El Palacio de la Música Catalana () es un auditorio de música situado en la calle Alta de San Pedro en el barrio de la Ribera de Barcelona, España. Fue proyectado por el arquitecto barcelonés Lluís Domènech i Montaner, uno de los máximos representantes del modernismo catalán. La construcción se llevó a cabo entre los años 1905 y 1908, con soluciones en la estructura muy avanzadas con la aplicación de grandes muros de cristal y la integración de otras artes como escultura, mosaicos, vitrales y forja.Volumen 9, Historia Universal del Arte, El siglo XX, 1989, Barcelona, Editorial Planeta, pp.96-97 ISBN 84-320-8905-5. El edificio, sede central del Orfeón Catalán, fundado en 1891 por Lluís Millet y Amadeo Vives, fue sufragado por industriales y financieros catalanes, ilustrados y amantes de la música, estamento que sesenta años antes ya había financiado el teatro de ópera y ballet Gran Teatro del Liceo.
En 1997 la Unesco incluyó el edificio en su relación del Patrimonio de la Humanidad.
El palacio de la Música Catalana es propiedad de la asociación Orfeón Catalán, que tiene por objeto, conforme a su tradición, el fomento de la cultura catalana, en especial en la vertiente musical y con una atención preferente a la música coral. La Asociación desarrolla sus objetivos a través de la Fundación Orfeón Catalán - Palacio de la Música Catalana, que concentra la gestión de toda la actividad de los coros del Orfeón y del palacio de la Música Catalana.
Historia miniatura|Escultura de Lluís Millet, fundador del Orfeón Catalán, realizada por el escultor Josep Salvadó Jassans Comienza con un encargo de un proyecto del Orfeón Catalán al arquitecto Luis Domenech para construir un edificio destinado para ubicar su sede social.Roig, Josep L., Historia de Barcelona, 1995, Ediciones Primera Plana,p.155, ISBN 84-8130-039-X. Este proyecto y su presupuesto correspondiente es aprobado por la asamblea el 31 de mayo de 1904. Antes de terminar el año se realiza la compra del claustro del convento de San Francisco, con una superficie de 1350,75 metros cuadrados y en un precio final de 240 322,60 pesetas, con la intención de destinar este espacio para la construcción del edificio.García-Martin, Manuel, Benvolgut Palau de la Música, 1987, Barcelona, Catalana de Gas ISBN 84-404-0431-X. En el año siguiente, concretamente el 23 de abril de 1905, se realiza el acto de colocación de la primera piedra de las obras, y para su financiación se emiten 6000 obligaciones de cien pesetas.
Cuatro años más tarde, el 9 de febrero de 1908, se celebra su inauguración. El auditorio fue destinado a conciertos de música orquestal e instrumental, así como a interpretaciones corales y a recitales de cantantes. Pero en el palacio han tenido también cabida actos culturales, políticos, obras teatrales y por supuesto las más variadas actuaciones musicales. En la actualidad sigue cumpliendo todas estas funciones, tanto en el ámbito de la música culta como en el de la música popular.
La sala presenta una excelente acústica. Muchos de los mejores intérpretes y batutas del mundo del último siglo (desde Richard Strauss hasta Daniel Barenboim, pasando por Ígor Stravinski y Arthur Rubinstein, Pau Casals y Frederic Mompou) han desfilado por este auditorio, auténtico santuario de la música de Cataluña y al tiempo sala de conciertos de referencia en el panorama artístico internacional.
En el año 1960 tuvieron lugar los denominados sucesos del Palau de la Música coincidiendo con una visita de Francisco Franco a Cataluña. Se había conseguido la autorización para interpretar el Cant de la Senyera en el palacio, con motivo de la celebración del centenario del poeta Joan Maragall, autor del poema de la letra. La prohibición gubernativa en el último momento por parte de las autoridades, hizo que el público asistente se pusiese en pie para cantar dicho himno y se lanzaran octavillas contra el dictador. Por este hecho hubo detenciones, entre ellas la del futuro presidente de la Generalidad de Cataluña, Jordi Pujol, que fue sometido a un consejo de guerra.Recuerdos de los Sucesos del Palacio por Jordi Pujol. Hasta el año 1967 no pudo volver a ser interpretado legalmente el Cant de la Senyera.
