La fiebre tifoidea o fiebre entérica es una enfermedad infecciosa producida por Salmonella entérica subgrupo enterica serotipo typhi (bacilo de Eberth) o S. enterica sub. enterica serotipos paratyphi A, B o C, bacterias del género Salmonella. Su reservorio es el humano, y el mecanismo de contagio es fecal, oral, a través de agua y de alimentos contaminados con deyecciones. No debe confundirse con el tifus, que se produce por varias especies del género Rickettsia, transmitidas por parásitos externos (piojos).

La salmonella spp se propaga mejor en climas cálidos y húmedos, entre 35 y 37 grados y en zonas muy lluviosas.

La bacteria ingresa por la vía digestiva y llega al intestino y pasa a la sangre, lo que causa una fase de bacteriemia hacia la primera semana de la enfermedad; posteriormente, se localiza en diversos órganos y produce fenómenos inflamatorios y necróticos, debidos a la liberación de endotoxinas. Finalmente, las salmonelas se eliminan al exterior por las heces.

En el período de incubación, que dura de 10 a 15 días, se aprecian trastornos del estado general, una fase de bacteriemia con fiebre que aumenta progresivamente hasta alcanzar 39-40 °C, en cuyo momento se mantiene, cefalea, estupor, roséola en el vientre, tumefacción de la mucosa nasal, lengua tostada, úlceras en el paladar y, a veces, hepatoesplenomegalia y diarrea.

La enfermedad puede evolucionar a la curación en 2 semanas o prolongarse con localizaciones focales a partir de la quinta semana. Si no se somete a un tratamiento adecuado pueden presentarse complicaciones graves, como hemorragia y perforación intestinal, choque séptico. Se produce un cierto grado de inmunidad que, aunque no protege frente a las reinfecciones, cuando éstas se producen son más benignas. El estado de portador puede ser transitorio o crónico.

Historia thumb|«Typhoid Mary».

En el 430 a. C., la devastadora plaga de Atenas, que se cree que se debió a la fiebre tifoidea, mató a un tercio de la población de la Antigua Atenas, incluyendo a su líder Pericles (495-429 a. C.), poniendo fin a la Edad Dorada de Grecia. El historiador y general Tucídides (460-396 a. C.) también contrajo la enfermedad, pero él sobrevivió y pudo escribir sobre la pandemia. Sus escritos dan una pista sobre el origen. La plaga volvió en dos ocasiones, en el 429 a. C. y en el invierno del 426 y 425 a. C.

La causa de la pandemia ha sido discutida durante largo tiempo. La mayoría de los académicos piensa que se debió al tifus epidémico. Un estudio de 2006 detectó secuencias de ADN similares a las de las bacterias causantes de la fiebre tifoidea. Otros científicos se oponen a esta tesis, y presentan numerosos errores metodológicos en el estudio del ADN dental. Sin embargo, las duras condiciones de higiene durante el asedio del Ática causaron sin duda la epidemia.

Es muy probable que la desconocida enfermedad que detuvo el avance de los indígenas mapuches, liderados por Lautaro, sobre Santiago de Chile en 1554, haya sido la tifoidea, a la que los mapuches le llamaron chavalongo (‘fuego en la cabeza’).

La fiebre tifoidea también es la principal enfermedad sospechosa de devastar México en el tras la llegada de los españoles. Allí el bacilo de Eberth, Salmonella enterica, se habría cobrado 15 millones de vidas, el 80 % de la población.

A finales del , la tasa de mortalidad en Chicago alcanzó 65 casos por cada 100 000 habitantes. El peor año fue 1891, cuando la tasa de mortalidad por fiebre tifoidea fue de 174 casos por 100 000 habitantes.

El agente causante de la enfermedad, Salmonella typhi, lo descubrió el patólogo alemán Karl Joseph Ebert en 1880. En 1897, Almroth Edward Wright desarrolló la primera vacuna.

La más notable portadora de la fiebre tifoidea fue Mary Mallon, conocida como «Typhoid Mary».María Tifoidea es mencionada por John Katzenbach en su novela El psicoanalista, donde habla de aquello que la gente detesta. En 1907, ella fue la primera portadora identificada y vigilada. Algunos creen que contagió la enfermedad a centenares de personas. Está asociada con al menos 47 casos y tres muertes. Mary Mallon trabajaba como camarera en Nueva York. Las autoridades encargadas de la salud pública la conminaron a que renunciara a su trabajo o a que se le extirpara la vesícula biliar. Dejó su trabajo, pero volvió a trabajar usando un seudónimo. La descubrieron, la detuvieron y la sometieron a cuarentena después de otro brote de fiebre tifoidea.

En España la última gran epidemia se dio en Barcelona en 1914. La epidemia que causó 2500 muertes se debió al agua de bebida contaminada procedente de Moncada y Reixach. (adaptación de Núñez Cachaza, Antonio para Círculo de Lectores, núm. 197.)

