Cenicero es un municipio riojano de la comarca de Logroño, en la Rioja Media-Alta. Tiene 2176 habitantes y una superficie de 31,76 km². Su densidad de población es de 68,51 habitantes por km². Ostenta el título de muy humanitaria ciudad.
Es un municipio eminentemente agrícola, en donde la vinicultura es el principal producto. Cenicero se sitúa en la orilla derecha del Ebro al lado del río Najerilla. El terreno que ocupa está constituido por terrazas naturales que se prestan al cultivo de la vid.
Toponimia Hay dos teorías que pugnan por explicar el origen del nombre de Cenicero: la primera de ellas defiende la tesis de que dicho nombre viene de las cenizas que dejaban los pastores en su estancia invernal por la zona; la otra, defiende la hipótesis de que el nombre de Cinassariam se debe a las cenizas que sobraban al realizar el carbón vegetal de encina y carrasca, que abundaban en la zona.
Geografía
Integrado en la comarca de Rioja Media, se sitúa a 25 kilómetros de Logroño. El relieve del municipio está definido por la ribera derecha del río Ebro, que hace de límite con la provincia de Álava, y por una llanura con elevaciones aisladas que asciende progresivamente hacia el sur. El río Najerilla hace de límite noroccidental hasta su desembocadura en el Ebro. La altitud oscila entre los 783 metros al sureste (Dehesa de Navarrete) y los 405 metros a orillas del Ebro. El pueblo se alza a 437 metros sobre el nivel del mar.
Limita al norte con Baños de Ebro (Álava) y Elciego (Álava), al este con Fuenmayor, al sureste con Navarrete, al sur con Uruñuela y Huércanos, al oeste con San Asensio y al noroeste con Torremontalbo.
Comunicaciones El término municipal está atravesado por la Autopista Vasco-Aragonesa (AP-68) y por la carretera nacional N-232, entre los pK 426 y 432, además de por las carreteras autonómicas LR-113, que se dirige hacia Uruñuela, LR-211, que conecta con el municipio alavés de Elciego, y LR-321, que permite la comunicación con Huércanos.
Existe estación de tren, actualmente sin servicio al no tener parada ninguno de los 5 trenes por sentido que circulan diariamente en la línea.
El aeropuerto más cercano es el de Logroño.
Hidrografía La hidrografía del municipio está marcada por el río Ebro y su afluente el Najerilla. El aprovechamiento de sus aguas para el cultivo de regadío ha hecho que se construya una amplia red de canales de riego. El Ebro es un río caudaloso que a la altura de Cenicero tiene ya un importante caudal y un cauce ancho. El Najerilla, mucho más humilde, viene de las estribaciones de la Sierra de la Demanda.
Orografía En terrazas naturales que vierten a los dos ríos que rodean el municipio con una vegetación típicamente mediterránea en donde abunda la carrasca y el tomillo. El territorio ha sido dominado por el hombre para realizar la labores agrícolas desde tiempos prehistóricos.
Historia miniatura|Puente de Cenicero, principios del En la Crónica Albeldense se menciona la famosa expedición que llevó a cabo Alfonso I, rey de Asturias, por la ribera del Ebro en el año 740. En dicho relato se refieren las localidades destruidas: Mirandam (Actual Miranda de Ebro), Revendecam, Carbonariam, Abeicam (Ábalos, desde donde cruzó el Ebro), Brunes (Podría ser Briones pero no es del todo seguro), Cinissariam (Actual Cenicero) y Alesanco.
En 1375 recibe la carta poblacional, que permitía la repoblación de la zona y constituía un bastión contra los navarros. Según un documento de la época: En esa época se construyó un castillo sobre el cerro desde el que se divisa el actual caserío de Cenicero.
De 1403 existen documentos sobre litigios con Huércanos sobre límites y pastos.
La población estaba unida a Nájera, pero a comienzos del ya contaba con territorio propio.
En 1465, Enrique IV crea el Ducado de Nájera y se lo otorga a Pedro Manrique de Lara y Sandoval.
