Ildefonso Cerdá Suñer, en catalán Ildefons Cerdà i Sunyer (Centellas, 23 de diciembre de 1815-Las Caldas del Besaya, 21 de agosto de 1876), fue un Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, urbanista, jurista, economista y político español. Hombre polifacético, escribió en 1867 la Teoría general de la urbanización, obra pionera de la especialidad, por la cual se le considera uno de los fundadores del urbanismo moderno. Su proyecto más importante fue la reforma urbanística de la Barcelona del mediante el Plan Cerdá, con el que creó el actual barrio del Ensanche. Cerdá no fue un triunfador; concentrado meticulosamente en su trabajo, tuvo problemas familiares, su proyecto de ensanche nunca fue bien visto por los estamentos locales y acabó arruinado, pues el gobierno central y el Ayuntamiento de Barcelona no le pagaban los honorarios que le debían. Hubo de pasar un siglo para que se reconociera su legado.
Biografía miniatura|Mas Cerdá de la Garga en Centellas, lugar donde nació y se crio Ildefonso Cerdá.|izquierda Nació en el Mas Cerdá de la Garga,En algunas publicaciones figura como «mas El Serdà» una propiedad que su familia poseía desde el , en Centellas, Osona, Barcelona. Fue el cuarto hijo –tercero de los varones– de seis hermanos, en el seno de una familia con raíces documentadas en la Plana de Vich desde 1440. Pese a su ascendencia rural, los Cerdá eran gente de mundo con intereses ligados al comercio americano, un hecho que sin duda estimuló el espíritu abierto, las inquietudes y la fe en el progreso del joven Ildefonso.
Destinado por su padre a la carrera eclesiástica, cursó estudios de latín y filosofía en el seminario de Vich, ciudad donde su familia, de tradición liberal, se refugió durante la Guerra de los Agraviados en 1827. Tras enfrentarse con su padre para cambiar su orientación profesional, en 1832 se trasladó a Barcelona, donde inició los estudios de arquitectura, matemáticas, náutica y dibujo en la Escuela de la Llotja. No obtuvo el título de arquitecto y, en septiembre de 1835, se trasladó a Madrid para estudiar en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, donde obtuvo el título de ingeniero el año en 1841, tras muchas penurias económicas debidas a la falta de apoyo familiar.
El 20 de junio de 1848 se casó con la pintora Clotilde Bosch Calmell, hija del banquero Josep Bosch Mustich, con quien tuvo cuatro hijas: Pepita (1849), Sol (1850), Rosita (1851) y Clotilde (1862), siendo la última una conocida instrumentista de arpa.Simón Palmer, María del Carmen (CSIC): Actas del IX Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas Instituto Cervantes, agosto de 1986 La relación matrimonial no funcionó bien y Clotilde, la hija menor, fue fruto de las relaciones adúlteras de su esposa, aunque Cerdá la reconoció como propia. Finalmente, en 1862 el matrimonio se separó.
Con la muerte prematura de su padre (1787-1844) y de sus dos hermanos, Ramon (1808-1837) y Josep (1806-1848), heredó un patrimonio importante que le permitió renunciar, en 1849, a su cargo oficial en Obras Públicas, reorientar su profesión, entrar en política y dedicar, como él mismo describió, «mi fortuna toda entera, todo mi crédito, todo mi tiempo, todas mis comodidades, todas mis afecciones, y hasta mi consideración personal en la sociedad, a la idea urbanizadora». miniatura| izquierda|Sepultura de Cerdá en el cementerio de Montjuic. La lápida tiene la forma de la trama del Ensanche
En los últimos días de su vida, enfermo y semiarruinado, pues el gobierno le debía los honorarios de muchos de los trabajos realizados, se trasladó al balneario de Las Caldas de Besaya, en Cantabria, donde murió el 21 de agosto de 1876. El día 23 de agosto el diario La Imprenta publicó una nota necrológica con las palabras siguientes: «El señor Cerdá era liberal y tenía talento, dos circunstancias que en España perjudican y suelen crear muchos enemigos...»
