Las siete maravillas del mundo antiguo fueron un conjunto de obras arquitectónicas y escultóricas que los autores griegos, especialmente los del período helenístico, consideraban dignas de ser visitadas. A lo largo del tiempo se confeccionaron diferentes listados, pero el definitivo no se fijó hasta que el pintor neerlandés Maarten van Heemskerck realizó en el siete cuadros representando a las siete maravillas, las cuales eran: la Gran Pirámide de Guiza, los Jardines Colgantes de Babilonia, el Templo de Artemisa en Éfeso, la Estatua de Zeus en Olimpia, el Mausoleo de Halicarnaso, el Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría.

La expresión «maravillas del mundo» parece ser fruto de un error de traducción. Según Charles River, la idea no era la de recoger obras extraordinarias que despertaran admiración, en griego thamata, sino más bien «algo que ver», theamata; es decir, un listado de monumentos o lugares dignos de ser conocidos.

La lista definitiva

La lista que tiene mayor consenso es la siguiente, con sus elementos ordenados según su antigüedad:

La Gran Pirámide de Guiza. Terminada alrededor del año 2570 a. C., fue construida para el faraón Keops. Ubicada en Guiza, Egipto, se trata de la más antigua, la más grande y la más duradera. Los Jardines Colgantes de Babilonia. Construidos en 605 a. C.-562 a. C. ubicados en la ciudad de Babilonia, actual Irak. Perduraron hasta no más allá de 126 a. C., cuando la ciudad fue destruida definitivamente por los persas. Es la maravilla cuya existencia suscita más dudas. El Templo de Artemisa. En Éfeso (actual Turquía) comenzado a levantar por el rey Creso. Levantado hacia 550 a. C. y destruido por un incendio intencionado en 356 a. C., Alejandro Magno ordenó su reconstrucción, culminada tras su muerte en el año 323 a. C. Antípatro la consideraba la obra más impresionante de su lista con diferencia. La Estatua de Zeus en Olimpia. Esculpida hacia 430 a. C. por Fidias. Ubicada en el interior del templo dedicado al propio Zeus en la ciudad anfitriona de los famosos juegos. El Mausoleo de Halicarnaso. Empezado por el sátrapa Mausolo y continuado por su mujer Artemisia hacia 353 a. C. en la ciudad de Halicarnaso (actual Turquía). Se supone que sobresalía sobre los demás edificios por altura y por el color blanco de los materiales utilizados. Su nombre se convirtió en sinónimo de gran monumento funerario. El Coloso de Rodas. Forjado entre 294 a. C. y 282 a. C. por Cares de Lindos y ubicado en el puerto de la ciudad de Rodas en la isla homónima, Grecia, tras derrotar los rodios a Demetrio Poliorcetes. El Faro de Alejandría. Construido entre 285 a. C. y 247 a. C. en la isla de Faros, a la entrada de Alejandría (Egipto), para guiar a los navíos que se dirigían a los dos puertos con que contaba la ciudad. Al igual que la tumba de Mausolo, la torre de Faros hizo lo propio con los edificios construidos para ayudar a la navegación por medio de luces fijas en un sitio elevado.

Esta lista, fruto más del azar que de algún criterio técnico o estético, recoge tres obras con un claro fin religioso, el Coloso de Rodas a Helios, la Estatua en Olimpia a Zeus y el Templo en Éfeso a de Artemisa; dos que pueden considerarse erigidas por motivos hedonistas, el Mausoleo de Halicarnaso y los Jardines Colgantes;Maureen recoge la historia tradicional según la cual los monumentales jardines de 120 m de largo por 25 de alto tenían por finalidad disminuir la nostalgia de su esposa Amytis de origen medo y no acostumbrada a las áridas planicies de Babilonia. y por razones prácticas el Faro de Alejandría y la Gran Pirámide, esta última en el caso de resultar cierta la teoría de Kurt Mendelssohn, según la cual el reino unificado egipcio necesitaba dar algo a su gran población mientras las tierras de cultivo permanecían inundadas.