En 1636, bajo el mandato de Jorge de Cárdenas y Manrique de Lara, VI Duque de Nájera, la población se convirtió en villa.
En 1767 el rey Carlos III concedió a la villa el privilegio de celebrar mercado franco.
En 1790 Cenicero fue uno de los pueblos fundadores de la Real Sociedad Económica de La Rioja, una de las sociedades de amigos del país fundadas en el conforme a los ideales de la ilustración.
En 1808 durante la Guerra de la Independencia Española, las tropas francesas se instalaron en Cenicero.
En 1838 la ciudad recibe al General Espartero con una gran fiesta y un arco, después de la batalla de Peñacerrada, donde venció a los carlistas.
En 1855 se construyó el puente sobre el barranco que divide el casco viejo de la zona nueva de la villa, obra del ingeniero Miguel Alcolado.
En 1907 se instaló luz eléctrica en la ciudad, generada por la compañía Sociedad Anónima Electra de Cenicero. En 1915 se construyó el Hospital Municipal. En 1916 se instaló una estación de telégrafo. En 1951 se estableció agua corriente para toda la ciudad.
Defensa de los cenicerenses frente al ejército carlista El 21 y 22 de octubre de 1834 tuvo lugar el asedio a la torre de Cenicero por los carlistas. La Milicia Urbana de Cenicero, compuesta por 70 hombres, resistió bizarramente durante 26 horas seguidas a las tropas de Tomás de Zumalacárregui, de unos 5000 soldados. El jefe carlista había atravesado muy de mañana el Ebro desde la orilla norte por el vado Tronconegro situado unos tres kilómetros al oeste de la localidad para apresar un convoy de armas procedente de Burgos y con destino a Logroño. Cuando llegó al camino real el convoy ya había pasado, por lo que inició la persecución. Para ello tenía que atravesar Cenicero, cruzando el puente que sobre un barranco divide en dos la localidad. A la entrada del puente y a mano izquierda, según venía Zumalacárregui, se encuentra la iglesia y ante su pórtico la Milicia Urbana había levantado una barricada con puertas, colchones y sacos de paja. Ante el fuego de los Urbanos, imposibilitándole el paso, Zumalacárregui tuvo que rodear el pueblo, lo que le ocasionó pérdida de tiempo aunque finalmente consiguió alcanzar y apoderase del convoy cuando este ya estaba a la vista de Logroño. Al volver, dado el carácter vengativo que caracterizaba al jefe carlista, se empeñó en apoderarse de los individuos de la Milicia Urbana y fusilarlos, tal como era en él costumbre. Los Urbanos de Cenicero, con solamente 1800 cartuchos, resistieron desde las once de la mañana hasta el anochecer tras su barricada ante la puerta de la iglesia.
Hubo escenas patéticas. Los carlistas obligaron a Doña Benita Hernáez, que tenía dos hijos encerrados en la iglesia, para que les intimase a la rendición obteniendo a cambio perdón; doña Benita les conminó a resistir con estas palabras: "Hijos míos: me obligan a que os diga que entreguéis las armas, pero yo os aconsejo que os defendáis hasta el último aliento; y si me traen por delante con vuestras hermanas, matadnos antes que rendiros". Sus hijos conmovidos la obligaron a encerrarse con ellos. Al anochecer los Urbanos cedieron la barricada y se retiraron a la torre exenta, ante cuya pequeña puerta habían levantado un parapeto con losas arrancadas del suelo. Los intentos de los carlistas de asaltarlo resultaron fallidos, siendo sacrificados en ellos muchos hombres de su selecto cuerpo de Guías de Navarra.
Zumalacárregui, hastiado de sus infructuosos resultados, ordenó dar fuego a la iglesia quemando altares, órgano, imágenes etc. utilizando para avivar el fuego mobiliario de las casas de Cenicero. Tratando de endurecer los efectos del fuego echaron en él cuanto pimiento molido y sin moler había en el pueblo.
No murió ni uno solo de los encerrados en la torre, único lugar que se salvó de las llamas debido a que la torre es exenta y a que el aire castellano llamado cierzo y que recorre la Rioja proviniendo del oeste, inclinó las llamas a la parte opuesta de la torre. El balance de las fuerzas carlistas fue de unos 60 muertos y más de 80 heridos. A las once de la mañana del día 22, tras 26 horas de lucha, Zumalacárregui abandonó Cenicero ante el temor de la llegada de auxilio, diciendo: "Bien merecen esos valientes ser premiados, si cosa mía fuera, no echaría en olvido su heroísmo".
Esta gesta heroica se celebró con admiración y asombro en toda España, traspasando fronteras. La reina otorgó a estos valientes medallas de oro en forma de estrella, doce de los más distinguidos son condecorados con la cruz individual de Isabel II. Económicamente, por suscripción en varias provincias de España y del extranjero, se alivió a los urbanos, cuyas casas habían sido saqueadas por las tropas de Zumalacárregui.
Fundada la Sociedad y Cofradía de Los Urbanos se celebra su fiesta el 22 de octubre hasta 1936.
Colocación de la Estatua de la Libertad miniatura|Estatua de la Libertad En 1897 se acordó levantar un monumento a la memoria de los héroes, encargándose la ejecución de una estatua de la Libertad a Niceto Cárcamo, natural de Briones.
El ayuntamiento donó 300 pesetas, y la Sociedad de Milicianos los fondos que tenía; el duque de la Victoria 100 pesetas; Sagasti 250 y otras 100 el Marqués de Reinosa.
miniatura|La Estatua de la Libertad a principios del El 27 de octubre de ese mismo año se colocó en la plaza de Cantabrana (actual plaza del Doctor San Martín), permaneciendo hasta 1936, año en que volvieron los carlistas a Cenicero, de la mano del general Franco. Cuando los carlistas vieron la estatua la enviaron directamente a la cárcel. En 1976, gracias al entusiasmo de un grupo de cenicerenses era reinstaurada nuevamente en esa misma plaza con un nuevo pedestal, obra de los escultores Dalmati-Narvaiza. En 1997 se celebró el centenario de la Estatua de La Libertad. Con tal motivo se creó una comisión encargada de coordinar y organizar los actos que se celebraron a lo largo de todo el año en memoria de La Libertad. De todos los actos, el más significativo fue el cambio de estatua.
En este pedestal se encuentra una placa con los nombres de los protagonistas de esta gesta.
Con motivo del Centenario de La Estatua de La Libertad, en 1997 se llevaron a cabo una serie de actos creando una Comisión encargada de organizarlos.
También se hizo una réplica en bronce de la estatua porque con el paso del tiempo se encuentra muy deteriorada, produciéndose un nuevo cambio y descansando la auténtica de hierro en el Vestíbulo de la Casa de Cultura Las Monjas.
Catástrofe de Torremontalbo miniatura|Traslado de heridos en la catástrofe de Torremontalbo (1903) Hacia las tres de la tarde del día 27 de junio de 1903, en las inmediaciones de Torremontalbo, el tren correo de Bilbao a Castejón, número 160, atravesaba la curva del puente de hierro de esta localidad, cuando debido a la velocidad y al mal estado del puente el tren descarriló en el barranco del río Najerilla. Esta catástrofe había sido presentida por los pueblos de alrededor y especialmente por el conde de Hervías, Trinidad Pedro Manso de Zúñiga y Enrile, quien en numerosas ocasiones se había quejado del estado del puente. Cayeron al río Najerilla los 17 vagones que componían el convoy, manteniéndose en el puente las dos locomotoras. Murieron 43 personas y otras 80 resultaron heridas.
El puente, que lo gestionaba la Compañía del Norte, había sido construido en 1880 y tenía deficiencias de mantenimiento; con defectos de arriostramiento en las vías principales del puente y falta de contracarriles. En 1914 se derrumbó un pilar por la crecida del Najerilla y en 1924 se detectó que otro de los pilares estaba hundido, todo esto llevó a tomar la decisión de hacer un nuevo puente que se inauguró el 30 de abril de 1926.