En mayo de 1970, y coincidiendo con la reimpresión de su Teoría general de la urbanización, tras gestiones del Colegio Oficial de Arquitectos de Cataluña y Baleares, sus restos mortales fueron trasladados y enterrados en el Cementerio Nuevo de Montjuïc en Barcelona, realizándose diversos actos de homenaje.La Vanguardia Española, 12 de mayo de 1970
Vida política Interesado por el estudio del urbanismo, en Barcelona entró en contacto con las doctrinas del socialismo utópico de Étienne Cabet y del mundo utópico de su Voyage en Icarie (1840) y se relacionó con Narciso Monturiol y Ramón Martí Alsina.
Tras haber terminado sus estudios, se alistó en la milicia nacional formada por defensores de los ideales liberales, donde llegó al grado de teniente de granaderos. Su ideología progresista le llevó a participar activamente en la vida pública: llegó a ser diputado por Barcelona en las Cortes Españolas en las elecciones de 1850 –la legislatura empezó el 18 de mayo de 1851–, formando parte de una candidatura progresista junto con Estanislao Figueras, Pascual Madoz y Jacinto Félix Doménech.
miniatura|Retrato de Ildefonso Cerdá como primer comandante de zapadores de la Milicia Nacional de Barcelona
Durante el Bienio Progresista fue nombrado comandante del batallón de zapadores de la milicia nacional. Tras este periodo, en 1854 ingresó como regidor en el Ayuntamiento de Barcelona.
Fue en la década de 1850 cuando tomó una mayor conciencia social y fijó las bases de su futuro proyecto urbanístico, al ver cómo la ciudad, apremiada y ahogada por las murallas que la rodeaban, no podía crecer ni física ni higiénicamente.Rueda, Salvador (Agència d'Ecologia Urbana de Barcelona / Generalidad de Cataluña): «Ildefons Cerdà: Personalitat i ideologia», en Revista de Medi Ambient, núm. 30, octubre de 2001 Sensibilizado con las condiciones de vida de la ciudad y los problemas de las clases obreras, encabezó la movilización que entró en la Casa de la Ciudad de Barcelona el 3 de julio de 1855 para recuperar la bandera que había sido arrebatada a las Asociaciones Obreras que estaban generando una fuerte inestabilidad social. Esta actuación le generó enemistades en las clases dominantes, pero fue la causa por la que acompañó a una delegación de trabajadores barceloneses a Madrid a exponer los problemas del asociacionismo obrero con Manuel Alonso Martínez, ministro de Fomento del gobierno de Baldomero Espartero. El año siguiente, 1856, fue destituido del Ayuntamiento barcelonés por el capitán general Juan Zapatero y Navas y fue encarcelado en dos ocasiones. Entre 1864 y 1866 volvió a ser regidor en el Ayuntamiento de Barcelona.
La revolución de 1868 lo llevó nuevamente a la vida pública e ingresó en el Partido Republicano Democrático Federal. Militante del sector moderado del federalismo, fue elegido diputado por sufragio popular en las elecciones de 1871 por el distrito electoral de Centellas, del partido judicial de Vich, y en la sesión de constitución de la Corporación fue nombrado vicepresidenteEl presidente de la Diputación de Barcelona, Benito Arabio, contaba con Francisco Suñer e Ildefonso Cerdá como vicepresidentes de la Diputación de Barcelona, desde donde contribuyó a proclamar la Primera República Española en 1873.
En mayo de 1873 dimitió el presidente Benito Arabio, razón por la que Cerdá pasó a ocupar la presidencia de la Diputación hasta enero de 1874, fecha en la que el capitán general de Cataluña disolvió la Corporación como consecuencia del golpe de Estado del general Manuel Pavía. En este periodo hubo un rebrote carlista y la «Junta de Salvación y Defensa de Cataluña» organizó una milicia ciudadana de hombres de entre 20 y 40 años. El gobierno de Madrid no dio su aprobación pero, a pesar de ello, se organizaron cuatro batallones de «Guías de la Diputación».
Cerdá formó parte de la Junta de Obras del Puerto de Barcelona e intervino en la proclamación del Estado Catalán de carácter federalista y republicano de 1873.
Trayectoria profesional Inició su vida profesional como ingeniero estatal en la jefatura de Obras Públicas y, entre 1839 y 1849, estuvo destinado en Murcia, Teruel, Tarragona, Valencia, Gerona y Barcelona, donde participó en las obras del primer ferrocarril español, la línea Barcelona-Mataró. Este trabajo hizo que se interesara por las aplicaciones de la máquina de vapor en el nuevo y revolucionario sistema de locomoción que representaba el ferrocarril.
Realizó estudios estadísticos y síntesis gráficas con propuestas de viviendas para varias categorías sociales y con diferentes grados de complejidad, desde la casa aislada hasta la colectiva.
center|600px|miniatura|Su principal proyecto urbanístico: el Ensanche de Barcelona, conocido como el Plan Cerdá (1859), donde se aprecia la retícula de cuadrados achaflanados y las diagonales programadas
Las propuestas jurídicas de Cerdá para las ciudades de Madrid y Barcelona, propiciaron una nueva legislación, pero se encontró falto de precedentes, tanto por la legislación estatal como la extranjera. En Cuatro palabras sobre el Ensanche (1861) desarrolló extensamente el sistema de compensación y la técnica de reparcelación como medio para conseguir una justa distribución de los beneficios y de los gastos del planeamiento urbanístico entre los propietarios y la obtención de terrenos de forma proporcionada y edificables en proporción a la parcela aportada, sistema incluido más tarde en el Proyecto de ley de Posada Herrera e incorporado un siglo después a la Ley del Suelo de 1956.
En la vertiente económica, Cerdá estableció las normas de infraestructura, de división de la propiedad y de atribución de las parcelas de los terrenos de la Barcelona nueva.
miniatura|El plan ideado por Cerdá está plenamente vigente en la Barcelona actual
En el campo de las ciencias sociales trató de solucionar los problemas de la concentración demográfica de las ciudades y del desarrollo industrial en su obra Teoría general de la urbanización. En este tratado planteó teorías que en gran parte ya había aplicado con anterioridad en el Proyecto de Reforma Interior y Ensanche de Barcelona. Incluyó asimismo una valoración de las condiciones de vida de las clases populares, con una aproximación al estudio de las desigualdades sociales en la salud, donde comparó las diferencias de esperanza de vida según la clase social. Ildefonso Cerdá desarrolló un auténtico estudio sociológico como apéndice en su Teoría general de la Urbanización puesto que consideró a los obreros como su proyecto de ensanche de Barcelona, y solamente legó cifras para la posteridad, dejando atrás los deseos de la masa obrera, que forzosamente debió recoger en sus búsquedas sociales.Vicens i Vives, Jaume i Llorens, Montserrat. "Industrials i polítics (segle XIX)", Barcelona, 1991, volumen 11, Colección: Història de Catalunya. Biografies catalanes. Según sus cifras, se puede contabilizar el número de obreros que existían en Barcelona en aquella época: de los 54.000 obreros, unos 6500 podían considerarse "distinguidos", esto es, que podían vestirse y educarse bien. Los otros eran simples jornaleros. Cerdá mencionó que los días de jornal en Barcelona eran, anualmente, de 269, y que el sueldo medio diario del obrero era de 8,55 reales. Sólo los más diestros, generalmente casados, superaban estas cifras salariales. Comparando los ingresos y los gastos, solamente un obrero trabajador en una fábrica textil, como tejedor de primera o segunda categoría, podía atender los gastos de su matrimonio. Pero en cuanto llegaban los hijos amenazaba el déficit, y con él las desazones y las preocupaciones. Una enfermedad o un accidente imprevisto significaba el desempleo forzoso y la pérdida de los ingresos familiares.
El Plan Cerdá
La obra más importante y más reconocida internacionalmente es su plan de ensanche para la ciudad de Barcelona. Nacido en medio de la polémica por su imposición desde el gobierno de España en contra de la voluntad del consistorio municipal, fue aprobado en junio de 1859 y se empezó a desarrollar un año más tarde.