miniatura|Cantabria prerromana durante el periodo de las guerras cántabras. El mapa señala las fronteras del territorio cántabro en relación con las provincias actuales así como las distintas tribus que lo habitaban, los pueblos vecinos, ciudades y accidentes geográficos interpretados a partir de fuentes clásicas. miniaturadeimagen|Bastión defensivo del castro de la Loma, en Santibáñez de la Peña (Palencia, Castilla y León). miniaturadeimagen|Porta claviculae del campamento romano, en el sitio del castro de la Loma.

Las guerras cántabras (Bellum Cantabricum) fueron unos enfrentamientos que tuvieron lugar del año al entre la Antigua Roma y los distintos pueblos cántabros y astures, que habitaban territorios conocidos ya por los antiguos romanos como CantabriaDoscientos años antes de la contienda, el historiador Catón el Viejo ya dice «fluvium Hiberum: is oritur ex Cantabris» (El río Ebro nace en tierra de cántabros); por lo tanto la ubicación de Cantabria ya era perfectamente conocida por los romanos. y AsturiaHacia la parte de oriente los kallaikoi limitan con los ástoures y con los íberes y los demás [carpetanos, vetones y vacceos] con los keltíbres «..ἐκ δὲ τοῦ ἑσπερίου τῶν τε Ἀστύρων (Ástoures) τινὲς καὶ τῶν Καλλαϊκῶν (kallaikoi) καὶ Ὀυακκαίων, ἔτι δὲ Ὀυεττώνων καὶ Καρπητανῶν.» (Estrabón, Geographia III, 4, 12.); narra la expedición militar de Bruto Galaico de los años 138- en el noroeste de la península ibérica, en regiones coincidentes en su mayor parte con las actuales comunidades autónomas de Cantabria y Asturias y partes de las actuales provincias de León, Palencia y Burgos.

Los enfrentamientos mantenidos por el Imperio romano contra los diversos pueblos del norte hispano, cántabros y astures principalmente, representaban la culminación de la larga conquista de la península ibérica. La resonancia de estas guerras sobrepasó a la de gran parte de las emprendidas por la Antigua Roma a lo largo de su historia. La razón de ello no hay que buscarla en el ámbito estrictamente militar, sino en el alcance político que se le concedió a la conquista del norte peninsular, única operación dirigida personalmente por el emperador Augusto.

Así comienza Floro su relato para narrar los hechos acaecidos en una contienda que hizo que el propio emperador romano Augusto abriera las puertas del templo de Jano, en señal de combate total, y se desplazara en persona desde Roma hasta la tierra de cántabros.

Contexto geográfico e histórico Desde aproximadamente el año , sólo los cántabros y los astures mantenían la independencia frente a Roma, aunque ocasionalmente se enrolaban en las tropas auxiliares romanas, como consta para el propio año -, durante las guerras civiles, al servicio de Pompeyo.Bellum Civile I, 38: Pompeyo el Grande manda a su legado Lucio Afranio a enrolar tropas auxiliares Celtiberiae, Cantabris barbarisque omnibus qui ad Oceanum pertinent ("...a la Celtiberia, entre los cántabros y entre todos los bárbaros que viven junto al Océano"), mientras que su segundo legado, M. Terencio Varrón, se encargaba de reunir tropas entre lusitanos, galaicos y vetones. Entre los reclutados por Afranio se hallaban sin duda también los astures. El resto de los pobladores de la península ya habían sido sometidos, o bien se habían adherido voluntariamente a los romanos.

