Se entiende por literatura peruana a las manifestaciones literarias producidas por autores de dicha nacionalidad, desde las tradiciones prehispánicas hasta el presente, lo que engloba la literatura cuzqueña, arequipeña, puneña, ayacuchana, juninense, amazónica y de otras regiones del territorio del Perú, y que ha alcanzado mayor brillo en el con nombres indispensables para la literatura universal, como el poeta César Vallejo o el novelista Mario Vargas Llosa. La pertenencia al canon de los cronistas de Indias es comúnmente más aceptada que otras manifestaciones paraliterarias, como la literatura infantil peruana o la literatura peruana de ciencia ficción.

Tradición andina prehispánica

La producción literaria del período prehispánico en el territorio centro-andino (que abarca territorios de las actuales repúblicas de Perú, Ecuador, Bolivia y Chile), está especialmente vinculada al Imperio de los Incas, siendo su principal vehículo de transmisión el idioma quechua o runa simi, que los incas impusieron como lengua oficial. Los cronistas de la conquista y de la colonia han dado fe de la existencia de una literatura quechua, que se transmitió de manera oral y que se suele dividir en cortesana y popular.

La literatura cortesana, llamada así por haberse realizado en la corte de los incas, era la literatura oficial, cuya ejecución estaba encargada a los amautas o profesores y a los quipucamayos o bibliotecarios, que usaban el sistema nemotécnico de los quipus o cordones anudados. Tres fueron los géneros principales que cultivaron: el épico, el didáctico y el dramático. El género épico está representada por los poemas que expresaban la cosmovisión del mundo andino (mitos de la creación, el diluvio, etc.), así como las que relataban el origen de los incas (leyendas de los hermanos Ayar, de Manco Cápac y Mama Ocllo, etc.). El género didáctico abarcaba fábulas, apólogos, proverbios y cuentos, ejemplares de los cuales han sido recogidos modernamente por diversos estudiosos. El género dramático, que a decir del Inca Garcilaso, abarcaba comedias y tragedias (obviamente, buscando sus equivalentes en la cultura occidental). En realidad eran representaciones teatrales en donde se mezclaban danza, canto y liturgia. Se afirma que el famoso drama Ollantay, cuya versión escrita data de la época colonial, tendría un núcleo fundamental de origen incaico y una serie de interpolaciones posteriores enderezadas al amoldarla al teatro hispano. La literatura popular es la que surgió espontáneamente en el pueblo y en el campo. Abarca masivamente el género lírico, es decir, composiciones poéticas que estaban unidas a la música y la danza, y que por lo general eran entonadas en grandes masas corales, alternándose hombres y mujeres. Estas manifestaciones formaban parte del que hacer cotidiano. Funerales, fiestas, nupcias, peleas, guerras, etc. estaban enmarcados en una ritualización expresada a través del arte. Son dos sus manifestaciones principales: El harawi, canción de diversos tipos (de amor, de arrepentimiento, de alegría, etc.). Tenía un carácter intimista y estaba a cargo de un aeda, denominado harawec o haravicu. En la época colonial derivó en el huayno y en el yaraví. El haylli, himno de alegría, se entonaba en las fiestas religiosas o en celebraciones de triunfos.

Muchas de estas creaciones han llegado a nuestros días de forma diferida, plasmadas en los trabajos de los primeros cronistas (el Inca Garcilaso de la Vega recupera poesía quechua, mientras que Felipe Guaman Poma de Ayala relata el mito de las cinco edades del mundo). thumb|150px|Adolfo Vienrich, autor de Azucenas quechuas. La literatura indígena fue desconocida o relegada hasta el . Su inclusión en el canon oficial fue lenta. Ya en su tesis El carácter de la literatura del Perú Independiente (1905), José de la Riva Agüero y Osma consideró "insuficiente" la tradición quechua como para considerarla un factor predominante en la formación de la nueva tradición literaria nacional. Posteriormente Luis Alberto Sánchez reconoció ciertos elementos de tradición y su influencia en la tradición posterior (en autores como Melgar) para dar base a su idea de literatura mestiza o criolla (hija de dos fuentes, una indígena y otra española), para lo que consulta fuentes en las crónicas coloniales (Pedro Cieza de León, Juan de Betanzos y Garcilaso).