La última epidemia de la que se tiene noticia tuvo lugar en la República Democrática del Congo entre 2004-2005, la cual reportó más de 42 000 casos, de los cuales murieron 214.

Epidemiología La fiebre tifoidea es identificada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como un problema serio de salud pública, con 11 a 20 millones de casos estimados en el mundo cada año, causando entre 128 000 y 161 000 muertes. Su incidencia es mayor en niños en edad escolar y adultos jóvenes. Sin embargo, la medida de la carga de enfermedad que produce la fiebre tifoidea a nivel global se encuentra limitada por la ausencia de programas de vigilancia epidemiológica en muchas regiones geográficas, y también por la limitada sensibilidad de las pruebas diagnósticas actuales, que no permiten estimar de forma precisa la incidencia de la enfermedad. De todas formas, se conoce con los datos actuales que la incidencia de la fiebre tifoidea es de distribución heterogénea, con tendencia a ser considerablemente mayor en zonas rurales que en zonas urbanas, de forma que la enfermedad está casi ausente en los países desarrollados, y es aún frecuente en los países en desarrollo. Por ejemplo, en Asia meridional y en partes de África subsahariana, la incidencia se acerca a los 1 000 casos por cada 100 000 habitantes/año. En zonas de África septentrional, América y el Sudeste asiático, la incidencia es mucho menor y varía desde los 10 a los 100 casos por 100 000 personas y año. En muchos otros entornos con abudantes recursos, la incidencia suele ser tan baja como menos de 1 caso por cada 100 000 habitantes y año, siendo el comportamiento epidemiológico estándar la aparición de brotes de la enfermedad de forma esporádica, predominantemente en viajeros que vuelven de zonas endémicas. miniaturadeimagen|Distribución global de la fiebre tifoidea. En relación con los serotipos de Salmonella distribuidos a nivel mundial, Salmonella Paratyphy A es con mucho la causa más frecuente de fiebre tifoidea, y se estima que es responsable de unos 5 millones de casos al año. Sin embargo, su carga de distribución proporcional de enfermedad es desigual en todas las regiones del mundo, teniendo mayor impacto en algunas áreas de Asia meridional (con hasta el 50% de los casos de fiebre entérica atribuidos). Por contraste, el resto de serotipos siguen siendo causas menos frecuentes de fiebre tifoidea en el mundo, con una incidencia proporcional de casos que varía de acuerdo a la zona.

En relación con su mortalidad, en la era preantibiótica, el 10-15% de los casos de fiebre tifoidea diagnosticados clínicamente eran mortales, mientras que otros se resolvía en el curso de 3-4 semanas de enfermedad -a menudo- debilitante. En los tiempos actuales, dicha cifra ha disminuido hasta valores mínimos, con la mayoría de los casos presentados a nivel mundial sin características de gravedad, y en muchos de los casos sin requerir hospitalización. De hecho, la mortalidad actual de la fiebre tifoidea se calcula en un 0,5-1%, esta estimación se basa en pocos datos. Los porcentajes de mortalidad declarados en pacientes hospitalizados con fiebre entérica en medios con escasos recursos varían ampliamente según la localización, oscilando entre el 0% y el 15%, con una mediana del 2%. Además de los casos fatales, en África subsahariana y en otras regiones donde la fiebre tifoidea es altamente endémica, la perforación intestinal causada por la fiebre entérica es una causa principal de peritonitis y de abdomen agudo que requiere cirugía en niños.

Etiología Desde un punto de vista taxonómico, Salmonella Typhi y Salmonella Paratyphi A, B y C son bacilos gramnegativos que pertenecen a la especie S. enterica subespecie enterica; y su clasificación en distintos grupos está basado en su caracterización serológica de acuerdo con un esquema modificado clasificado de Kauffman y White para la detección de antígenos O (polisacárido de membrana celular) y H (ubicado en las flagelas de la bacteria). Sin embargo, dicha clasificación tiene una utilidad limitada desde un punto de vista clínico.

Desde un punto de vista clínico, Salmonella Typhi y Salmonella Paratyphi son patógenos humanos exclusivos, motivo por el cual se les clasifica como cepas tifoideas de Salmonella. Se sabe que ciertos tipos específicos son patógenos también para animales (Salmonella Paratyphi C). Esta distinción logra diferenciar estas cepas de los demás serotipos patógenos de S. enterica, a los cuales se les refiere genérmicamente como Salmonella no tifoidea (SNT para fines de este artículo). Las cepas tifoideas producen fiebre tifoidea en todos los húespedes humanos, mientras que las cepas SNT se asocian clásicamente a diarrea inflamatoria en húespedes humanos, o causan enfermedad invasiva (grave) en personas inmunocomprometidas. Sin embargo, dicha distinción clínica no es absoluta: las infecciones por SNT pueden cursar con una evolución de signos y síntomas muy similar a la enfermedad causa por las cepas tifoideas. Al parecer, la evolución heterogénea de la enfermedad depende de los factores del húesped (susceptibilidad) y las características específicas de la cepa bacteriana).

Patogenia