Se conoce como Decena Trágica al golpe de Estado militar que tuvo lugar del 9 al 19 de febrero de 1913 para derrocar al presidente de México Francisco I. Madero. La sublevación se inició en la Ciudad de México, donde un grupo de disidentes comandado por el general Manuel Mondragón se levantó en armas y puso en libertad a los generales Bernardo Reyes y Félix Díaz, quienes estaban presos. Posteriormente, asaltaron algunas dependencias del gobierno y decretaron el estado de sitio.Bolívar Meza, p. 2

El general Lauro Villar defendió el Palacio Nacional pero fue herido, por lo que Madero nombró en su lugar a Victoriano Huerta. Al paso de los días se solicitó la renuncia de Madero y José María Pino Suárez, lo cual fue rechazado. El 17 de febrero, Gustavo A. Madero descubrió que Huerta estaba en arreglos con los opositores y lo llevó ante el presidente, quien no creyó en sus palabras, y lo liberó.Bolívar Meza, p. 3 Poco después, Huerta firmó un acuerdo —el Pacto de la Embajada— en la sede de la embajada de Estados Unidos en México, con el apoyo del embajador Henry Lane Wilson, con Félix Díaz, en su calidad de jefe del ejército federal, consumando su traición destituyendo al presidente y al vicepresidente. Ese mismo día, Madero y Pino Suárez fueron arrestados, torturados, y obligados a renunciar al día siguiente.

El 19 de febrero, Victoriano Huerta fue designado presidente mediante una serie de maniobras ilegítimas, por lo que fue conocido como «el usurpador». Aunque hay constitucionalistas, como Felipe Tena Ramírez, que argumentan que jurídicamente no hubo una usurpación sino más bien una alta traición vía golpe de Estado.Bolívar Meza, p. 4 La revuelta culminó el 22 de febrero con el asesinato de Madero y Pino Suárez.Bolívar Meza, p. 5

Fue el primer golpe de Estado exitoso del en México.

Antecedentes Cuando Francisco I. Madero llegó a la Presidencia de México mantuvo vínculos con personas afines a Porfirio Díaz; tratando de mantener la estabilidad económica, social y de preservar la inversión extranjera, no realizó grandes reformas en la infraestructura de gobierno; y conservó intacto el ejército federal porfirista, licenciando a las tropas rebeldes.Gonzales, p.91Pérez López-Portillo, p. 208 Esto causó que perdiera el apoyo de muchos revolucionarios que consideraban que no se identificaba con las clases marginadas. Los hacendados tampoco estaban contentos ya que esperaban medidas más enérgicas para frenar la revolución campesina zapatista. La prensa lo hizo objeto de críticas que a veces rayaron en la ridiculización, lo que fue debilitando su fuerza política.Bolívar Meza, p. 1

Cuando algunos revolucionarios lo abandonaron, llamó al general Victoriano Huerta para luchar contra Pascual Orozco y Emiliano Zapata, que se habían levantado en armas. Las élites militares se sumaron a la oposición buscando la oportunidad para derrocarlo, entre los dirigentes de este movimiento estaban el general Bernardo Reyes y el general Félix Díaz, que contaba con el apoyo de los porfiristas en el exilio.Gonzales, p. 92 Después de romper relaciones con Madero, Bernardo Reyes se refugió en San Antonio, Texas, e intentó organizar desde allá un levantamiento. El 16 de septiembre de 1911 proclamó el Plan de la Soledad, que no consiguió apoyo en Estados Unidos, ni en México. Al ver que su intento resultó fallido, regresó derrotado a México y se entregó voluntariamente el 25 de diciembre de 1911 en Linares, Nuevo León, desde donde fue trasladado a la cárcel militar de Santiago de Tlatelolco.Aguilar Camín y Meyer, p. 24 Félix Díaz encabezó otro levantamiento en Veracruz el 16 de octubre de 1912, este con la intención de restablecer el antiguo régimen, pero fue contenido rápidamente por las fuerzas federales y encarcelado en la Penitenciaría de Lecumberri. Pérez López-Portillo, p. 210 Madero decidió no ejecutarlos.