La apertura real a la tradición prehispánica surge en las primeras décadas del gracias al trabajo de estudiosos literarios y antropólogos que recopilaron y rescataron mitos y leyendas orales. Entre ellos se destacan Adolfo Vienrich con Tarmap pacha huaray (Azucenas quechuas, 1905) y Tarmapap pachahuarainin (Fábulas quechuas, 1906); Jorge Basadre en La literatura inca (1938) y En torno a la literatura quechua (1939); y los estudios antropológicos y folclóricos de José María Arguedas (en particular, su traducción de Dioses y hombres de Huarochirí). Los trabajos más contemporáneos incluyen a Martín Lienhard (La voz y su huella. Escritura y conflicto étnico-cultural en América Latina. 1492-1988, 1992), Antonio Cornejo Polar (Escribir en el aire. Escribir en el aire: ensayo sobre la heterogeneidad socio-cultural en las literaturas andinas. 1994), Edmundo Bendezú (Literatura Quechua, 1980 y La otra literatura, 1986) y Gerard Taylor (Ritos y tradiciones de Huarochirí. Manuscrito quechua del , 1987; Relatos quechuas de la Jalca, 2003).

Bendezú afirma que la literatura quechua se constituye, desde la conquista, en un sistema marginal opuesto al dominante (de vena hispánica) y postula la existencia permanente y cubierta de una tradición de cuatro siglos. Habla de una gran tradición ("enorme masa textual") marginada y dejada de lado por el sistema escritural occidental, ya que esta "otra" literatura es, como el quechua, plenamente oral.

Colonia

El término literatura colonial (o literatura de la Colonia) hace referencia al estado del territorio del Perú del al , dependiente de la Corona española y políticamente organizado como un Virreinato.

Literatura del Descubrimiento y la Conquista

Con la conquista española llegó al Perú el idioma castellano (mal llamado español) y las tendencias literarias europeas. Se inicia un proceso que con el tiempo dará origen a una literatura mestiza o peruana, aunque inicialmente acuse de una preeminencia hispánica.

Francisco Carrillo Espejo ha acuñado el término de literatura del descubrimiento y conquista, con el que se designa al período que abarca todas las obras escritas durante el proceso de descubrimiento y conquista del Perú, que se inicia en 1532 en Cajamarca con la captura del último Inca, Atahualpa, y finaliza con la desarticulación del Imperio Incaico. La literatura de este período, aunque no necesariamente escrita durante este marco temporal, sí se vincula a los eventos desarrollados antes o durante este.

Las primeras manifestaciones literarias fueron las coplas recitadas por los conquistadores; un ejemplo es la célebre copla escrita por un soldado durante el segundo viaje de Pizarro, quejándose ante el gobernador de Panamá de las penalidades que padecían:

thumb|left|200px|Primera página de la Chrónica del Perú de Pedro Cieza de León. Luego aparecieron las crónicas, cartas de descubrimiento y relaciones. Particularmente, las crónicas constituyen un interesante género literario que mezcla la historia, el ensayo literario y la novela. Las primeras crónicas, escritas por los soldados y secretarios de las expediciones militares, tienen un estilo rudo y seco. Luego aparecieron otras obras mejor trabajadas, como la de Pedro Cieza de León (1518-1554), autor de la Crónica del Perú, dividida en cuatro partes: Parte primera de la Crónica del Perú, El Señorío de los Incas, Descubrimiento y Conquista del Perú y las Guerras Civiles del Perú, que constituyen el primer gran proyecto de una historia andina global. Debido a ello, algunos consideran a Cieza como el primer historiador del Perú. Finalmente, el Inca Garcilaso de la Vega, mestizo, hijo de un conquistador español y una noble inca, publicó a principios del sus Comentarios reales de los incas, obra que supera las exigencias de una simple crónica para convertirse en una obra maestra de la literatura, la primera escrita por un mestizo hispanoamericano.