El palacio de la Música Catalana fue declarado Monumento Nacional en 1971. Con tal motivo se realizaron amplias obras de restauración bajo la dirección de los arquitectos Joan Bassegoda y Jordi Vilardaga.
Pero es a partir de la década de los ochenta del cuando se decide por parte del Orfeón Catalán efectuar una gran reforma del edificio y también jurídica, así se constituyó en 1983 el Consorcio del Palacio de la Música Catalana, manteniendo la propiedad el Orfeón pero interviniendo el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalidad de Cataluña y el Ministerio de Cultura. En cuanto a las obras del edificio se encarga el proyecto a Óscar Tusquets. Estas obras duraron siete años, llevándose a cabo todo el proyecto de Tusquets que fue reconocido con el Premio FAD 1989 de Arquitectura, Reformas y Rehabilitaciones. Lluís Domènech Girbau, arquitecto y nieto del primer arquitecto del palacio, Domènech Montaner, escribió sobre estas obras elogiándolas: En 1990 se formó la fundación Orfeón Catalán-Palacio de la Música Catalana para los actos del centenario del Orfeón y además para conseguir recursos privados con actividades organizadas en el palacio.
Restauraciones Entre los años 1982 y 1989 se realizó la primera parte de la restauración y ampliación del palacio, a cargo de los arquitectos Óscar Tusquets y Carles Díaz. La segunda parte de esta restauración, también bajo la dirección de Óscar Tusquets y Josep Palain, fue comenzada en 2000. En esta fase se adosó al palacio un edificio de seis pisos cuyo chaflán se resuelve mediante una torre cuya base esta esculpida en forma de una gran palmera.
El nuevo edificio y la plaza se ubicaron en el terreno que anteriormente ocupaba la iglesia.
El objetivo de esta restauración era modernizar y ampliar la edificación original. En primer lugar se buscó restaurar partes dañadas y del edificio, para luego actualizarlo a la nueva época. De esta forma ampliaron y dieron vida al patio oculto, brindando una sensación de espacialidad mayor. A su vez consiguieron un nuevo acceso, acceso principal por el que hoy en día se accede al edificio. En la ampliación realizada junto al escenario, se colocaron servicios para los artistas, como por ejemplo camerinos, vestuarios y nuevas salas de ensayo.
Arquitectura miniatura|Antigua taquilla, original de Domènech i Montaner, en el interior de una columna con el típico trencadís La arquitectura de Domènech es de gran calidad y originalidad, resaltando la estructura de hierro que permite la planta libre cerrada por vidrio y por otro lado la integración en la arquitectura de las artes aplicadas.Volum 15, La Gran Enciclopèdia en català, Barcelona, Edicions 62, ISBN 84-297-5443-1 Dos decisiones demuestran la tipología y la innovación tecnológica del proyecto: la primera la solución del patio en la medianera del solar con la iglesia para que la sala de conciertos quedara con la misma simetría de distribución y entrada de luz. La segunda fue la resolución de ubicar el auditorio en el primer piso con el acceso desde la planta baja por los diferentes tramos de la escalera con un tratamiento tan efectivo que compensa la ascensión: con esto se consiguió la utilización de la planta baja para oficinas del Orfeón.
