thumb|350px|'Extrema Unción', parte de los Siete Sacramentos (1445) por Roger van der Weyden. El sacramento de la unción de los enfermos, también conocido como extremaunción, es un acto litúrgico comunitario realizado por parte de distintas Iglesias cristianas (Iglesia católica, Iglesia ortodoxa, Comunión anglicana) por el cual un presbítero signa con óleo sagrado a un fiel por estar enfermo, en peligro de muerte o simplemente por su edad avanzada. Con esta acción se significa que le es concedida al enfermo o al anciano una gracia especial y eficaz para fortalecerlo y reconfortarlo en su enfermedad, y prepararlo para el encuentro con Dios. Al igual que los demás sacramentos, la Iglesia católica considera que la unción de los enfermos fue instituida por Jesucristo quien, según los textos neotestamentarios, hizo participar a sus discípulos de su ministerio de compasión y de curación:
Se suele indicar un pasaje de la Epístola de Santiago como contexto de la función y efectos del sacramento:
thumb|El ministerio de curación espiritual y física desarrollado por Jesús de Nazaret y continuado por sus discípulos fue reconocido desde el cristianismo primitivo. En la imagen, Jesús cura a la mujer hemorroísa, en una representación hallada en las catacumbas de Roma. El Concilio Vaticano II, en su Constitución sobre la Sagrada Liturgia, explicita que «[...] no es solo el sacramento de quienes se encuentran en los últimos momentos de su vida [...]», señalando que son oportunos para recibirlo los tiempos de enfermedad o de vejez. Hasta el Concilio Vaticano II, al sacramento se lo conocía con el nombre de extremaunción, puesto que solo se lo administraba in extremis, es decir, ante la inminencia de la muerte. El cambio de sentido impuesto al sacramento por el Concilio responde a la necesidad e importancia de asistir a los enfermos para que el Espíritu Santo los acompañe y reconforte, de conformidad con el mandato de Jesucristo:
El óleo utilizado en este rito es conocido como óleo de los enfermos, y es bendecido cada año por el obispo en la misa crismal celebrada el Jueves Santo por la mañana. En el rito central del sacramento de la unción de los enfermos, el presbítero traza con el aceite bendecido la señal de la cruz en la frente y en cada una de las manos del enfermo, al tiempo que pronuncia las siguientes palabras:
La unción de los enfermos era una práctica habitual en muchas civilizaciones, incluidas las comunidades de la antigua Grecia y las primeras comunidades judías. El uso del aceite con fines curativos se menciona en los escritos de Hipócrates.P. J. Hartin, Daniel J. Harrington James -- 2003 Página 267 «La unción de los enfermos era una práctica habitual tanto en el mundo helenístico como en el judío. El uso del aceite con fines curativos se menciona en los escritos de Hipócrates: «Los ejercicios en el polvo difieren de los que se realizan en el aceite de la siguiente manera. El polvo es frío, el aceite es cálido».John Lightfoot Horæ hebraicæ et talmudicæ: Ejercicios hebreos y talmúdicos, volumen 2, página 155: «El noveno día del mes de Ab, y en los ayunos públicos, está prohibido ungirse para vestirse; está permitido ungirse para otros fines». [Texto hebreo] Se ungían a menudo, no por exceso, valentía o placer, sino para curar alguna enfermedad».
La unción de los enfermos debe distinguirse de otras unciones religiosas que se producen en relación con otros sacramentos, en particular el bautismo, la confirmación y la ordenación, y también en la coronación de un monarca.Oxford Dictionary of the Christian Church (Oxford University Press 2005 ), artículo «unction» La Iglesia católica intenta realizarla tanto mediante los cuidados que proporciona a los enfermos graves, como por la oración.