La razón del número siete Respecto al número, la razón de que fueran siempre siete, independientemente de la lista consultada, responde a la concepción helena, y también de otros pueblos antiguos, que consideraba a la cifra prima más alta el número perfecto.

Las principales listas Según y Erin Ash los griegos en particular tenían o tienen la costumbre de confeccionar listas con los más grandes o los más bellos ejemplos de cada especie. Estos autores le atribuyen el primer listado a Heródoto, considerado como el primer historiador, incluso Erin Ash Sullivan afirma que su obra reproduce la lista redactada por Heródoto. Pero este dato no deja de ser sorprendente, pues cuando Heródoto murió en 425 a.C., el príncipe Mausolo no había comenzado a gobernar, no existían el Coloso de Rodas y la propia ciudad de Alejandría no estaba siquiera planificada. Fernando por su parte indica que uno de los primeros en realizar una enumeración fue Calímaco de Cirene en el , el bibliotecario de la Biblioteca de Alejandría, quien escribió un libro titulado Sobre las maravillas de todas clases reunidas por lugares.

La confección definitiva de la lista resultó un proceso prolongado en el tiempo y nació tras numerosas referencias de distintos autores, si bien existía el consenso tácito de acotar su número a siete, una cifra de valor totalizador. La costumbre griega de confeccionar listas con los más grandes o los más bellos ejemplos de cada especie se remonta a Hecateo de Mileto y Heródoto de Halicarnaso, quienes sin embargo no recogieron una lista de maravillas y, por motivos cronológicos, no incluyeron monumentos como el Mausoleo, el Coloso o el Faro. Uno de los primeros en realizar una enumeración de maravillas, fue Calímaco de Cirene (), bibliotecario de la Biblioteca de Alejandría, quien escribió un libro titulado Sobre las maravillas de todas clases reunidas por lugares.

Lista de los Laterculi Alexandrini

Suele considerarse que un primer testimonio de las siete maravillas del mundo se recogía en los Laterculi Alexandrini (), pero el papiro donde se ha conservado (papiro de Berlín 13044) está en mal estado y la lista aparece incompleta, ya que solo recoge el Mausoleo, las pirámides y el templo de Artemisa.'

Lista confeccionada por Antípatro de Sidón left|thumb|300px|Las murallas de Babilonia, en la imagen, estuvieron en las primeras listas en vez de los Jardines Colgantes. Charles , Lynn y también el ya mencionado Fernando recurren al poema redactado por Antípatro de Sidón hacia finales del en el cual ya menciona nombres. Según Báez la descripción es muy escueta, pero ya cuenta una enumeración de monumentos que sí pudo contemplar Antípatro, al menos sus ruinas. El poema reza:

Este autor no menciona el faro de Alejandría y en su lugar incluye las murallas de Babilonia. De la misma manera, se refiere a las Pirámides en plural, no solo a la Gran Pirámide. Aquí surge un primer problema que ha causado cierta polémica hasta el : la inclusión de los Jardines Colgantes porque este autor es uno de los pocos que lo menciona y resulta muy difícil encontrar referencias a estos monumentales jardines en las fuentes mesopotámicas y clásicas.

Lugares nombrados en el tratado Sobre las siete maravillas (Περὶ τῶν ἑπτὰ θεαμάτων) También se relacionan con las maravillas los lugares citados en un tratado titulado Περὶ τῶν ἑπτὰ θεαμάτων (Sobre las siete maravillas), que fue atribuido al bizantino Filón, un autor que vivió en torno al 300 a. C. Sin embargo, la opinión de la crítica se inclina porque en realidad se trata de un texto mucho más tardío, probablemente del Irene Pajón Leyra, Entre ciencia y maravilla: el género literario de la paradoxografía griega, p.184, Zaragoza: Prensas Universitarias de Zaragoza (2011), ISBN 978-84-15274-61-2. En esta lista figuran los mismos lugares que los citados por Antípatro, aunque la parte correspondiente al mausoleo de Halicarnaso está mutilada.Manuel Sanz Morales, Mitógrafos griegos, p.290, nota complementaria, Madrid: Akal (2002), ISBN 84-460-1738-5.Περὶ τῶν ἑπτὰ θεαμάτωνpor: Texto en wikisource (en griego).