En el exterior se mezclan elementos escultóricos, que hacen alusión al mundo de la música, con elementos arquitectónicos y decorativos de carácter modernista y barroquizante. En el interior el arquitecto combinó magistralmente los diversos materiales de construcción con cerámica (el trencadís tan típico del modernismo catalán) y vidrio. La sala y el escenario forman un conjunto armónico, en el que uno se integra en el otro. El escenario está dominado en su parte trasera superior por los tubos del órgano, que se convierten a su vez en un elemento decorativo e icono del propio palacio. La embocadura del escenario está enmarcada por ilustraciones escultóricas espectaculares, sendas alegorías de la música culta y de la música popular: a la derecha, un busto de Ludwig van Beethoven sobre columnas dóricas que sostienen unos cúmulos de los que emerge la cabalgata de las walquirias (clara referencia a la adoración por Richard Wagner que siempre ha sentido el público catalán); a la izquierda, unos chicos al pie de un sauce en cuyas ramas aparece el busto de José Anselmo Clavé, alusión al texto de la canción Les flors de maig de este autor.
Entre 1982 y 1989 se realizó una gran restauración y ampliación bajo la dirección de los arquitectos Óscar Tusquets y Carles Díaz, iniciándose la segunda parte en el año 2000 dotando al palacio con un edificio adosado de seis pisos de altura donde se ubican los camerinos, el archivo, la biblioteca y una sala de reuniones. Abriéndose a una plaza gracias al derribo de la iglesia de San Francisco de Paula, que había sufrido un incendio durante la guerra civil española y se había hecho una reconstrucción sin valor arquitectónico. En la segunda fase se realizaron reformas interiores y una nueva ampliación con una sala de audición y ensayo así como un restaurante.Cararach, Joan Anton, El Palau de la Música Catalana, Sinfonia d'un segle, 2007, Barcelona, Edicions 62, ISBN 978-84-297-6037-8.
Fachada principal primitiva miniatura|Detalle de la fachada antigua, con el grupo escultórico La canción popular catalana, de Miguel Blay
Se encuentra situada en la calle Alta de San Pedro, único acceso hasta el año 1989, hace esquina con la calle de Amadeo Vives, que se resuelve con la inclusión del grupo escultórico La cançó popular catalana (La canción popular catalana), a manera de proa, del artista Miguel Blay, en la que están representados un san Jorge, debajo una figura femenina en el centro como un gran mascarón de proa, rodeada de un grupo de personajes que representan el marinero, los campesinos, el anciano, los niños, la clase alta de la sociedad, símbolo de que el palacio de la Música Catalana era para todo el pueblo. Según consta en una inscripción al pie de la escultura, fue pagada por el marqués de Castellbell (Joaquim de Càrcer i de Amat), y que tuvo lugar su inauguración el día 8 de septiembre de 1909.
La complejidad de la fachada angular a dos calles estrechas hace difícil la visión completa del conjunto.
Otros elementos de esta fachada son los arcos con grandes columnas de ladrillo rojo y cerámica. En el primer piso hay un balcón que recorre la fachada con catorce columnas en grupos de dos, cubiertas con mosaico todas con dibujo diferente, en el segundo piso los bustos de los músicos sobre columnas, realizados por Eusebio Arnau, de izquierda a derecha son Palestrina, Bach y Beethoven, pasado el grupo escultórico de la esquina se encuentra el busto de Wagner ya en la calle Amadeo Vives. En dos de estas columnas a nivel de la calle se encontraban dentro de ellas las taquillas originales. En la parte superior de esta fachada un gran frontón en mosaico de Lluís Bru simboliza la senyera (bandera) del Orfeón de Antoni Maria Gallissà y en el centro una reina presidiendo una fiesta con una rueca, en alusión a La Balanguera, poema de Joan Alcover i Maspons con música del compositor Amadeo Vives, una pieza de las que más interpretaba el Orfeón y que a partir de 1996 es el himno oficial de Mallorca.Pi de Cabanyes, Oriol, Cases modernistes de Catalunya, Barcelona, 1992, Edicions 62, p. 53, ISBN 84-297-3607-7
Fachada principal actual miniatura|izquierda|Fachada en ángulo, donde se aprecia la representación de un gigantesco árbol en ladrillo rojo
En esta fachada se encuentra la entrada habitual a partir del año 1989, a través de una nueva explanada a la que se accede desde una calle que desde el año 2006 se denomina con el nombre de palacio de la Música.