No es fácil precisar el escenario de la contienda, pero hay datos que apuntan a que en el inicio se extendió hasta tierras astures al menos durante los primeros años de esta. Dos años después de comenzada, en y en plena campaña militar, se produce un hecho determinante. La península ibérica se divide en tres provincias, en vez de las dos que se conocían hasta entonces. Hispania queda así dividida en la Baetica, la Lusitania, de nueva creación, y la Tarraconense. Este hecho tiene gran importancia para realizar una contextualización geográfica correcta:

En primer lugar, la división se produce, precisamente, como consecuencia y en mitad de la guerra. Al mismo tiempo, se da la circunstancia de que Asturiae y Gallaecia (Asturias y Galicia) quedan encuadradas en la provincia de Lusitania, mientras que Cantabria queda encuadrada en la provincia Citerior, bajo el control directo del emperador César Augusto que se presenta, justo ese mismo año 27 a. C., en tierras cántabras. Este hecho implica expresamente que Cantabria no se consideraba todavía una tierra pacificada y que, por lo tanto, necesitaba tropas bajo el gobierno del legatus augusti pro praetore para ser pacificada. Es más, desde el año 26 a. C., el historiador Floro solo menciona a los cántabros como contendientes, y es a partir de esa fecha cuando Roma despliega todo su poderío militar en la región.

En cualquier caso, el teatro de operaciones quedaría dividido en dos, con Asturias, León, zonas de Zamora y Galicia a un lado, y Cantabria y norte de Palencia y Burgos al otro. En este contexto, el escenario sería atendido independiente y simultáneamente por dos legados diferentes, siendo el propio Augusto el que quedaba con el control de la Guerra contra los cántabros que duraría siete años más.

En ese contexto histórico, los pobladores cántabros, por el oeste, llegaban hasta el actual río Sella, hoy en territorio asturiano, bajando hacia el sur hasta sus fuentes en el Valle de Sajambre; por el sur sobresalía la ciudad naturalmente fortificada de Peña Amaya (hoy en tierra de Burgos) y por el este sus límites llegaban hasta la ría de Oriñón, desembocadura del río Agüera, entre las poblaciones de Guriezo y Castro Urdiales, próximas al actual límite con Vizcaya, entonces territorio autrigón (ver mapa contiguo).

Las guerras terminaron con la conquista de Lancia, a orillas del río Astura, último bastión astur, y con esta acción se dio por finalizada la conquista de Hispania por los romanos.

Antecedentes Las primeras apariciones de los cántabros en el contexto histórico de las guerras de Roma en Hispania es muy anterior al de las propias guerras cántabras, puesto que se empleaban como mercenarios en diferentes conflictos tanto dentro como fuera de la península. Años antes del comienzo de las guerras cántabras, el ejército romano ya tenía conocimiento del carácter guerrero de los pueblos del norte de la península. Existe constancia de que participaron en la guerra de los cartagineses contra Roma durante la segunda guerra púnica:

También parece constatada su intervención ayudando a los vacceos de la Meseta norte contra los romanos en el año Y así mismo son mencionados de nuevo durante el sitio de Numancia:

De igual forma, se cree que hubo presencia de guerreros cántabros en las Guerras Sertorianas o su intervención junto a los aquitanos en las guerras contra Julio César para defender las Galias. Según el propio testimonio de César, hubo tropas cántabras en la batalla de Ilerda (Lérida) en el año

Con todos estos antecedentes, los cántabros empezaban a sonar ya en todo el Imperio romano. Las tropas romanas de la Legio I Augusta llegaron a perder un estandarte frente al enemigo, hecho humillante para una legión en aquella época que provocaría la pérdida de su sobrenombre. Algunos historiadores romanos justificaron esta campaña, no obstante, como respuesta a las incursiones que los cántabros realizaban en las tierras de la Meseta habitadas por pueblos ya sometidos a Roma. Ciertamente parece más probable que estuvieran interesados en las riquezas minerales de la zona (oro y plata en el país astur, hierro, plomo, magnetita, blenda y cobre en el cántabro).

Como indicábamos anteriormente, en la primavera de , el mismo emperador en persona, César Augusto, abrió las puertas del templo de Jano (símbolo del estado de guerra) y se dirigió a Hispania, estableciendo su base de operaciones en Segisama, actual Sasamón (Burgos).

Ejércitos y estrategias

miniatura|Operaciones militares romanas llevadas a cabo durante la guerra en los dos frentes contra cántabros (Bellum Cantabricum) y astures (Bellum Asturicum). miniatura|Jinete cántabro armado a caballo perteneciente a un fragmento de la estela de San Vicente de Toranzo descubierta en el castro de la Espina del Gallego.

Uno de los rasgos definitorios del enfrentamiento entre romanos y cántabros-astures es que se trató de una guerra de montaña. Las legiones no solo tuvieron que adaptar sus refugios a la escarpada orografía del terreno, alterando en muchas ocasiones la planta rectangular canónica de esquinas redondeadas de los campamentos militares romanos; también se vieron obligadas a levantar sus fortificaciones de campaña en los puertos de montaña. Así, los soldados romanos llegaron a construir campamentos como los de y , erigidos al pie de Peña Prieta a 1962 y 2219 metros de altitud respectivamente, siendo estos los de mayor cota de los de la península ibérica y que se encuentran entre los más altos de Europa, superados únicamente por el de puerto de Septimer en Suiza, a 2340 metros de altitud.

La primera intervención importante de Roma contra los pueblos del norte de la Meseta la protagoniza en el año , Estatilio Tauro, quien recibe de Augusto el título de imperator, por someter a cántabros, astures y vacceos. En los dos años siguientes se reanudan las hostilidades, consiguiendo Calvisio Sabino y el procónsul Sexto Apuleyo sus triunfos respectivos al mando de las tropas. Pero estas victorias debieron ser más oficiales que reales, ya que los pueblos del Norte continuaban independientes; al menos, los cántabros, que, según los textos más antiguos, eran los más rebeldes. Ello motivó que el propio Augusto se trasladara a Hispania y al frente de los ejércitos iniciara la importante campaña del año contra los cántabros.

Según el historiador romano Dión Casio, la táctica de cántabros y astures consistía en una guerra de guerrillas, evitando la acometida directa sobre las fuerzas romanas conscientes de su inferioridad numérica, su inferior armamento y la invulnerabilidad táctica de las legiones romanas en campo abierto. Su mejor conocimiento de un territorio abrupto y montañoso les permitía ofensivas rápidas y sorpresivas mediante el uso de armas arrojadizas, con emboscadas y ataques de gran movilidad seguidos de un ágil repliegue, que causaban graves daños a las fuerzas romanas y a sus líneas de abastecimiento. Los estudios arqueológicos más recientes demuestran que la línea de avance romana desde el interior hacia la costa siguió por lo alto de los cordales montañosos, y no por los valles, donde la frondosidad de los bosques hubiera hecho muy vulnerables a las legiones.

Según ha quedado constancia por representaciones en monedas y estelas, los cántabros manejaban con habilidad el armamento ligero y así lo señala el poeta Lucano cuando dice:

miniatura|Monumento al cántabro en Santander. Iban provistos con espada pequeña, puñal, dardos o jabalinas, lanzas, escudos redondos u ovalados de madera, petos de cuero o lino, gorros de piel con tiras de nervios y la bipennis, arma esta última que consistía en un hacha de doble filo claramente definitoria de los pueblos del norte de Hispania. No queda constancia del uso del arco y la honda, aunque es muy probable que la conociesen y utilizaran.

Los cántabros eran hábiles a la hora de montar a caballo, como lo refleja el hecho de que algunas de sus tácticas de caballería pasaran a ser empleadas por el ejército romano. Flavio Arriano describe en este sentido el círculo cántabro (conocido como cantabricus impetus o cantabricus circulus), consistente en una formación de caballería en círculo en la que los jinetes se van rotando para lanzar jabalinas al enemigo, y la carga cántabra, también llamada embestida cántabra o acometida cántabra, que aunque no se detalla en qué consistía, bien podría constar de un ataque frontal y masivo contra las líneas enemigas con el fin de deshacerlas.