thumb|El juicio final, de Pieter Huys, ca. 1550. Las escenas del plano inferior, en el estilo pictórico de El BoscoLa obra de este pintor tiene toda ella un fuerte componente moral en sus alegorías. El carro de heno suele interpretarse en relación con lo efímero de las riquezas, afanosamente disputadas por una multitud, y se supone que hace referencia a un versículo de Isaías: “Toda carne es como el heno y todo esplendor como la flor de los campos. El heno se seca, la flor se cae” (Isaías 40:6-7, citado en ficha en la web del Museo del Prado). y siguiendo los mismos conceptos ideológicos y estéticos de las danzas de la muerte bajomedievales y otras representaciones del «triunfo de la muerte» (título de un famoso cuadro de Pieter Brueghel el Viejo) y del tema denominado Vanitas, reflejan cómo muchas almas no alcanzan la salvación a causa de distintos pecados, especialmente los vinculados al disfrute de los placeres terrenales, como son las riquezas. La desnudez de los cuerpos representa la igualdad de todos, ricos y pobres, ante la muerte y la vida eterna.
La pobreza y riqueza en el cristianismo han sido temas controvertidos desde los inicios de esa religión. Mientras algunos exégetas interpretan que la riqueza y el economicismo (especialmente el triunfante en el mundo occidental contemporáneo, fuertemente materialista) son opuestos a la doctrina cristiana, y que incluso el llevar una vida acomodada (no sólo el lujo, sino todo lo que supere una vida sencilla) conlleva problemas de conciencia; otros manifiestan la multiplicidad de puntos de vista cristianos sobre la riqueza,Catholic Encyclopedia, Use of wealth que en ocasiones se ve como una ofensa a la fe (resultado de algún pecado, como alguno de los capitales —especialmente la avaricia— o la usura —equiparada al robo—), en otras como un obstáculo (la dificultad de que un «camello pase por el ojo de una aguja» se equipara a la de que «un rico entre en el reino de los cielos»)Mateo 19 y en otras como una consecuencia de la fe en sí misma (como ocurre en ciertas interpretaciones de la predestinación calvinista o en la teología de la prosperidad).Miller, David W. "Wealth Creation as Integrated with Faith: A Protestant Reflection" Muslim, Christian, and Jewish Views on the Creation of Wealth April 23–24, 2007 En cuanto a la pobreza, que a veces es vista como un castigo (tanto el genérico a toda la humanidad que trajo el pecado original, como el personal que pueda acarrear un comportamiento desordenado que cae en pecados capitales —gula, lujuria, pereza—), es más a menudo ensalzada como un valor (pobreza evangélica identificada con la del propio Cristo, consejo evangélico y voto de pobreza de las órdenes religiosas, incrementado hasta la mendicidad en las órdenes mendicantes, evangelio social, doctrina social de la Iglesia, opción preferencial por los pobres,1983 CIC, canon 222 §2. Option for the Poor, Major themes from Catholic Social Teaching, Office for Social Justice, Archdiocese of St. Paul and Minneapolis. Deus Caritas Est §22. Compendium of the Social Doctrine of the Church, Paragraphs 182-184. Fuentes citadas en Option for the poor teología de la liberación). Está estrechamente vinculado a estas tendencias o puntos de vista, y en muy diferentes formas según la época, el concepto cristiano del trabajo.
Con anterioridad al establecimiento de la economía como una ciencia secularizada, el pensamiento económico se fue desarrollando en gran medida como una rama de la teología moral.Historia de la teología moral. Mercaba, Diócesis de Cartagena-Murcia. No debe confundirse la economía en el cristianismo o el pensamiento económico cristianoCatholic Encyclopedia, Political economy con el concepto teológico denominado «economía de la salvación» o «economía divina».Conrad, A.C. The Divine Economy. Grand Rapids: Eerdmans, 1954. Fuente citada en Economy of Salvation Otra cuestión que ha suscitado fuertes debates e intereses enfrentados a lo largo de la historia es si la Iglesia debe ser pobre, o si las instituciones eclesiásticas pueden tener «bienes temporales».Voltaire, Diccionario filosófico - Bienes de la IglesiaPedro Inguanzo y Rivero, El dominio sagrado de la Iglesia en sus bienes temporales: cartas contra los impugnadores de esta propiedad, 1813.Charles Maurice de Talleyrand-Périgord (prince de Bénévent), Honoré-Gabriel de Riquetti (comte de Mirabeau), Jacques Defermon (comte), Discursos sobre la propiedad de los bienes del clero pronunciados en la Asamblea nacional francesa en 1789, 1856.Manuel Payno, Tratado de la propiedad - Carácter de la propiedad eclesiásticaJaime Balmes, Observaciones sociales, politicas y económicas sobre los bienes del clero, 1854.Enciclopedia católica: "Propiedad eclesiástica", "Inventario de propiedad eclesiástica". Catholic Encyclopedia: "Ecclesiastical Property", Civil "Incorporation of Church Property". New Catholic Encyclopedia: "Church Property"
Influencias precristianas
thumb|Diógenes y Alejandro, por Sebastiano Ricci.
