miniatura|300px|Una máquina de vapor de tipo Watt, construida por la compañía David Napier & Son Limited (Londres) en 1859.
La Revolución Industrial o Primera Revolución Industrial fue el proceso de transformación económica, social y tecnológica que se inició en la segunda mitad del con la invención y aplicación práctica de la máquina de vapor perfeccionada por James Watt en el Reino de Gran Bretaña y que se extendió décadas después a gran parte de Europa Occidental y la América Anglosajona, concluyendo entre 1820 y 1840. Durante este periodo se vivió el mayor conjunto de transformaciones económicas y tecnológicas de la historia de la humanidad desde el Neolítico, que vio el paso desde una economía basada fundamentalmente en la agricultura, el comercio a una economía de carácter urbano, industrializada y mecanizada.
La industrialización modificó profundamente la organización de las ciudades. El crecimiento de las fábricas atrajo a numerosos trabajadores procedentes de zonas rurales, lo que provocó un rápido aumento de la población urbana. Este crecimiento no siempre estuvo acompañado de una planificación adecuada y en muchas ciudades aparecieron barrios obreros con problemas de vivienda, higiene y acceso a servicios básicos.
La Revolución Industrial marca un punto de inflexión en la historia, modificando e influenciando todos los aspectos de la vida cotidiana de una u otra manera. La producción tanto agrícola como de la naciente industria se multiplicó a la vez que disminuía el tiempo de producción. A partir de 1800 la riqueza y la renta per cápita se multiplicó como no lo había hecho nunca en la historia, pues hasta entonces el PIB per cápita se había mantenido prácticamente estancado durante siglos. En palabras del premio Nobel Robert Lucas:
A partir de este momento se inició una transición que acabaría con siglos de una mano de obra basada en el trabajo manual y el uso de la tracción animal, siendo estos sustituidos por maquinaria para la fabricación industrial, para el transporte de mercancías y pasajeros. Esta transición se inició hacia finales del en la industria textil, así como en lo relacionado con la extracción y utilización de carbón. La expansión del comercio fue posible gracias al desarrollo de las comunicaciones, con la construcción de vías férreas, canales y carreteras. El paso de una economía fundamentalmente agrícola a una economía industrial influyó sobremanera en la población, que experimentó un rápido crecimiento sobre todo en el ámbito urbano. La introducción de la máquina de vapor de James Watt (patentada en 1769) en las distintas industrias fue el paso definitivo en el éxito de esta revolución, pues su uso significó un aumento espectacular de la capacidad de producción. Más tarde, el desarrollo de los barcos y ferrocarriles a vapor, así como el desarrollo en la segunda mitad del del motor de combustión interna y la energía eléctrica, supusieron un progreso tecnológico sin precedentes.
Como consecuencia del desarrollo industrial nacieron nuevos grupos o clases sociales encabezadas por el proletariado —los trabajadores industriales y campesinos pobres— y la burguesía, dueña de los medios de producción y poseedora de la mayor parte de la renta y el capital. Esta nueva división social dio pie al desarrollo de problemas sociales y laborales, protestas populares y nuevas ideologías que propugnaban y demandaban una mejora de las condiciones de vida de las clases más desfavorecidas, por la vía del sindicalismo, el socialismo, el anarquismo, o el comunismo.
Aún sigue habiendo discusión entre historiadores y economistas sobre las fechas de los grandes cambios provocados por la Revolución Industrial. El comienzo más aceptado de lo que podríamos llamar Primera Revolución Industrial, se podría situar a finales del , mientras su conclusión se podría situar a mediados del , con un período de transición ubicado entre 1840 y 1870. Por su parte, lo que podríamos llamar Segunda Revolución Industrial, partiría desde mediados del a principios del , destacando como fecha más aceptada de finalización a 1914, año del comienzo de la Primera Guerra Mundial. El historiador marxista Eric Hobsbawm, considerado pensador clave de la historia del sostenía que el comienzo de la Revolución Industrial debía situarse en la década de 1780, pero que sus efectos no se sentirían claramente hasta 1830 o 1840. En cambio, el historiador económico inglés Thomas Southcliffe Ashton declaraba por su parte que la Revolución Industrial tuvo sus inicios entre 1760 y 1830.
El término «Revolución Industrial» es también materia de discusión. Algunos historiadores del , como John Clapham y Nicholas Crafts, argumentan que el proceso de cambio económico y social fue muy gradual, por lo que el término «revolución» resultaría inapropiado. Asimismo, es cuestionado el mote de «industrial», ya que el proceso englobó también cambios agrarios, sociales, energéticos, y demográficos. Estas cuestiones siguen siendo tema de debate entre historiadores y economistas.
Antecedentes y causas miniatura|275px|El triunfo de los nuevos planteamientos filosóficos del , contribuyó al intercambio del conocimiento científico. miniatura|275px|John Locke, padre del empirismo y del liberalismo moderno.
Los inicios de la industrialización europea hay que buscarlos en la Edad Moderna. A partir del se vislumbra un avance en el comercio, métodos financieros, banca y un cierto progreso técnico en la navegación, impresión o relojería. Sin embargo, estos avances siempre se veían lastrados por epidemias, constantes y largas guerras y hambrunas que no permitían la dispersión de los nuevos conocimientos ni un gran crecimiento demográfico. Según el historiador Angus Maddison, Europa Occidental experimentó un crecimiento demográfico prácticamente nulo entre 1500 y 1800.
El Renacimiento marcó otro punto de inflexión con la aparición de las primeras sociedades capitalistas en Holanda y el norte de Italia. Es a partir de mediados del cuando Europa comenzó a distanciarse del resto del mundo y a asentar las bases de la futura sociedad industrial debido al desarrollo, aún primitivo, de la industria pesada y la minería.Max Pietsch, La Révolution industrielle, 1961. Consultado el 20 de marzo de 2012David S. Landes, L'Europe technicienne ou le Prométhée libéré (Europa y el progreso técnico), 1980. La alianza de los comerciantes con los agricultores hizo aumentar la productividad, lo que a su vez provocó una explosión demográfica, acentuada a partir del XIX. La Revolución Industrial se caracterizó por la transición de una economía agrícola y manual a una comercial e industrialFernand Braudel, La Dynamique du capitalisme (La dinámica del capitalismo), 1985. cuya ideología se basaba en el racionalismo la razón y la innovación científica.Christoph Buchheim, Industrielle Revolutionen. Langfristige Wirtschaftsentwicklung in Großbritannien, Europa und Übersee (Traducido: Revoluciones Industriales, el desarrollo a largo plazo del Reino Unido, Europa y el extranjero). La Revolución Agrícola Británica aumentó el rendimiento de los cultivos y liberó mano de obra para el empleo industrial, las innovaciones clave incluyeron la sembradora mecánica de Jethro Tull de principios del (1701), que aseguró una siembra más uniforme y un control de la profundidad,Temple, Robert (1986). La Nación del Hierro: Una Historia Ilustrada de las Industrias del Hierro y el Acero . Macmillan, pág. 26. el arado Rotherham de hierro de Joseph Foljambe (c. 1730) y la trilladora de Andrew Meikle (1784), que redujo los requisitos de mano de obra manual.
Otro de los principales desencadenantes de la Revolución nace de la necesidad.Bernard Rosier & Pierre Dockès, L'Histoire ambiguë. Croissance et développement en question (traducido: Historia ambigua, crecimiento y desarrollo), 1988. Aunque en algunos lugares de Europa como Gran Bretaña ya existía una base industrial, las Guerras Napoleónicas consolidaron la industria europea. Debido a la guerra, que se extendía por la mayor parte de Europa, las importaciones de muchos productos y materias primas se suspendieron. Esto obligó a los gobiernos a presionar a sus industrias y a la nación en general para producir más y mejor que antes, desarrollándose industrias antes inexistentes. La industrialización tuvo lugar en diferentes oleadas en los distintos países. Las primeras áreas industriales aparecieron en Gran Bretaña a finales del , extendiéndose a Bélgica y Francia a principios del y a Alemania y a Estados Unidos a mediados de siglo, a Japón a partir de 1868 y a Rusia, Italia y España a finales de siglo. Entre las razones se encontraron algunas tan dispares como la notable ausencia de grandes guerras entre 1815 y 1914, la aceptación de la economía de mercado y el consecuente nacimiento del capitalismo, la ruptura con el pasado, un cierto equilibrio monetario y la ausencia de inflación.
Otras interpretaciones
Otras interpretaciones sugieren que este nuevo cambio de mentalidad y la posterior evolución del sistema económico fue por causas morales y religiosas. La Reforma protestante de Martín Lutero y Juan Calvino trajo consigo un cambio de mentalidad en el trato y visión respecto del trabajo. Según Max Weber el protestantismo considera al trabajo y al esfuerzo como un bien y un valor fundamental, al contrario que la ética católica que lo considera un castigo a raíz del pecado original.Max Weber, La ética protestante y el espíritu del Capitalismo (1905). Esto explicaría en parte las diferencias a la hora de desarrollarse de las distintas naciones europeas, teniendo como pioneros a países protestantes como Gran Bretaña, Alemania u Países Bajos y como países atrasados a España, Portugal e Italia, todos ellos católicos. Esta interpretación sigue siendo muy discutida.
Gran Bretaña miniatura|275px|Adam Smith, filósofo y economista británico considerado el padre de la economía moderna y el capitalismo, fundamentalmente por su libro La riqueza de las naciones.
La Revolución Industrial se originó en Inglaterra a causa de diversos factores, cuya elucidación es uno de los temas historiográficos más trascendentes.
Como factores técnicos, era uno de los países con mayor disponibilidad de las materias primas esenciales, sobre todo el carbón mineral, indispensable para alimentar la máquina de vapor que fue el gran motor de la Revolución Industrial temprana, así como para utilizar coque en los altos hornos de la siderurgia, sector principal desde mediados del . Su ventaja frente a la madera, el combustible tradicional, no es tanto su poder calorífico como la mera posibilidad en la continuidad de suministro (la madera, a pesar de ser fuente renovable, está limitada por la deforestación; mientras que el carbón, combustible fósil y por tanto no renovable, solo lo está por el agotamiento de las reservas, cuya extensión se amplía con el precio y las posibilidades técnicas de extracción). La fundición con coque permite una mayor oferta de hierro, mejoras en la calidad y reducción de costos de este material.Véase también: Abraham Darby I: El primer alto horno alimentado por coque