Los generales Manuel Mondragón y Gregorio Ruiz, acompañados del empresario Cecilio Ocón, se reunieron en octubre de 1912 en La Habana, Cuba. Su intención era organizar una conspiración para derrocar a Madero, por lo que más tarde visitaron en la cárcel a Reyes y a Díaz, quienes estuvieron de acuerdo con los planes. Reyes propuso convocar a Huerta a participar en el movimiento, pero él rechazó la invitación porque consideraba que no era el momento adecuado.

Por otro lado, el gobierno de Estados Unidos no estaba de acuerdo con la política interna de Madero. Las huelgas, los reclamos por los derechos de los trabajadores y las peticiones de las clases acomodadas de restringir la entrada de capital extranjero, afectaban a muchas de sus compañías. Se dio inicio a una campaña contra el gobierno mexicano evidenciada en la prensa estadounidense y en las quejas de su gobierno por la falta de seguridad para sus ciudadanos radicados en México y por una supuesta «discriminación» sufrida por estos y sus empresas. El embajador Henry Lane Wilson resentido con Madero, a quien había solicitado un «subsidio económico decoroso» —solicitud que había sido rechazada—, contribuyó en gran parte a incrementar la presión, difundiendo noticias alarmantes y sugiriendo al presidente William Howard Taft, la necesidad de una intervención armada o incluso derrocar al régimen maderista.

La sublevación 9 de febrero La sublevación se inició la madrugada del domingo 9 de febrero de 1913 en la Ciudad de México, cuando los generales Manuel Mondragón y Gregorio Ruiz levantaron en armas a un grupo de cadetes de la Escuela Militar de Aspirantes de Tlalpan así como a la tropa del cuartel de Tacubaya Taracena, 1998; 153 Sus objetivos eran el Palacio Nacional, para capturar al secretario de Guerra Ángel García Peña; la prisión de Santiago Tlatelolco, para liberar al general Bernardo Reyes; y la prisión de Lecumberri, para liberar al general Félix Díaz.Pineda Gómez, p. 198

Un grupo de vanguardia de la Escuela de Aspirantes logró tomar el control de Palacio Nacional haciendo prisioneros a García Peña, Gustavo A. Madero —quien había pasado la noche investigando los movimientos de la conspiración y ya había puesto al tanto de los hechos al presidente—, y al intendente del sitio Adolfo Bassó.Taibo, 2009; 34-35 Sin embargo, gracias a la pronta reacción del general Lauro Villar, fiel al gobierno de Madero, el Palacio fue recuperado y los prisioneros liberados. Una pequeña fuerza del 24.º Batallón del cuartel de San Pedro y San Pablo y del 1.º de caballería penetró por las puertas traseras tomando por sorpresa a los golpistas.Taibo, 2009; 36-38

Mientras tanto Bernardo Reyes y Félix Díaz habían sido liberados. Los golpistas se dirigieron a Palacio Nacional, un pequeño grupo de vanguardia liderado por Gregorio Ruiz intimidó la rendición pero fue hecho prisionero, parte de su tropa desertó y se sumó a los leales.Taracena, 1998; 154Taibo; 2009; 45 A la defensa se habían unido el coronel Morelos y el vicealmirante Ángel Ortiz Monasterio.Taibo, 2009; 42

El grueso de la columna de rebeldes fue encabezado por Bernardo Reyes, a su llegada al Zócalo los esperaba una línea de tiradores. El general Lauro Villar, encargado de la defensa, salió al encuentro y frente a la presencia de una multitud de curiosos solicitó tres veces a Reyes que depusiera las armas; por su parte, Reyes intentó convencerlo para que se uniera al movimiento golpista.Taibo, 2009; 47 Debido a la negativa de Villar, Reyes intentó irse encima de él en su cabalgadura, lo que desató una profusión de disparos. Reyes fue de los primeros en morir acribillado, mientras que Lauro Villar salió herido en el hombro izquierdo. Los leales tuvieron 43 bajas y los rebeldes aproximadamente 115.Taibo, 2009; 48 Hubo 805 víctimas en total, la mayor parte civiles.

