Sumapaz es la localidad número 20 del Distrito Capital de Bogotá. Se encuentra ubicada sobre un macizo de la Cordillera Oriental de los Andes colombianos, al extremo sur del casco urbano de Bogotá.
De las 20 localidades, Sumapaz es la única netamente rural; por esta razón, se divide en UPR (Unidades de Planeamiento Rural), centros poblados y veredas en lugar de UPZ o barrios.
Toponimia Sobre la región del río Sumapaz moraron los indígenas suatagos, de filiación lingüística caribe, con los subgrupos doar y cundayo. El nombre Sumapaz procede de una hacienda fundada en esta zona que se integró bajo el nombre de hacienda Sumapaz, la cual se extendía desde la aldea de Nazareth, en Usme, hasta el alto de las Oseras, en el límite con el departamento del Meta.
Se conocen los topónimos muiscas de los actuales centros poblados de Nazareth y Betania. Al primero las poblaciones nativas lo denominaban Fusungá y al segundo Chisaque.
Historia
Época precolombina thumb|250px|left|Laguna de Chisacá o de Los Tunjos. En la época precolombina, el páramo de Sumapaz y el territorio adyacente, que tenía por principal centro poblado el actual municipio de Fusagasugá, estaba habitado por dos grupos indígenas étnicamente emparentados: los sutagaos, también llamados fusagasugaes, que habitaban la región adyacente al río Sumapaz, y los muiscas, que tenían asentamientos en la cuenca del río Tunjuelo y en cercanías al páramo.bogota.gov.co/ «Historia del poblamiento de Sumapaz». (27•NOV•2012). Consultado el 23 de septiembre de 2019.
Estos pobladores indígenas trabajaban la canica, cazaban venados y vestían mantas de algodón. Para la cultura muisca, los páramos adquirieron una importancia espiritual: más allá de estas tierras frías reinaban los dominios de la nada. La Laguna de Chisacá o de Los Tunjos era el lugar donde, para los muiscas, se manifestaba el orden de la vida. Creían que estaba habitada por una diosa, de cuyo útero nacía el dios del río Tunjuelo, por lo que fue escenario de ceremonias religiosas en las que se arrojaban al agua abundantes tunjos de oro.
Por el páramo de Fusungá (hoy Nazareth) pasó el zipa Saguamanchica con sus tropas cuando iba a enfrentarse al Fusagasugá, a quien finalmente derrotó y sometió a su dominio.
Colonización española
Al Sumapaz llegó el conquistador alemán Nikolaus Federmann, en busca de El Dorado, luego de haber salido de Coro, en Venezuela, y haber recorrido los llanos del Orinoco y el Meta, trasmontando la cordillera. Desde Sumapaz, Federmann atravesó vastas regiones despobladas hasta llegar a la Sabana de Bogotá unos meses después de que llegara el adelantado Gonzalo Jiménez de Quesada. Con Federmann llegaron unos 150 hombres (la mitad de los que habían salido de Coro), descalzos y vestidos con pieles de venado, quienes trajeron las primeras gallinas europeas. Algunos de los soldados e indígenas de Venezuela que acompañaban a Federmann murieron en Sumapaz a causa del frío, pues venían de climas muy cálidos y no tenían abrigo suficiente.
Entre 1536 y 1794 se efectuaron las fundaciones españolas de Pandi, Tibacuy y Fusagasugá, adyacentes a Sumapaz. Durante esos años se consolidó la Hacienda Sumapaz, una de las más grandes del altiplano Cundiboyacense, la cual se extendía desde la aldea de Nazareth, en Usme, hasta el alto de las Oseras, en el límite con el departamento del Meta.
A partir de la segunda mitad del se cuenta con relatos de viajeros, naturalistas y geógrafos como Ramón Guerrero Azulioa, quien hace un recorrido en busca de bosques de quina, cuya explotación generó buena parte de los ingresos económicos de la región en esa época. Dicha referencia es la más exacta de la Hacienda de Sumapaz, ubicada sobre la margen derecha del río Sumapaz, en la actual vereda Concepción, de acuerdo con el plano elaborado por Guerra. En ese tiempo, varios comerciantes bogotanos adquirieron tierras baldías en Sumapaz para competir por la explotación de los bosques de quina.
Entre 1870 y 1925 se sembraron los primeros pastos artificiales para la cría de ganado vacuno y caballar; esto fortaleció la hegemonía de la Hacienda Sumapaz. Desde la segunda mitad del , la colonización de la región de Sumapaz adquirió una intensa y conflictiva dinámica. En las tierras bajas de Fusagasugá, Arbeláez, Tibacuy y Pandi, la colonización fue impulsada por la expansión de los cultivos de café, y en las tierras altas primero por la fiebre de la quina y luego por la expansión de la ganadería, la producción de papa y la explotación de los bosques de madera con destino al mercado bogotano. Desde esa época se registraron los primeros conflictos agrarios en la región, que desembocaron en confrontaciones entre arrendatarios, colonos y latifundistas por el control y la posesión de la tierra.
Orígenes del conflicto agrario Desde finales del hasta la década de los años 1940, la región del Sumapaz fue escenario de numerosos y prolongados conflictos entre arrendatarios, colonos y latifundistas, provocados en algunos casos por el régimen de arrendamiento y en otros por la expansión de las haciendas sobre tierras baldías ocupadas por los colonos.
El conflicto agrario entre terratenientes por la tenencia de la tierra se originó, entre otras razones, por la posición geográfica estratégica del Sumapaz, que comunica a los departamentos del Meta, Huila y Tolima con Cundinamarca y estos a su vez con Bogotá, pero también por el control de la riqueza de los recursos ambientales, no solo hídricos y agrícolas, sino también minerales.
Entre 1928 y 1934, la provincia fue víctima de pugnas entre latifundistas y campesinos por la propiedad de la tierra. En el contexto de la violencia se dieron tres guerras: la primera, entre 1949 y 1953, en la cual se organizó la resistencia campesina liberal y comunista contra los hostigamientos de los gobiernos conservadores de Mariano Ospina Pérez y Laureano Gómez. La segunda, entre 1955 y 1957, en la cual la resistencia campesina se reactiva para hacer frente a los ataques del gobierno de Gustavo Rojas Pinilla contra el comunismo de la zona (Guerra de Villarrica). La tercera, entre 1960 y 1972, en la cual tanto terratenientes como gamonales de la zona, apoyados en exguerrilleros liberales, dirigen una ofensiva contra los dirigentes comunitarios y las organizaciones comunistas.
Primera etapa del conflicto agrario En torno a los conflictos agrarios que se habían gestado a finales del con la acumulación de tierras en manos de unos pocos terratenientes, se fue conformando una sólida organización campesina que, en 1928, bajo la dirección de Erasmo Valencia, se expandió a toda región y adoptó el nombre de Sociedad Agrícola de la Colonia de Sumapaz. Todo indica que en la conformación de esta sociedad tuvo notoria incidencia la expedición del decreto 1110, de junio de 1928, mediante el cual el gobierno del presidente conservador Miguel Abadía Méndez delimitó como zona de colonización un inmenso territorio ubicado en el oriente del Tolima, en terrenos del Sumapaz. Años después, la Sociedad Agrícola de la Colonia de Sumapaz tomó las armas junto con sectores liberales y comunistas con la idea de defenderse del despojo de tierras adelantado por parte de terratenientes conservadores que habían sido alentados por el gobierno de Abadía Méndez.
En 1930, según un informe del Ministerio de Industria, la Hacienda de Sumapaz, la mayor propiedad privada de la región, abarcaba una extensión de 203.996 ha, distribuidas en cuatro zonas: Santa Rosa, San Juan, El Nevado y Sumapaz, cuyos títulos más antiguos datan de 1791. Esta propiedad era la más extensa de toda la región del Sumapaz y una de las mayores del altiplano Cundiboyacense; además del territorio de la actual localidad 20, incluía vastas extensiones de tierra en los actuales municipios de Cabrera y Gutiérrez, del departamento de Cundinamarca, y en Cubarral y San Martín, del departamento del Meta.
En 1933 una de las tres sesiones en las que se dividía la colonia de Sumapaz estaba conformada por colonos establecidos en Las Ánimas, Las Sopas, Pasca y el Globo de Sumapaz, terrenos todos sobre los cuales ejercía dominio la Hacienda de Sumapaz.
La Violencia Al finalizar la década de 1930, los colonos de Sumapaz habían logrado reconocimiento de la posesión de sus tierras por vía de adjudicación de baldíos y la parcelación de varias haciendas durante los gobiernos liberales de Enrique Olaya Herrera y Alfonso López Pumarejo en el gobierno de este último se inició en 1936 la construcción de la Troncal Bolivariana que hoy une a Sumapaz con la localidad de Usme, con la promulgación de la Ley 3 de 1936. El proceso de democratización de la propiedad se vio interrumpido por el largo e intenso periodo de violencia que se recrudeció con los hechos del 9 de abril de 1948, conocidos como El Bogotazo, los campesinos sufrieron graves atropellos por parte de los “Chulavitas”, un grupo paramilitar al servicio del Partido Conservador Colombiano, para defender el poder de Mariano Ospina Pérez. Entre los atropellos cometidos por los Chulavitas en contra de los campesinos, uno de los más trágicos fue la masacre de Pueblo Nuevo en 1950, que motivó la transformación de la organización agraria en guerrilla campesina bajo la orientación de Juan de la Cruz Varela, líder agrario que para entonces había decidido ingresar al Partido Comunista de Colombia, y que tiempo después se enfrentaría al gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla.
Durante el gobierno conservador del presidente Laureano Gómez se recrudeció la violencia, instigada por movimientos nacionalistas católicos inspirados en el régimen franquista de España. La población de la región del Sumapaz se vio afectada por la vigilancia permanente de la Policía Política (PoPol) y el Servicio de Inteligencia Colombiano (SIC, antecesor del Departamento Administrativo de Seguridad, DAS), además de los conocidos como "pájaros", fuerzas irregulares controladas por el régimen conservador para la intimidación y el control de la población rural. Esa presión dio origen a las primeras guerrillas liberales y comunistas en el Sumapaz.
En el Gobierno de Gustavo Rojas Pinilla se construyó en el Sumapaz una prisión para los presos políticos hoy en ruinas. El Sumapaz fue anexado al Distrito Especial de Bogotá, creado por el Decreto Legislativo 3640 del 17 de diciembre de 1954. Posteriormente, durante el Frente Nacional (1958-1974), el Sumapaz fue escenario de la guerra en la que los liberales y conservadores trataron de extinguir el comunismo en la región, que para ese entonces ya había alcanzado un fuerte arraigo entre la población.
Se inició entonces un conflicto entre los partidos de Juan de la Cruz Varela, quien fue representante a la Cámara en 1960 por el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), y de Antonio Vargas, su antiguo compañero. Este enfrentamiento se prolongó hasta el final del Frente Nacional, cuando Vargas es asesinado, con lo cual cesa la guerra.
Presencia de las FARC-EP Para el momento en que surgieron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), en los años 1970, las guerrillas comunistas del Sumapaz ya habían dejado las armas. Al principio, el Sumapaz fue una zona de tránsito para las FARC-EP, pero con el tiempo su presencia en el territorio se hizo permanente. Por el páramo pasó el líder guerrillero Jacobo Arenas, cuando se dirigía al Cañón del Río Duda a la conferencia constitutiva de las FARC-EP. Las trochas y los caminos que bajaban la cordillera se afianzaron como un corredor que desembocaba al cañón del río Duda, uno de los fortines históricos del grupo guerrillero, que permitía llegar a La Uribe (Meta), y desde allí continuar el camino hacia La Macarena e ingresar al departamento del Caquetá.