Nombres Desde 1972, la Iglesia Católica Romana ha utilizado el nombre «Unción de los enfermos» tanto en las traducciones al inglés publicadas por la Santa Sede de sus documentos oficiales en latín Constitución apostólica «Sacram Unctionem Infirmorum», archive/catechism/p2s2c2a5.htm Catecismo de la Iglesia Católica, Código de Derecho Canónico, rc_pc_chrstuni_doc_19930325_directory_en.html Directorio para la aplicación de los principios y normas sobre el ecumenismo, motu proprio «Summorum Pontificum», etc. y en los documentos oficiales en inglés de las conferencias episcopales.Por ejemplo, Catecismo católico para adultos de Estados Unidos No prohibía el uso de otros nombres, como el término más arcaico «Unción de los enfermos» o el término «Extremaunción». El cardenal Walter Kasper utilizó este último término en su intervención en la Asamblea del Sínodo de los Obispos de 2005. Sin embargo, la Iglesia declaró que «la «extremaunción»... también puede llamarse, y de manera más adecuada, «unción de los enfermos»»,archive/hist_councils/ii_vatican_council/documents/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_en.html Constitución sobre la liturgia, 73 y ha adoptado este último término, sin prohibir el primero. Esto es para enfatizar que el sacramento está disponible y se recomienda a todos aquellos que padecen una enfermedad grave, y para disipar la idea errónea común de que es exclusivamente para aquellos que se encuentran en el punto de la muerte o muy cerca de él.
«Extremaunción» fue el nombre habitual del sacramento en Occidente desde finales del hasta 1972, y así se utilizó en el Concilio de Trento y en la Enciclopedia Católica de 1913.Enciclopedia Católica (1913): artículo «Extreme Unction» Pedro Lombardo (fallecido en 1160) es el primer escritor conocido que utilizó el término, que no se convirtió en el nombre habitual en Occidente hasta finales del , y nunca se popularizó en Oriente. La palabra «extrema» (final) indicaba que era la última de las unciones sacramentales (después de las unciones del bautismo, la confirmación y, si se recibía, las órdenes sagradas) o porque en aquella época solo se administraba normalmente cuando un paciente se encontraba «in extremis».
Otros nombres utilizados en Occidente son «la unción o bendición del aceite consagrado», «la unción de Dios» y «el oficio de la unción». Entre algunas confesiones protestantes, que no lo consideran un sacramento, sino una práctica sugerida más que ordenada por las Escrituras, se denomina «unción con aceite».
En la Iglesia griega, el sacramento se denomina «Euchelaion» (griego Εὐχέλαιον, de εὐχή, «oración», y ἔλαιον, «aceite»). También se utilizan otros nombres, como ἅγιον ἔλαιον (aceite santo), ἡγιασμένον ἔλαιον (aceite consagrado) y χρῖσις o χρῖσμα (unción).
La Comunidad de Cristo utiliza el término «administración a los enfermos».
El término «últimos sacramentos» se refiere a la administración a una persona moribunda no solo de este sacramento, sino también de la penitencia y la Santa Comunión, la última de las cuales, cuando se administra en tales circunstancias, se conoce como «Viático», palabra cuyo significado original en latín era «provisión para el viaje». El orden normal de administración es: primero la Penitencia (si la persona moribunda es físicamente incapaz de confesarse, se le da la absolución, condicionada a la existencia de contrición); a continuación, la Unción; y, por último, el Viático (si la persona puede recibirlo).
Desde los Santos Padres hasta la Reforma Carolingia Carta de Inocencio I
La Carta de Inocencio I a Gubbio, obispo en la Umbría, del año 416, es el primer texto sobre la unción de los enfermos que cita expresamente el pasaje de Santiago. Los términos que usa para referirse a los enfermos (aegrogantes y languidi) son genéricos, e indudablemente no aluden a un sacramento reservado para el trance de muerte. Se excluye de su recepción a los penitentes. La administración del sacramento corresponde ante todo a los presbíteros; pero el Papa subraya que, como es natural, también los obispos tienen la potestad de ungir. En cambio, la bendición del óleo está reservada al obispo. En cuanto a los efectos del sacramento, el papa se limita a citar la Epístola de Santiago (5:14-15). La carta de Inocencio I fue conocida en todo el Occidente y aceptada como documento normativo; posteriormente la recogieron la mayoría de colecciones de cánones, y en el año 868 la reprodujo literalmente el Concilio de Worms.