Después de este primer fracaso, las fuerzas rebeldes se desbandaron. A pesar de contar con superioridad numérica, Díaz y Mondragón decidieron refugiarse en La Ciudadela. El edificio, que funcionaba como depósito de armas y municiones, se encontraba resguardado por los generales Rafael Dávila y Manuel P. Villareal. Fue tomado a traición a las 11:30 a. m,Gonzales, p. 94 tras un corto intercambio de disparos, Villareal fue herido y rematado por la espalda. De esta forma los golpistas tuvieron a su disposición 27 cañones, 8500 rifles, 100 ametralladoras, 5000 obuses y veinte millones de cartuchos.Taibo, 2009; 60 350px|thumb|Francisco I. Madero durante la Marcha de la Lealtad. Madero que se encontraba en el Castillo de Chapultepec había sido informado por teléfono de lo sucedido, alrededor de las 7:00 a. m. García Peña le rindió personalmente los informes de la recuperación del Palacio,Zayas Enríquez, p. 71 por lo que el presidente salió rumbo al Palacio Nacional, custodiado por cadetes del Colegio Militar y gendarmes de la capital que habían sido congregados para su defensa por Federico González Garza —gobernador del Distrito Federal—, acompañado por miembros de su gabinete y amigos, en lo que se denominó la «Marcha de la Lealtad».

La marcha fue lenta, tuvieron que detenerse en la Fotografía Daguerre debido a que un francotirador de los rebeldes disparó a la caravana desde el edificio de la Mutua. Durante este receso, el presidente Madero fue alcanzado por su hermano Gustavo, quien le informó del fracaso de la segunda intentona. Asimismo, el general Victoriano Huerta, que había sido avisado de los acontecimientos llegó al lugar. Por instancias del ministro de Guerra, Huerta fue nombrado comandante militar de la plaza en sustitución del general Villar, quien había sido herido durante el combate.Pérez López-Portillo, p. 212 Este hecho sería considerado más adelante un lamentable error. Al llegar a Palacio el presidente estructuró la defensa, mandó llamar a los cuerpos militares, de Tlalpan, San Juan Teotihuacán, Chalco y Toluca. Se envió a La Ciudadela a un grupo de guardias presidenciales al mando del mayor Emiliano López Figueroa para que pidieran la rendición de los rebeldes, pero este movimiento fue inútil, López Figueroa fue capturado y los leales se dispersaron, entre ellos logró escapar Francisco L. Urquizo.Taibo, 2009; 63 A las 3:00 p. m., Madero decidió trasladarse a Cuernavaca para pedir personalmente ayuda al general Felipe Ángeles, militar de su confianza que se encontraba combatiendo con sus tropas a Emiliano Zapata.Flores Rangel, p. 329 Madero pasó la noche en el Hotel Bellavista. En la capital, Huerta ordenó el fusilamiento del general Gregorio Ruiz, muy probablemente para silenciarlo, pues este sabía de las conversaciones previas que Huerta había mantenido con los rebeldes.Taibo, 2009; 67 La Ciudadela se mantuvo en calma, los rebeldes ganaron la simpatía de la clase alta, señoras y señoritas de reconocidas familias repartieron cigarros y golosinas a los sublevados.

10 de febrero En la mañana del 10 de febrero Madero y Ángeles llegaron a la capital por el rumbo de Xochimilco y Tepepan, fueron recibidos por el ministro de Guerra Ángel García Peña. A pesar de la insistencia del presidente para nombrar a Ángeles como jefe de la plaza, el ministro ignoró la petición y decidió respetar el escalafón militar manteniendo a Huerta en el mando. El número de leales aumentó, las tropas de Cuernavaca llegaron por la tarde a la capital, asimismo cuatro regimientos de Celaya y Teotihuacán, y las tropas de Querétaro al mando de Guillermo Rubio Navarrete. En total se contaba con seis mil hombres. Desde Toluca llegó un telegrama muy urgente: