miniaturadeimagen|Democracias liberales. La democracia liberal o democracia sustantiva es una forma de gobierno que consiste en una democracia representativa, combinando la organización de una democracia con ideas de la filosofía política liberal. Se caracteriza por elecciones entre distintos partidos políticos, la separación de poderes, el Estado de derecho, una economía de mercado con propiedad privada, sufragio universal y la protección equitativa de los derechos humanos, derechos civiles, libertades civiles y libertades políticas para todos los ciudadanos.
En las democracias liberales, la autoridad gubernamental se ejerce legítimamente solo de acuerdo con leyes escritas y divulgadas públicamente que se adoptan y se hacen cumplir de acuerdo con un procedimiento establecido. Para definir el sistema en la práctica, las democracias liberales a menudo son moderadas por una constitución, codificada o incodificada, que las regula en la protección de los derechos y las libertades individuales y colectivas, delineando los poderes del gobierno y consagrando el contrato social. Es la forma que revisten las democracias en la actualidad y se estructura en cinco pilares: soberanía popular, igualdad política, elecciones libres, voluntad de la mayoría y libertades individuales.
Las democracias liberales pueden tomar varias formas constitucionales como puede ser una monarquía constitucional o una república. Pueden tener un sistema parlamentario, un sistema presidencial o uno semipresidencial. Las democracias liberales contrastan con las democracias iliberales y las dictaduras. Algunas democracias liberales, en particular aquellas con grandes poblaciones, usan el federalismo (conocido también como separación vertical de poderes) para evitar abusos y aumentar la participación pública dividiendo los poderes gobernantes en gobiernos municipales, provinciales y nacionales.
Los derechos y las libertades garantizados por las constituciones de las democracias liberales son variados, pero normalmente incluyen gran parte de los siguientes derechos: a un debido proceso, a la intimidad, a la propiedad privada y a la igualdad ante la ley, así como las libertades de expresión, asociación y culto. En las democracias liberales esos derechos (a veces conocidos como «derechos fundamentales») suelen estar regulados bien constitucionalmente o bien mediante la ley. Además generalmente existen instituciones civiles con la capacidad de administrar o reforzar dichos derechos.
Las democracias liberales se suelen caracterizar por la tolerancia y el pluralismo político; las ideas sociales y políticas diferenciadas, incluso las más extremas, pueden coexistir y competir por el poder político siempre sobre una base democrática. Las democracias liberales celebran periódicamente elecciones donde los distintos grupos políticos compiten para alcanzar el poder.
El término «liberal» dentro de la expresión «democracia liberal» no implica que el gobierno de una democracia de este tipo deba seguir estrictamente la ideología política del liberalismo, si bien el concepto puro de «democracia liberal» nace de la corriente del liberalismo político.
Los orígenes de la democracia liberal se remontan en parte a una serie de acontecimientos históricos y teorías que delimitaron el papel del Estado y limitaron sus poderes, en paralelo con el desarrollo de la idea de los derechos individuales. Generalmente, se cree que la democracia liberal en Occidente se originó en la Ilustración europea y las revoluciones estadounidense y francesa de finales del , aunque algunos de sus principios fundacionales, como el gobierno limitado, se remontan a acontecimientos anteriores, como la firma de la Carta Magna en 1215 en Inglaterra. Las perspectivas convencionales que apoyaban a las monarquías y aristocracias fueron cuestionadas inicialmente por un grupo relativamente pequeño de intelectuales ilustrados, quienes creían que los asuntos humanos debían regirse por la razón y los principios de libertad e igualdad. Pensadores como John Locke (1632-1704) argumentaban que todas las personas son creadas iguales, que los gobiernos existen para servir al pueblo —y no al revés— y que las leyes deben aplicarse tanto a gobernantes como a gobernados (un concepto conocido como Estado de derecho), formulado en Europa como Rechtsstaat. Al mismo tiempo, El espíritu de las leyes (1748) de Montesquieu promovió la doctrina de la separación de poderes, El contrato social (1762) de Rousseau articuló el principio de la soberanía popular y la «voluntad general», y Voltaire defendió la libertad de conciencia y de expresión. Estas ideas fueron fundamentales para la Revolución francesa y se extendieron ampliamente por toda Europa y más allá. También influyeron en la Guerra de independencia estadounidense y en el desarrollo general de la democracia liberal. Tras un período de expansión en la segunda mitad del , la democracia liberal se convirtió en un sistema político predominante en el mundo. Sin embargo, «no es aún la forma de gobierno mayoritaria» en el mundo.
Tras el fin de la Guerra Fría a finales del , muchos observadores políticos se mostraron muy optimistas sobre las perspectivas de la democracia liberal. Por ejemplo, el teórico político estadounidense Francis Fukuyama anunció célebremente el «fin de la historia», es decir, la victoria de la democracia liberal como la forma definitiva de gobierno humano y «el agotamiento total de las alternativas sistemáticas viables al liberalismo occidental». Sin embargo, la democracia liberal continuó siendo cuestionada en las décadas posteriores. Líderes autocráticos, en países como China o Rusia, continuaron gobernando en países poderosos, presentando así un modelo alternativo de gobernanza. La democracia liberal también se ha visto cuestionada en varios países por el surgimiento de líderes populistas (predominantemente de derecha) en las primeras décadas del , entre ellos el primer ministro Viktor Orbán de Hungría, quienes han tendido a desestimar ideales liberal-democráticos clave como el pluralismo, el Estado de derecho o la necesidad de controles institucionales sobre el poder gubernamental.
Estructura: los cinco principios de la democracia liberal Según la politóloga de la Universidad de Barcelona Mariona Tomàs la democracia liberal se estructura en cinco pilares o principios: soberanía popular, igualdad política, elecciones libres, voluntad de la mayoría y libertades individuales. Soberanía popular. Como el sentido etimológico de la palabra democracia indica (democracia es el «gobierno del pueblo») la titularidad última de los poderes del Estado se atribuye al «pueblo», es decir, al conjunto de los miembros de la comunidad política, el demos, sin distinción de ningún tipo (raza, sexo, religión, etc.). Cada uno de ellos tiene la capacidad de decidir (reconocimiento del pluralismo político), aunque el ejercicio del poder es cedido a una parte (democracia representativa). Igualdad política. Todos los ciudadanos tienen garantizado el derecho de decidir, de votar y de ser votados (sufragio universal). Elecciones libres. El mecanismo principal de ejercicio de la soberanía popular son las elecciones libres, imparciales, competitivas y periódicas, aunque pueden existir otras formas de participación ciudadana en la gestión pública (referéndum, plebiscito, etc.). Así pues, son los ciudadanos los que deciden quién gobierna a partir de las elecciones. Voluntad de la mayoría. La toma de decisiones se hace por mayoría, con distintos grados según el tipo de decisión (mayoría simple, mayoría absoluta, mayoría cualificada). Libertades individuales. Los derechos individuales y los derechos de las minorías están protegidos por la Constitución (o por las leyes cuando no existe una Constitución escrita, como en el caso de Reino Unido), lo que quiere decir que la voluntad de la mayoría no puede quebrantarlos ni vulnerarlos, atendiendo a que los individuos son portadores de iguales derechos.
thumb|175px|Eduskunta. Existen varias naciones y territorios que afirman ser los primeros en establecer el sufragio universal. El Gran Ducado de Finlandia tenía sufragio universal completo en 1906. La estabilidad política de las democracias liberales depende de un fuerte crecimiento económico, así como de instituciones estatales sólidas que garanticen elecciones libres, el estado de derecho y las libertades individuales. Según Seymour Martin Lipset, aunque no son parte del sistema de gobierno como tal, un mínimo de libertades individuales y económicas, que dan como resultado la formación de una clase media significativa y una sociedad civil amplia y floreciente, se ven como condiciones previas para democracia liberal.
Toda Constitución democrática liberal define el carácter democrático del Estado. El objetivo de una Constitución es frecuentemente el de fijar límites en la autoridad del gobierno. La tradición política americana enfatiza la separación de poderes, la judicatura independiente y un sistema de observación y control entre los distintos poderes. Muchas de las democracias europeas se centran más en la importancia de constituirse en un Estado de Derecho. La autoridad gubernamental es ejercida de forma legítima solamente en armonía con las leyes escritas y promulgadas de acuerdo con los procedimientos establecidos. Muchas democracias utilizan el federalismo (también conocido como separación vertical de poderes) que reparte el poder entre los gobiernos municipales, regionales y nacionales, para prevenir la concentración del poder e incrementar la participación ciudadana en cualquier lugar.
Requisitos Los ocho requisitos de Robert Dahl En ciencia política se siguen tomando como referencia para considerar a un país como democrático los ocho requisitos propuestos por Robert Dahl en su libro La poliarquía (1971) y que son los siguientes: Libertad de asociación. Los ciudadanos deben poder unirse y formar grupos para defender sus intereses. Libertad de expresión. Los ciudadanos deber poder expresarse libremente sin ningún tipo de censura. Derecho de voto. Poder escoger libremente a sus representantes políticos. Derecho de elegibilidad para los cargos públicos. Poder presentarse para ser elegido. Elecciones libres e imparciales. Celebrar elecciones periódicas sin interferencias ni coacciones de ningún tipo y en las que los ciudadanos puedan escoger libremente entre distintas opciones políticas. Libertad de información. Que existan fuentes de información libres y plurales. Existencia de instituciones cuyas políticas sean dependientes del voto y otras formas de expresión de las preferencias. Es decir, tiene que estar garantizada la rendición de cuentas y la responsabilidad política.
Según Dahl de los ocho requisitos se derivan una decena de consecuencias deseables que convierten a la democracia liberal en el mejor de los sistemas políticos:
Por su parte Mariona Tomàs, actualizando la propuesta de Dahl, ha señalado que «la democracia [liberal] se ha ido estableciendo como el sistema más cercano al ideal de Gobierno del pueblo, gracias a distintas olas de democratización», pero que «no hay muchos países que puedan presumir de un sistema político democrático de larga duración y sin interrupciones». Según Tomàs sólo 21 países (de los cerca de 200 existentes en el mundo) tienen un sistema democrático sin interrupción desde 1945: quince europeos (Alemania, Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Países Bajos, Irlanda, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Reino Unido, Suecia y Suiza), dos americanos (Canadá y Estados Unidos), dos asiáticos (Israel y Japón) y dos de Oceanía (Australia y Nueva Zelanda). De esta lista Tomàs matiza que Suiza no reconoció el sufragio femenino hasta principios de la década de 1970, y que en la República Democrática Alemana no hubo democracia hasta su unificación con la República Federal Alemana en 1991.
La clasificación de Freedom House