El crítico Augusto Tamayo Vargas ha dividido a los cronistas en españoles, indígenas, mestizos y criollos.

Cronistas españoles Estos se dividen en dos grupos: cronistas de la conquista y cronistas de la colonización. Este último se subdivide a su vez en pre-toledanos, toledanos y post-toledanos.

Cronistas de la Conquista Miguel de Estete (1445 -1572) Autor de una célebre crónica o relación de la conquista del Perú, titulada El descubrimiento y conquista del Perú.

Cristóbal de Mena (1492 - Siglo XVI) Autor de La Conquista del Perú llamada la Nueva Castilla, la primera crónica de la conquista del Perú en ser publicada en abril de 1534.

Francisco de Jerez (1497 - 1565) Autor de Verdadera relación de la conquista del Perú y provincia de Cusco como rectificación a La conquista del Perú llamada la Nueva Castilla de Mena.

Diego de Trujillo (1505 - 1575) Autor de Relación del descubrimiento del reino del Perú.

Alonso Borregán(c.1508 - ¿?) Militar que escribió una historia de la conquista del Perú sobre los sucesos ocurridos entre 1533 y 1548. Su manuscrito permaneció olvidado hasta que lo descubrió el historiador peruano Rafael Loredo. Es un relato muy descuidado, cuyo atractivo es ser el testimonio de un oscuro soldado partícipe de los sucesos que relata.

Pedro Sancho de la Hoz (1514 - 1547) acomerciante, cronista y conquistador español activo en Perú y Chile.

Pedro Pizarro (1515 - 1571) Autor de una crónica extensa bajo el título Relación del Descubrimiento y Conquista de los Reinos del Perú. Cronistas de la colonización Pretoledanos Pedro Cieza de León Juan de Betanzos Agustín de Zárate Francisco López de Gómara Bartolomé de las Casas Cristóbal de Molina “el chileno”A este Molina se le atribuye una Relación de cosas acaecidas en el Perú, pero actualmente se cree que el autor de esta obra fue en realidad el clérigo Bartolomé Segovia. Ver: Las Crónicas de los Molinas. Diego Fernández de Palencia “el Palentino” Fray Gaspar de Carvajal

Toledanos Juan Polo de Ondegardo Pedro Sarmiento de Gamboa

Postoledanos Miguel Cabello Valboa El padre Martín de Murúa Fernando de Montesinos El padre José de Acosta Fray Reginaldo de Lizárraga El padre Bernabé Cobo

Cronistas indígenas thumb|right|200px|Autorretrato de Felipe Guamán Poma de Ayala, que aparece en su Nueva Crónica y Buen Gobierno. Tres nombres se mencionan especialmente entre los cronistas indígenas, nativos o indios: Titu Cusi Yupanqui, uno de los incas de Vilcabamba que en 1570 escribió una Relación de cómo los españoles entraron en Perú y el subceso que tuvo Manco Inca en el tiempo que entre ellos vivió. Felipe Guaman Poma de Ayala, autor de una original obra ilustrada: El primer Nueva Crónica y buen gobierno (sic), escrito entre 1585 y 1615, y publicada recién en 1936. En ella presenta el proceso de destrucción del mundo andino (debido a soberbia de los incas o falla en la comunicación con los españoles), tratando de explicar y presentar una alternativa a la realidad caótica de su tiempo. Juan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua, perteneciente al linaje de lo collaguas, es autor de una Relación de antigüedades de este reino del Piru, escrita hacia 1620 o 1630, y publicada en 1879. Usa para expresarse un rudimentario español, fuertemente quechuizado.

Cronistas mestizos Blas Valera (1545-1597), religioso jesuita natural de Chachapoyas, cuya Historia de los incas la usaron muchos cronistas españoles e incluso el mismo Inca Garcilaso y que aparentemente se perdió en un incendio en Cádiz, durante una guerra entre españoles e ingleses.