Explicitación progresiva
La explicitación del significado, del sujeto y de la oportunidad de administración del sacramento se produjo de forma progresiva a través de la historia. La mención del sacramento entre los Padres fue esporádica y tardía. Cesáreo de Arlés (542) fue el primero en aludir a la unción. Lo hizo en sus sermones, donde exhortaba a los enfermos a que pidan a los presbíteros, y no a los magos y adivinos, el óleo bendecido para ungirse. Cesáreo habló también de enfermos que pueden ir a la iglesia; se trataba, por tanto, de enfermedades leves; jamás mencionó el peligro de muerte. Textos análogos aparecen en Eligio de Noyon (660) y en Jonás de Orleans (843).
Beda el Venerable (735) relacionó el pasaje del Evangelio de Marcos 6:13 antes citado con el pasaje de la Epístola de Santiago 5:14-15, y llegó a la conclusión de que los apóstoles impusieron el precepto de ungir a los posesos y a todos los demás enfermos con óleo bendecido por el obispo. Supuso que la enfermedad del cuerpo puede ir unida a un mal del alma, y que podían aplicar el aceite no solo los presbíteros, sino los demás cristianos, tanto ungiéndose a sí mismos como haciéndolo a sus allegados. El perdón de los pecados graves no se logra mediante la unción y la oración, sino con el arrepentimiento y la confesión a los sacerdotes, que son complemento de la unción.
A partir del , con la Reforma carolingia, la unción de los enfermos experimentó un cambio profundo en diversos aspectos. A partir de entonces ya son muchos los testimonios litúrgicos, pues se impusieron los ordines, que detallaban la forma a usar para el rito. Hubo una mayor acentuación de la importancia que tiene el ministerio en la administración de los sacramentos. La bendición del óleo quedó entonces estrictamente reservada al obispo.
La unción se solemnizó notablemente en el ; en ciertas regiones participaban siete sacerdotes (costumbre conservada en el rito bizantino); en algunas partes se repetía durante siete días; se multiplicaron los ritos secundarios y se añadieron más oraciones. Se enumeraron las partes del cuerpo que debían ungirse, imponiéndose los rituales que prescribían siete unciones: ojos, oídos, nariz, labios, riñones (pecho), manos y pies. Estos rituales aparecieron en Francia y Alemania, y se consolidaron en Roma durante los siglos y . El cambio más profundo con respecto a la época precedente se debió a que la reforma carolingia vinculó la unción de enfermos a los moribundos, poniéndola en estrecha relación con el viático y, sobre todo, con la penitencia de los enfermos de muerte. Esta vinculación modificó la forma de concebir el significado y los efectos de dicha unción. En adelante ya no fue sujeto el enfermo como tal, sino solo el enfermo en peligro de muerte.
El filósofo Pedro Abelardo () vinculó la unción de los enfermos con el bautismo y con la penitencia. La unción sería un complemento de la consagración del hombre a Dios a inicios de su vida cristiana en el bautismo. La relación con la penitencia marcaría su tono de contrición y de preparación para la vida eterna, que empezaba ya a ser explicitado.
Pedro Lombardo consideró la unción de enfermos como sacramento de moribundos. Afirmó que debía administrarse al final de la vida y la llamó expresamente "extrema unctio". Le atribuyó un doble efecto: perdón de los pecados y alivio de la debilidad corporal del enfermo. El efecto espiritual se produce siempre, mientras que el corporal solo se da cuando es conveniente para la salvación del enfermo .
Buenaventura (1274) se expresó de manera similar: lo presentó como el sacramento para el trance de la muerte, e indicó que el sujeto de la unción no era el enfermo sino el moribundo.