Listas de las maravillas en tiempos de Roma y Alta Edad Media

350px|thumb|Grabado del Coloso siguiendo la idea medieval contraria a las fuentes. Es la única maravilla que figura en todas las listas.

La primera mención de una obra romana en algún listado que se tenga noticia la da Gregorio Nacianceno en su libro De septem mundi espectaculi, como recoge . El de Nacianzo ponderó:

En la Alta Edad Media, Beda el Venerable escribió De septem mundi miraculis, en la cual también incluye construcciones romanas y descarta las Pirámides. Su selección fue bastante diferente de las anteriores: El Capitolio de Roma. El Faro de Alejandría. El Coloso de Rodas. La estatua ecuestre en hierro de Belerofonte. El Teatro de Heraclea. El Baño de Apolotaneo. El Templo de Artemisa.

Como puede apreciarse, las divergencias ente unos autores y otros eran considerables, hasta el punto de que solo la obra más breve, el Coloso de Rodas, fue la única con unanimidad a la hora de ser mencionadas, todas las demás causan baja en una u otra selección. Por otra parte tampoco existió un criterio de selección; así aparecen edificios, esculturas e incluso ciudades enteras.

Fijación definitiva de la lista

thumb|left|300px|Las Siete Maravillas del Mundo Antiguo, algunas pintadas por Maerten van Heemskrerck.

Las cuatro selecciones antes citadas son recogidas por la bibliografía, pero existieron otras donde aparecía el Templo de Salomón o el Arca de Noe en lugar de otras maravillas, como por ejemplo el Faro de Alejandría. Para Eva Tobalina la lista de referencia fue obra del autor franco altomedieval Gregorio de Tours. Según la fijación de la lista definitiva fue posterior y vino tras aparecer una representación pictórica de las mismas. Como se ha indicado, muchas estaban desaparecidas a mediados del y no se conocía su apariencia. En ese siglo el pintor neerlandés Maerten van Heemskrerck realizó una serie de pinturas y dibujos sobre las maravillas del mundo antiguo. Se decantó por la Estatua de Zeus y el Faro, descartó las murallas a cambio de los Jardines Colgantes e incluyó las siempre presentes Templo de Artemisa y Coloso de Rodas, además de la Gran Pirámide. Por lo tanto, según la elección de las obras no se debió a criterios estéticos, técnicos o religiosos; sino a las preferencias de un pintor que las dotó de una imagen, aunque bastante alejada de cómo debieron ser. Por supuesto, el artista neerlandés no contaba con los conocimientos de arqueología, historia, arquitectura y escultura posteriores, por lo que cometió numerosos errores: Uno de los fallos que más han desmentido historiadores y escultores es la posición del Coloso de Rodas. Tanto en lo que respecta a su postura como a la ubicación. El artista lo pintó a horcajadas frente al puerto de Rodas, algo considerado «técnicamente inalcanzable» para la tecnología de la época y la posterior, según José . El templo de Artemisa, por su parte, poseía dos columnatas en estilo jónico sobre las que descansaba la techumbre, en lugar de los dos cuerpos con los que fue pintado. El Faro no sigue las descripciones aportadas por más de diez fuentes árabes medievales que lo vieron en funcionamiento, según el arquitecto Paolo . Estas fuentes indican que la construcción poseía tres cuerpos bajo la linterna, donde se hallaba el fuego y el espejo para intensificar la luz. La Gran Pirámide aparece más estilizada que la levantada en la planicie de Guiza y sin recubrimiento de alabastro, como lo estuvo hasta la destrucción de El Cairo, informa Pablo . La estatua de Zeus podría ser similar a la representada, no así el templo. Las excavaciones en Olimpia han demostrado que contaba con una piscina delantera, llena de agua, en la que se reflejaba la obra de Fidias, aumentando más aún su magnificencia. El más parecido a los datos disponibles era el Mausoleo.

Helenocentrismo y ausencias

thumb|left|190px|La Acrópolis ateniense no fue incluida en ninguna lista.