El nacimiento del cristianismo se dio en un contexto cultural en el que convivió y chocó con la cultura clásica grecorromana y la hebrea. En cuanto a dinero y riquezas, los puntos de vista precristianos eran radicalmente diferentes. Mientras la cultura hebrea valoraba la riqueza material (se entendía que Dios bendeciría a su pueblo con riquezas si seguía sus mandamientos); para la cultura clásica, como para la cristiana, la riqueza material era indiferente o tenida en poca estima, cuando no objeto de condenación (por ejemplo, en Platón, Diógenes, Cicerón o Séneca —obviamente, desde el plano intelectual, no en la vida cotidiana, que es precisamente la que estos autores critican—). La motivación de ambas para mantener tales actitudes eran muy diferentes, así como sus implicaciones.Jacobs, Jill; Greer, Simon (2010). There Shall Be No Needy: Pursuing Social Justice Through Jewish Law & Tradition. Jewish Lights Publishing. Fuente citada en Jewish views of poverty, wealth and charity
Trabajo, pobreza y riqueza thumb|San José carpintero, de Georges de La Tour, ca. 1640. Tanto San José como el propio Jesús de Nazaret eran trabajadores manuales según los Evangelios (faber en la Vulgata -Mateo 13:54, Marcos 6:3). La tradición recoge que su oficio era la carpintería, lo que permite hacer el simbolismo de estar trabajando para la propia muerte en la cruz. thumb|La vocación de los santos Andrés y Pedro, en un mosaico bizantino de San Apolinar el Nuevo, Rávena. Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron (Mateo 4:18-20). thumb|El patizambo, por José de Ribera, 1642. Representación de la ideología contrarreformista sobre la pobreza y de la justificación de la limosna. La cartela que porta el niño lisiado dice en latín «dame limosna por amor de Dios». Su sonrisa se ha asociado con un consejo de San Ignacio de Loyola (Introducción a la vida piadosa: que los pobres se regocijen en su estado, que les acerca más a la salvación que a los ricos, al tiempo que permite a los ricos usar su riqueza en darles limosna, lo que a su vez les acerca a la salvación) así como con el elogio de la sonrisa de Pierre de Besse (Le Democrite chretien: al reír mientras recibe la caridad se dispensa la gracia que conduce a la salvación).Alfonso Pérez Sánchez y otros, Catálogo de la exposición en el Metropolitan, pg. 149.
El trabajo era considerado innoble por la civilización clásica, basada socioeconómicamente en el modo de producción esclavista.
La concepción judeocristiana del trabajo es la de una obligación impuesta como castigo divino, consecuencia del pecado original y vinculada al mantenimiento de la familia (a Adán se le dice ganarás el pan con el sudor de tu frente y a Eva parirás con dolor, Génesis 3:16-19), que recibe una evidente dignificación en las epístolas paulinas (si alguno no provee para los suyos, y especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo -I Timoteo, 5:8-); mientras que en boca del propio Jesús de Nazaret (él mismo un trabajador manual, como San José —carpinteros— y los apóstoles —pescadores—) los Evangelios ponen una poética recomendación contra el trabajo
A pesar de la valoración explícita del trabajo y de la condición de los humildes en los primeros textos del cristianismo. Ello no significaba la negación de su condición servil ni una justificación para la desobediencia a los amos.
En realidad, la consideración social del trabajo manual como algo indigno y deshonroso se mantuvo durante la Edad Media y el Antiguo Régimen, cuya sociedad estaba basada socioeconómicamente en el modo de producción feudal y los estamentos (oratores, bellatores et laboratores), justificados ideológicamente por el propio clero (Wulfstan de York, Gerardo de Cambrai, Adalberón de Laon). Los oficios viles y mecánicos se asimilaban a la condición servil, salvando las actividades intelectuales como artes liberales. Todo ello sumado a la concepción bíblica del trabajo como castigo impuesto por el pecado original, impedía cualquier posibilidad de considerar lícito el enriquecimiento por el trabajo. La única posibilidad de ser rico «honradamente» era «vivir de las rentas» (de la renta feudal, mecanismo por el que los laboratores contribuyen al mantenimiento de quienes luchan y rezan por todos).