Una tuna es una agrupación o hermandad de estudiantes universitarios o miembros de una sociedad que, portando la vestimenta antigua de la universidad o vestimenta que represente su cultura de origen, se caracterizan por cantar, tocar y viajar por el mundo gracias a estas habilidades —a pesar de que no todos o muy pocos sean músicos de profesión— o por interpretar temas musicales haciendo uso generalmente de instrumentos de cuerda y percusión.
Origen La tuna universitaria es una antigua tradición que surgió en España, principalmente en Salamanca, y posteriormente gracias a su carácter viajero, se extendió a diversas partes de Europa, como Portugal y Países Bajos, y en América en países como México, -siendo la de Guanajuato la primera en 1881-, Guatemala, Colombia, Perú, Puerto Rico, Chile, Argentina, etc. También en China (Tuna de Cantón). Llegó a finales del a través de tunos españoles, concretamente madrileños según referencias sobre las tunas sudamericanas.
Para algunos su origen se ubica entre el o con los continuadores de la tradición goliarda: en la Edad Media era un tipo de clérigo itinerante (giróvagos o sarabaítas) que aprovechaba la tradición de hospedaje de los monasterios para vivir sin trabajar destacándose por su predilección por la música, la bebida, la comida, el juego y los amoríos. Otro origen, no excluyente, sería el de los estudiantes pobres o sopistas, que vivían de la sopa boba que daban gratis en los conventos a los necesitados. Estos sopistas se valdrían de sus habilidades musicales, súplicas o picaresca tunante para cubrir al menos en parte sus estudios y medios de subsistencia. Sea cual fuere el origen, dejarían con el tiempo una huella que se refleja ya en el Siglo de Oro como estereotipo del estudiante de carácter alegre y pícaro que podemos encontrar, por ejemplo, en el entremés cervantino de La cueva de Salamanca.
Etimología 250px|miniaturadeimagen|Grabado de Le Monde Illustré sobre la estudiantina española en el carnaval de París de 1878 Existen muchas versiones del origen de la palabra «tuna». Para algunos esta deriva de la palabra «'tunar'» o «'correr la tuna'», que significa «llevar una vida viajera, vagabunda, tocando y cantando»; también se cree que deriva de la expresión francesa Roi de Thunes (Rey de Túnez), un apelativo utilizado para designar a líderes de vagabundos. Para otros deriva de la palabra atún y hacen esta similitud de los tunantes por «la naturaleza migratoria de estos peces y el carácter ambulatorio de los Tunos». Según esta teoría, «Tunos» serían los trabajadores estacionales que se desplazaban hacia el sur de España buscando trabajo, siendo este proporcionado por la temporada del atún del Mediterráneo. Estos trabajadores de temporada pudieron haber inspirado a los estudiantes a llevar una vida errante.
Así mismo, también se cree que la palabra tuna podría provenir de «tunante», que era una palabra despectiva referida a los estudiantes músicos y nocherniegos que hacían ruido cuando se dormía, a los que alude el arcipreste de Hita en su Libro de Buen Amor, que por uso derivó en «tuna». Esta teoría se apoya en el carácter mendicante de los «sopistas», estudiantes, no necesariamente pobres, que tras dilapidar sus mesadas, sobrevivían a expensas de la «sopa boba», distribuida gratuitamente en ese tipo de albergues conventuales, de modo que —he aquí la conexión—, debieron de llamarles «tunos».
Otras teorías más ampliamente difundidas procuran situar el origen en el latín tonare (sonido), aunque esta evolución es contraria a la legislación de los cambios fonéticos del latín a las lenguas ibéricas. Sin embargo, existen otras teorías.
Tradición e historia thumb|300px|Tuna portuguesa en las calles de Lisboa. La tuna, en sus albores, la constituían estudiantes que, debido a sus escasos recursos, tenían que cantar o tocar de lugar en lugar para poder ganarse la vida, o simplemente, para sustentarse durante el viaje de vuelta a sus casas cuando llegaban las vacaciones (en algunos casos). De ahí que esa actividad se designe con un verbo específico: «tunar», o «correr la tuna». Siendo una tradición íntimamente ligada a las universidades, las tunas mantienen vivas las costumbres heredadas de los estudiantes universitarios del . Alfonso X el Sabio se refirió a los tunos como juglares, en su Código de las Siete Partidas al escribir: «Esos escolares que trovan y tañen instrumentos para haber mantenencia». Coetánea suya, también lo hizo la obra Razón de amor con los denuestos del agua y el vino, describiendo las cintas que aún penden sobre la capa del tuno: «una por cada conquista amorosa, una por cada mujer».
El arcipreste de Hita, en El Libro de buen amor, subraya su carácter mendicante.
La tuna en sus orígenes aglutinaba a aquellos estudiantes que por su condición económica no podían costearse su estancia en la universidad, y trovaban por las fondas y mesones para conseguir algo de dinero y un plato de sopa con los que mantenerse. Por esta razón se les conocía como «sopistas», y se decía que vivían de la sopa boba.
Para tales menesteres portaban guitarras y bandurrias, y cantaban coplas populares. También se servían de sus habilidades musicales para enamorar a las doncellas que pretendían. Constancia de ello queda en la primera referencia escrita que hay sobre las tunas, que se encuentra en el archivo de la Universidad de Lérida, y en la que se prohíbe a los estudiantes hacer rondas nocturnas bajo pena de confiscarles los instrumentos.
No puede hablarse de tunos hasta 1538, año en que los sopistas se acogieron a las viviendas benéficas que les ofrecía la instrucción para bachilleres de pupilos. A partir de ese momento, comenzaron a cantar sin que en ello les fuera la supervivencia, porque entonces, los ya ex sopistas, en calidad de estudiantes veteranos, se hicieron servir como escuderos por los «bobos», «pardillos» o estudiantes nuevos, a los que supuestamente debían apoyar, según la norma, a cambio de legarles su gaya ciencia musical.
Lo cuenta el Guzmán de Alfarache, haciendo hincapié en el estatus de estudiante rico que así alcanzaron los otros sopistas. Luego, en El Buscón de Francisco de Quevedo, se habla de las bromas que les aguantaban los estudiantes novatos, hasta cumplir el meritoriaje que les terminara equiparando a ellos.
El tuno mendicante casi desaparece de la escena española merced a la abolición de la obligatoriedad en el uso del traje talar (traje de estudiante), viéndose constreñidos los estudiantes a colgar manteos y tricornios y a utilizar ropas de gentes, imposibilitándose la identificación de quienes corren la tuna como pertenecientes a la corporación escolar en el año de 1835, y posteriormente a mediados de siglo durante la regencia de María Cristina, que permite la libre asociación, se crean asociaciones de músicos y artistas entre las que sobresalen las «estudiantinas», grupos musicales a la batuta de un director, con un formato de número musical que fue todo un éxito en la época, haciendo que estudiantinas como la «Figaro» trascendiera fronteras y continentes.
A imagen de estas estudiantinas, se recrean en las universidades españolas las primeras tunas como las vemos hoy, que evocan las otras comparsas de estudiantes que con sotana y manteo raído recorrían ciudades y campos, pero ahora con el traje y formato musical de la estudiantina, multiplicándose sus tradicionales galanteos y rondas nocturnas.Actualmente el asociacionismo en la universidad se ha diversificado en extremo, lo que ha hecho que las asociaciones culturales de más tradición como el coro universitario, la tuna universitaria y el teatro universitario pierdan estudiantes al organizarse otras actividades menos culturales pero lúdicas como los juegos de rol, y otras actividades. Sin embargo perdura en muchas ciudades el hecho de realizar encuentros de estudiantinas como un elemento propio y algunas estudiantinas realizan recitales anuales en sus respectivas universidades con respaldo institucional.
Controversia
Pese a la antigüedad de la institución o, quizá, debido a ella, la tuna despierta en la actualidad opiniones encontradas. Partidarios y detractores esgrimen distintos argumentos a favor y en contra de su existencia. Entre los argumentos de sus partidarios está que la tuna es una institución «simpática», un grupo cohesionado que defiende valores como la hermandad, la lealtad y la defensa de las tradiciones estudiantiles, que celebra la alegría de la juventud, la despreocupación estudiantil y el amor por la música y la sana diversión.
Novatadas El novataje es el periodo en el que los nuevos y futuros miembros de la tuna se forman tanto en los aspectos musicales como en los artísticos y culturales característicos de las tunas y del llamado "buen tunar", siendo este proceso algo común en muchos grupos donde se ha de alcanzar una identidad de grupo, a fin de reforzar los vínculos afectivos entre los ya tunos y los aspirantes, además de que permite demostrar las cualidades y el interés para pertenecer al grupo.
Los nuevos miembros de la tuna, habitualmente, sin traje de tuno aún, han de "ganarse" el favor de los integrantes, para, al menos, pasear con el traje (aunque sin lis distintivos que posteriormente serán parte ya eterna en su indumentaria), y para ello habrán de ir demostrado sus capacidades en algún instrumento, en el canto, y en sus comportamientos educados, corteses, galantes, simpáticos,... que otorguen garantía de une buena representación de su tuna, y, de algo más superior, de su universidad, y de su calidad personal y humana. El "valor" de ser alguien con "formación universitaria", una persona que, además de conocimientos. demuestra una formación humana asentada, interiorizada, que la hace ser respetuosa y que en sus desempeños profesionales al terminar sus estudios la llevará a ser, también, respetable, con un detalle característico común: Alegre, divertido, jovial,...
En muchas tunas, hay un par de "niveles" antes de conseguir ser reconocido ("bautizado") como tuno de forma pública y oficial ante todo el grupo y resto de tunas, habiendo "novatos" y "pardillos".
Durante ese tiempo son considerados aprendices, es por ello por lo que ayudan a los veteranos en el desempeño del tunar y están excluidos de «ciertos derechos» y pararán por un sinfín de pruebas ("novatadas") en las que deberá demostrar su firmeza en el interés por cantar, tocar y divertir, y su evolución en el camino de aprendizaje. En este aspecto, es tradición que novatos y pardillos traten de librarse de ellas, algo que agudiza el ingenio para conseguirlo de la forma más desapercibida posible o "artística" (con astuta y simpática dialéctica), hasta saberse capaces de superarlas. Transcurrido ese periodo, los novatos que ameriten acceder al grado de veterano y portar la beca suelen pasar por un rito de paso en forma de festejo privado en el que se les hace pasar una noche llena de diversión, hermandad, música y risas. A la finalización de este, al nuevo miembro de pleno derecho de la tuna se le impone la beca distintiva que le acredita como tal. En algunas tunas el rito de paso se realiza como condición inicial para entrar en la tuna y acceder a la condición de novato. En otras, existen grados de «impericia»: pardillo, novato, etc. hasta acceder al de veterano.
Indumentaria
250px|miniaturadeimagen|derecha|Beca roja de la Tuna San Pablo CEU de Madrid. miniaturadeimagen|derecha|250px|Capa de tuno.