thumb|Curación de la hemorroísa. Fresco de las catacumbas de Roma. Arte paleocristiano es el arte que se desarrolló durante los cinco primeros siglos después de Cristo, desde la aparición del cristianismo, en los inicios del Imperio romano, hasta la caída del Imperio romano de Occidente, aunque en el Imperio romano de Oriente tuvo su continuación en el llamado arte bizantino.

El historiador Manuel Sotomayor ha cuestionado el uso del término «arte cristiano» para referirse a las expresiones artísticas de los cristianos de la Antigüedad. Según sus palabras: «Para dar expresión a su cristianismo, los cristianos sirios, griegos, romanos o coptos utilizaron los medios artísticos propios de sus respectivas culturas, que se ponían, a su vez, al servicio del cristianismo o prestaban sus formas a contenidos cristianos. Para ser exactos, pues, en vez de "arte cristiano" hay que hablar de "arte con contenido cristiano" o especificar en cada caso "arte romano-cristiano", "arte sirio-cristiano", etcétera».

Arquitectura

Todavía a principios del Clemente de Alejandría destacaba la peculiaridad de los cristianos de que no necesitaban templos para venerar a su Dios. Ellos mismos eran el templo de Cristo, lo que, por otro lado, desconcertaba a griegos y romanos: «Nosotros somos templo de Dios vivo», había escrito Pablo en la segunda epístola a los corintios (); «El Dios que hizo el mundo y todo lo que contiene, él que es Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos construidos por hombres, ni lo sirven manos humanas...», dijo también Pablo en Atenas, según relatan los Hechos de los Apóstoles (). Clemente de Alejandría escribió:

thumb|Plano de la domus ecclesiae de Dura-Europos: 1. Patio; 2. Pórtico; 3. Estancia; 4. Sala de reunión; 5. Estancia; 6. Baptisterio; 8. Vestíbulo. En los dos primeros siglos los cristianos celebraban sus reuniones y liturgias en casas particulares. Los primeros testimonios fidedignos sobre edificios específicos para realizarlas son de principios del y el primer resto arqueológico de un templo cristiano, en realidad una casa adaptada a las necesidades del culto (domus ecclesiae), es la llamada iglesia de Dura-Europos, a orillas del Éufrates (el yacimiento, que data de la primera mitad del siglo, fue excavado y estudiado por arqueólogos franceses y estadounidenses después de la I Guerra Mundial).

Catacumbas

Las catacumbas eran cementerios subterráneos formando largas galerías. Aunque existieron en otros lugares como en Nápoles, en Siracusa, en Malta o en el norte de África, las más importantes, con diferencia, fueron las excavadas en los alrededores de Roma, cuyo suelo lo permitía por su maleabilidad, por una parte, y suficiente consistencia, por otra. Se han contabilizado más de sesenta y algunas superan los doce kilómetros de galerías. Las utilizaron los cristianos, también los judíos, como el lugar donde enterraban a sus muertos y esa fue su función principal, no la de servir de refugio cuando eran perseguidos, como se sigue creyendo a menudo. Según Manuel Sotomayor, «la causa que les condujo a utilizar un sistema de enterramiento tan laborioso no fue el deseo de ocultamiento, sino una aplicación ampliada de la ya conocida práctica de los hipogeos, que podía servirles, además, para solucionar el problema que significaba el crecimiento de la comunidad y la consiguiente necesidad de abundante terreno para las inhumaciones».

El término catacumba fue el nombre propio de una de ellas, la de San Sebastián, que se encontraba en un lugar situado junto a la Via Appia de Roma conocido como cata cúmbas («junto a las cavidades», o gran depresión que había en la zona), y que luego se aplicó al resto de necrópolis subterráneas. Además de las pinturas, en las catacumbas se han conservado numerosas inscripciones y todo tipo de objetos cuyo estudio ha proporcionado datos valiosos para conocer el cristianismo primitivo. Por otro lado, como en ellas estaban enterrados mártires pronto se convirtieron en lugares de peregrinación.

La catacumba se organizaba en varias partes: estrechas galerías (ambulacrum) con nichos longitudinales (loculi) en las paredes para el enterramiento de los cadáveres. En algunos enterramientos se destacaba la notabilidad de la persona enterrada, cobijando su tumba bajo un arco semicircular (arcosolium).

En el en el cruce de las galerías o en los finales de las mismas se abrieron unos ensanchamientos (cubiculum) para la realización de algunas ceremonias litúrgicas. Las catacumbas se completaban en el exterior con una edificación al aire libre, a modo de templete (cella memoriae), indicativa de un resto de reliquias que gozaban de especial veneración. Entre las catacumbas romanas más importantes destacan las catacumbas de San Calixto, las catacumbas de Santa Inés, las catacumbas de Priscila, las catacumbas de Domitila y la catacumba de los santos Gordiano y Epímaco.

Basílicas thumb|Basílica de Aquilea.

En los templos griegos y romanos las procesiones y sacrificios se celebraban al aire libre y en el interior sólo estaba el altar con la estatua del dios, por lo que los cristianos no pudieron tomarlos como modelo ya que sus iglesias necesitaban mucho más espacio para contener a los fieles que se acercaban a orar dentro del templo o para participar en las ceremonias litúrgicas. A partir de Constantino se levantaron en su lugar basílicas, la mayoría de ellas por iniciativa del propio emperador.

