miniatura|Catedral de Canterbury (Reino de Inglaterra, siglos -) El Renacimiento del hace referencia a la serie de cambios económicos, sociales, políticos, ideológicos y culturales que afrontó Europa durante el . Tales cambios tendían a cuestionar el viejo orden agrario y rural del feudalismo como consecuencia de la irrupción de un nuevo agente económico y social: la burguesía mercantil y artesanal de las resurgentes ciudades. Incluía una revitalización intelectual de Europa con fuertes raíces filosóficas y científicas, que iniciaron el camino a los posteriores logros literarios y artísticos de la Baja Edad Media y de los inicios de la Edad Moderna: el humanismo y el Renacimiento de los siglos y y la revolución científica culminada en el .
Concepto Se discute la fecha precisa en que comenzaron los cambios, ya que algunos historiadores los hacen remontar hasta finales del , pero en general todos están de acuerdo en que hicieron masa crítica y cambiaron la sociedad europea en el . Por motivos pedagógicos se puede situar dicho período de cambios entre dos hitos históricos determinados, como por ejemplo la Primera Cruzada (1099) y la batalla de Legnano (1176), momento en la que se consolidaron las comunas en el norte Italia, apareciendo un nuevo agente político que disputaba el espacio político a tanto los poderes universales (pontificado e Imperio) como a las monarquías feudales.
Charles Homer Haskins, fue el primer historiador en utilizar extensamente el concepto, el de un renacimiento que surgió en la Plena Edad Media, comenzando en torno a 1070. En 1927, escribía que:
Cambios históricos en la Europa del
Cambios políticos Dos importantes procesos políticos se desarrollaron en Europa durante este período. Por una parte, el sistema feudal europeo se extendió considerablemente en tierras emplazadas hasta entonces fuera del mismo, y por la otra, comenzó el proceso de centralización que fue trasformando lentamente las monarquías feudales en monarquías autoritarias (a finales de la Edad Media), y que terminó por dar origen a los estados nación, ya en la Edad Moderna.
Expansión en la península ibérica Durante este período la crisis y posterior desintegración del Califato de Córdoba, en el año 1031, le dio una gran oportunidad a los reinos cristianos para atacar a los reinos musulmanes (las taifas). Los personajes más importantes de este ciclo guerrero fueron el monarca Alfonso VI de Castilla y Rodrigo Díaz de Vivar (El Cid Campeador). Esta expansión se vio frenada durante un tiempo después de la invasión de los almorávides, pero se llegó a un nuevo punto de equilibrio, favorable a los reinos cristianos, después de la batalla de Navas de Tolosa, en 1212. Expansión en Italia Durante la segunda mitad del , invasores normandos habían arrebatado todo el sur de Italia a los bizantinos. Durante la primera mitad del , el rey normando Roger I de Sicilia se transformó en uno de los más poderosos monarcas de Europa. El reino de Sicilia fue durante todo ese tiempo, el más próspero y desarrollado de Europa, gracias a una política de tolerancia religiosa que permitió asimilar la cultura superior de árabes y bizantinos. Todo ello, no obstante que durante la conquista normanda de Sicilia comenzó a introducirse el catolicismo, y por tanto el poder de la Iglesia católica, en dichas tierras fue en aumento. Expansión en las islas británicas Los normandos también invadieron Inglaterra en 1066. Guillermo el Conquistador sentó las bases del poderío inglés, que sus sucesores aprovecharon para realizar nuevas incursiones contra Irlanda y Escocia. Expansión en Escandinavia El producto del pillaje y saqueo de los vikingos llevó a la introducción de la economía occidental en el mar Báltico. El príncipe alemán Enrique el León, vasallo de Federico Barbarroja, conquistó las tierras entre Brandeburgo y el río Oder a los vendos, fundando Berlín entre otras ciudades, y abriendo el camino a nuevos señores feudales. Expansión en Europa Oriental El reino de Polonia fue fundado en el , y en las centurias siguientes, inició una dura presión militar hacia el este, en tierras de nadie ocupadas por tribus de paganos, como por ejemplo Lituania. La labor combinada de los polacos y de los Caballeros Teutónicos consiguió ganar todo el trecho entre Occidente y los reinos rusos, en particular Nóvgorod y Moscovia. Expansión en el Próximo Oriente En el año 1100, la Primera Cruzada consiguió reconquistar Jerusalén, fundando una serie de reinos cristianos en Tierra Santa. Estos reinos sobrevivieron con grandes dificultades, divididos por sus propias rencillas domésticas, hasta que la irrupción de Saladino, a finales del , terminó por borrar casi todo rastro de ellos. Aunque quedaron algunas fortalezas cristianas que no caerían sino hasta finales del , lo cierto es que el dominio cristiano en dichas tierras puede darse por completamente terminado después del pacto entre Ricardo Corazón de León y Saladino, después de la fracasada Tercera Cruzada.
Consolidación interna de los reinos España La Reconquista se encuentra en una fase muy dinámica, de precario equilibrio entre los reinos hispano-cristianos (entre los que se destacan Castilla y Aragón) y los musulmanes (divididos en taifas o unificados por los almorávides y almohades), hasta la decisiva victoria cristiana en la batalla de Las Navas de Tolosa (1212).
Inglaterra La conquista normanda de Inglaterra con Guillermo el Conquistador (1066) había comenzado ya una cierta labor de centralización administrativa, que se vio superada por la tendencia descentralizadora de la turbulenta nobleza feudal, que protagonizó guerras civiles en los reinados siguientes. En respuesta, el rey Enrique II de Inglaterra introdujo una serie de innovaciones administrativas que permitieron el desarrollo de la industria y el comercio, creando una clase burguesa mercantil en la ciudad de Londres. El proceso de consolidación de la monarquía sobre los nobles se vio frenado con la Carta Magna (1214) que Juan Sin Tierra (hijo de Enrique II y Leonor de Aquitania y hermano de Ricardo Corazón de León) se vio obligado a firmar. El régimen pactado en dicho documento establecía un delicado sistema de equilibrios entre la monarquía y los barones feudales. Francia Los reyes franceses de la época ejercían su poder poco más que el territorio cercano a París (Ile de France). De hecho, para la Primera Cruzada el rey francés ni siquiera fue considerado, llevándose el protagonismo por dicha región el conde Raimundo I de Tolosa. Los franceses pasaron varias décadas muy apurados, debido a que el matrimonio entre Enrique II de Inglaterra y Leonor de Aquitania puso en las manos del monarca inglés un enorme territorio, el Imperio angevino, que amenazaba con ahogar la propia independencia del rey francés. Sin embargo, con el reinado de Felipe Augusto (1180-1223) la monarquía francesa inició un proceso de consolidación interna, especialmente a partir de su victoria frente a Otón de Brunswick, aliado de Inglaterra en la batalla de Bouvines (1214). Italia y Alemania En dichos territorios no hubo una consolidación del poder central. Por el contrario, las destructoras guerras entre el Papado y el Imperio, en particular las emprendidas por Federico I Barbarroja, y después por Federico II de Alemania, llevaron al crecimiento en sus intersticios de diversas autonomías, en Italia de las comunas, y en Alemania de los principados. Al morir Federico II, en 1250, el Imperio era apenas una sombra de lo que antaño. Y las ciudades y burgos independientes habían formado toda una constelación de estados autónomos que abarcaban todo el norte de Italia, Alemania, Flandes y las costas del mar Báltico. Polonia El reino polaco también había experimentado un cierto proceso de consolidación interna, aunque visiblemente retrasado del resto de Europa, subsistiendo con gran fuerza el poderío de la nobleza feudal por encima del rey, quien seguía siendo un primus inter pares, más que un verdadero monarca en el sentido que estaba adquiriendo tal figura en otros lugares de Europa.
Todos estos cambios políticos (centralización del poder monárquico, y expansión geográfica feudal) estaban relacionados con la inesperada alianza que los reyes tejieron con la burguesía urbana, en la que encontraron un gran aliado que usar en contra de la nobleza feudal terrateniente, alianza que les permitió allegar los recursos necesarios para crear un sistema fiscal moderno, base de la consolidación de su poder por sobre los señores feudales, visiblemente más débiles.
Cambios económicos y sociales Los cambios políticos precedentemente señalados, fueron a la vez causa y consecuencia, por obra de un proceso de retroalimentación, de una serie de cambios económicos y sociales. Por una parte, el feudalismo le había proporcionado estabilidad social a Europa, librándola de las destructoras invasiones de vikingos, magiares y sarracenos de siglos precedentes. Por otra, desde la época carolingia los métodos agrícolas habían experimentado una revolución, con nuevas técnicas de ganadería y cultivo. Por otra parte, el Feudalismo generaba un goteo de personas que sobraban dentro del sistema, tanto segundones de los señores feudales, como siervos que deseaban escapar de la tiranía de su señor, algunos de los cuales emprendieron carrera como soldados de fortuna en las fronteras de la cristiandad, o bien encontraron refugio en los nacientes burgos, dedicándose al intercambio de excedentes productivos derivados de la agricultura, e inaugurando así las ferias y mercados medievales. Estos nuevos comerciantes, los burgueses, conformaron una nueva clase social, activa y emprendedora, y en constante conflicto con el mundo feudal, basado en la tradición y la pasividad social. Las ciudades y la burguesía fueron así el motor en el cual se apoyaron los reyes para imponerse progresivamente a sus turbulentos señores feudales.
La Primera Cruzada, por su parte, creó un activo intercambio comercial entre Oriente y Occidente, que fue aprovechado por las ciudades italianas para crear riqueza, aprovechando su posición de intermediarias, financiando de este modo el movimiento comunal italiano. Aunque las Cruzadas resultarían finalmente fracasadas, ciudades como Génova, Venecia y Pisa se habían transformado hacía tiempo en importantes actores políticos, dándole nuevo poder a la burguesía.
La presencia del dinero trastornó por entero el sistema feudal, en muchas de cuyas regiones se había retrocedido incluso al viejo sistema de trueque. Los señores feudales veían con desconfianza el riesgo inherente a la actividad comercial, y no eran partidarios de invertir en empresas ultramarinas que podían arrojar pingües ganancias, pero también ingentes pérdidas. De esta manera, algunos comerciantes descubrieron que podían tentar a los señores feudales a prestarles dinero a cambio de pagar con posterioridad una tasa de interés, para así amasar una fortuna que invertir en otros negocios. Nació de esta manera la actividad bancaria. Hubo incluso señores feudales que apostaron en actividades mercantiles de manera solapada, a través de una nueva figura jurídica, la sociedad en comandita, que divide a los socios capitalistas y a los socios administradores de la misma, recayendo el primer rol en el señor feudal, y el segundo en los burgueses. De este modo, el comercio empezó a corroer las bases económicas del orden feudal.