muy enérgica, acorde con las gestas de liberación», tenía un «inicio solemne en 4/4, 6/8 y allegretto en el estribillo, siempre en tonalidad de la mayor, con intercambio modal en la menor tanto en la estrofa como en el estribillo». El músico José Zapiola señaló sobre ella:
La melodía de Robles tuvo su presentación oficial el ; fue aceptada por O'Higgins y mantuvo su respaldo oficial mientras permaneció en el poder —hasta el , cuando abdicó y decidió partir al exilio tras un golpe de Estado—.
Propuesta fallida de un nuevo himno nacional Hubo una propuesta de un nuevo himno nacional —del argentino Juan Crisóstomo Lafinur, quien llegó a Chile a fines de 1822— que fue referida por el músico Zapiola:
Mientras que una fuente indica que Lafinur «habría destruido [su propuesta] al comprobar el mérito superior de la composición» de Robles, otra señala que Domingo Arteaga, dueño del teatro donde se presentó la canción de Lafinur, habría roto las hojas del himno para no herir los sentimientos de Vera y Robles.
La segunda melodía (1828) miniaturadeimagen|izquierda|Ramón Carnicer Mariano Egaña, ministro plenipotenciario de Chile en Londres entre 1824 y 1826, durante el gobierno del director supremo Ramón Freire, procuró encontrar un músico para que compusiera una melodía de carácter más «lírico» para la «Canción Nacional de Chile» y así reemplazar la musicalización de Robles, de estilo «popular».
Egaña encargó la partitura al maestro y compositor dramático español Ramón Carnicer,Para entonces, Carnicer había compuesto las óperas en italiano Adele di Lusignano: Melodramma semiserio (1819), Elena e Costantino: Dramma eroico-comico in due atti (1821) y Don Giovanni Tenorio o Il dissoluto punito, ossia Don Giovanni Tenorio: Dramma semiserio (1822). exiliado por liberal en la capital británica entre y . Carnicer entregó una pieza que no solo consideraba la línea melódica, sino también una introducción y un epílogo, el acompañamiento en piano y un arreglo a tres voces. La partitura fue dedicada al ministro Egaña, quien fue el encargado de enviarla desde Inglaterra a Chile, acompañada del texto de Vera y Pintado y titulada «Hymno patriotico de Chile [sic]».
Esta composición de Carnicer no tiene fecha exacta de composición —según antecedentes encontrados en la Gazeta Ministerial de Chile de , ya entonces había sido cantada por Isidora Zegers y otras damas de la Sociedad Filarmónica de Santiago; así, y teniendo en cuenta los métodos de impresión y los tiempos que demoraban las comunicaciones en aquella época, es probable que su edición haya sido hecha antes—. Su presentación oficial ocurrió en el teatro de Arteaga el , durante un concierto de la Sociedad Filarmónica de Santiago a beneficio del maestro Santiago Massoni; en esa ocasión, se presentó, como era costumbre antes de cada función, el himno con la melodía de Robles.
La versión musical de Carnicer no fue refrendada por ningún decreto oficial del presidente Francisco Antonio Pinto y reemplazó casi inmediatamente a la de Robles; sin embargo, contó con la oposición de la gente mayor, que gritaba «¡La canción vieja, la canción vieja!», y de los sectores populares, que cantaban el himno nacional con la melodía de Robles.
El segundo texto (1847) Terminada la lucha independentista y reconocida la independencia chilena por el gobierno español en Madrid el , las relaciones diplomáticas entre Chile y España se establecieron en noviembre siguiente.
Debido a que la «Canción Nacional» se había escrito en 1819, «cuando [...] estaban los ánimos mui exaltados, [su texto] contenía conceptos, i sobre todo palabras ofensivas para la España». En 1844 algunos comerciantes españoles solicitaron en vano que el himno nacional «fuera modificado en forma que reflejase no las odiosidades de la guerra, sino la fraternidad [entre ambas naciones]». El , Manuel Puerta de Vera, súbdito español avecindado en Chile, solicitó el cambio de la letra del himno chileno al ministro del Interior y de Relaciones Exteriores y pidió al presidente Manuel Bulnes «se digne mandar var[iar] la letra de la Canción Nacional en todo aquello que ofende a los españoles», iniciativa que fue apoyada en 1846 por los periódicos El Mercurio, El Mosaico, El Orden y El Progreso. En 1847 Salvador de Tavira, el primer encargado de negocios de España en Chile, objetó algunos versos de la Canción Nacional de Vera por considerarlos hostiles e injuriosos hacia su país.
miniaturadeimagen|izquierda|Eusebio Lillo Con el objetivo de «apaciguar a los españoles como corolario de las relaciones diplomáticas [...] recientemente restauradas», el presidente Bulnes, a través de su ministro del Interior y de Relaciones Exteriores Manuel Camilo Vial, encargó un nuevo texto al poeta Eusebio Lillo, quien compuso seis estrofas en octavas y dos intentos de estribillo en cuarteto:
Sin embargo, ambos cuartetos fueron desechados por Lillo, quien decidió conservar el estribillo de Vera. El nuevo texto contó con la aprobación de Andrés Bello, rector de la Universidad de Chile (1843-1865) y crítico y juez de la letra.
El himno nacional chileno —con música de Carnicer, letra de Lillo y coro de Vera— fue entonado por primera vez el , cuando fue publicado en El Mercurio de Valparaíso y en El Araucano, sin indicación sobre su autor; posteriormente, se imprimieron mil ejemplares del nuevo himno a un costo de 14 pesos de la época. En 1909, y a petición del presidente Pedro Montt, Lillo modificó el texto de la primera estrofa («Ha cesado la lucha sangrienta...») —cambió «invasor», «del vasallo borramos» y «hoy ya» por «opresor», «de tres siglos lavamos» y «al fin», respectivamente—.
La modificación del himno chileno no estuvo exenta de críticas. Por algunos años se consideró que el gobierno de Chile había sido «en exceso complaciente al acceder al cambio de la Canción Nacional», mientras que el escritor Vicente Pérez Rosales declaraba «no haber justificado jamás el cambio de la Canción Nacional que entonó de niño». El enfrentamiento entre los partidarios de ambos himnos (De Vera-Robles y Lillo-Carnicer) se prolongó por largo tiempo: El organizador de la «Exposición Nacional de Artes e Industrias» en Santiago en 1872, el intendente Benjamín Vicuña Mackenna, pidió para su inauguración el himno nacional con la melodía de Robles, mientras que en 1906 el historiador y pedagogo Diego Barros Arana escribió: «Aunque [la letra de Lillo de 1847 es] mui superior por su fluidez, por su estructura métrica, i hasta por el colorido poético a la [de Vera] de 1819, no ha logrado reemplazarla, tal es el apego tradicional a aquel canto patriótico de una jeneracion que la posteridad venera respetuosamente (ortografía original)».
Texto oficial