Se ha debatido el origen de las basílicas (el Segundo Templo de Jerusalén, una ampliación de la casa romana, las termas, una creación ex nihilo, etc.), pero existe cierto consenso en considerar a la basílica romana, que se solía situar en el foro, como su antecedente inmediato, aunque presenta dos notables diferencias respecto a las basílicas cristianas: su carácter abierto y la inexistencia de un eje longitudinal en el espacio interior. Así pues, se puede considerar a la basílica cristiana como un nuevo tipo de basílica. De tal forma que en todo el Imperio quedó asociado el concepto de iglesia con el de basílica.

Según la clase de culto que se realizara preferentemente en su interior se suelen distinguir dos tipos de basílicas: las destinadas a la veneración de los mártires o de lugares privilegiados de Tierra Santa y las dedicadas al culto eucarístico. La más antigua del primer tipo es la antigua basílica de San Pedro (sobre la que se edificó en el la actual Basílica de San Pedro). Fue mandada construir por el emperador Constantino para honrar la memoria del apóstol Pedro en el lugar donde se creía que se encontraba su sepultura. Era, pues, un martirium, una continuación (majestuosa) de los humildes martyria anteriores construidos sobre las tumbas de los venerados mártires (y que constituyeron la primera manifestación de la arquitectura cristiana, pero que no se han conservado). Terminada en el año 329 constaba de cinco naves que servían para acoger a los peregrinos y que también albergaban las tumbas de los que tuvieron el preciado privilegio de ser sepultados ad martyrem. Otros ejemplos de este tipo son la basílica del Santo Sepulcro de Jerusalén (consagrada en 336), la Basílica de la Natividad de Belén y la Iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla, todas ellas asimismo obra del emperador Constantino (la de Constantinopla, que no se ha conservado, albergaría su tumba). thumb|Reconstrucción de la planta inicial de la gran basílica de San Juan de Letrán. La primera de las basílicas dedicadas al culto eucarístico. También se debe a Constantino la construcción de la primera basílica del segundo tipo, la dedicada al culto eucarístico. Se trata de la gran basílica de San Juan de Letrán, que Constantino cedió al obispo de Roma (junto con el palacio imperial contiguo). Constaba de cinco naves, separadas por columnas. La central más ancha y más alta para poder abrir ventanas e iluminar así el interior. Sirvió de modelo a otras muchas basílicas, aunque la mayoría de ellas se construyeron con tres naves en lugar de cinco, como la basílica de Santa Sabina, también en Roma. La cubierta era plana y de madera y la cabecera solía tener un ábside con bóveda de cuarto de esfera bajo la que se albergaba el altar.

Era frecuente que al edificio basilical se accediera a través del atrio o patio rectangular, con una fuente en el centro, que conducía hasta el nártex o sala transversal situada a los pies de las naves, desde donde seguían la liturgia los catecúmenos. También se pueden citar como basílicas notables la de Santa María la Mayor, San Pablo Extramuros y la de Santa Inés, todas ellas en Roma.

Baptisterios

Otros edificios de carácter religioso fueron los baptisterios, edificaciones de planta poligonal, frecuentemente octogonal, que tenían en su interior una gran pila o piscina para realizar los bautismos por inmersión. En principio sólo contaron con baptisterios las basílicas sedes de un obispo, ya que eran estos los que lo administraban el Domingo de Pascua. Más adelante ya hubo iglesias regidas por un presbítero que contaron también con un baptisterio (las que carecían de él eran las basílicas martiriales). thumb|Exterior del baptisterio de Letrán. El baptisterio más antiguo conservado no es un edificio específico sino una estancia adaptada a esa función (contaba con una piscina de un metro de profundidad y estaba adornada y protegida por un ciborio o baldaquino) de la domus ecclesiae de Dura-Europos (primera mitad del ). Entre los edificios más antiguos y mejor conservados construidos expresamente para administrar el bautismo destacan el baptisterio de Letrán, adjunto a la gran basílica del mismo nombre y construido a finales del (de planta octogonal y piscina circular); el baptisterio de San Ambrosio de Milán (planta octogonal y piscina octogonal) y los dos baptisterios de Rávena, el de los ortodoxos (de planta octogonal) y el Baptisterio arriano (también de planta octogonal). No se estableció ninguna norma que determinase en qué lugar junto a la basílica debía levantarse el baptisterio (los hay situados junto a la cabecera, en los pies o en los laterales). Por otro lado, hubo muchos casos en que la piscina bautismal fue construida en el interior de la basílica, sin un edificio específico que la distinguiese.

También son de planta central algunos mausoleos que siguen la tradición romana; de planta circular con bóvedas es el Mausoleo de Santa Constanza y de planta de cruz griega es el Mausoleo de Gala Placidia en Rávena. Este último tipo de planta es muy frecuente en el arte paleocristiano oriental, como la Iglesia de San Simeón el Estilita.

Artes figurativas

Durante los dos primeros siglos los cristianos rechazaron el uso de las imágenes basándose tanto en lo que decía el Nuevo Testamento como el Antiguo. En el Evangelio de Juan podían leer que Jesús había dicho: «Se acerca la hora o, mejor dicho, ha llegado ya, en la que los verdaderos adoradores darán culto al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre busca a personas que lo adoren así. Dios es espíritu y los que le adoran conviene que le den culto en espíritu y verdad» (). Mucho más contundente era el Antiguo Testamento que en varios pasajes prohibía expresamente fabricar imágenes, con la finalidad de prevenir la idolatría. Por ejemplo, en el Deuteronomio se decía:

A este pasaje del Antiguo Testamento se refirió Clemente de Alejandría cuando escribió: