thumb|El mago en el tarot La magia, entendida como arte o ciencia oculta, es la creencia y prácticas que buscan producir resultados sobrenaturales mediante rituales, conjuros e invocaciones. La magia es un concepto amplio y puede tener diferentes significados dependiendo del contexto en el que se use. En términos generales, la magia se refiere a la creencia en el poder sobrenatural para producir efectos que van más allá de las leyes cotidianas de la naturaleza. El término magia también se usa para referirse al arte del ilusionismo, el cual se vale de técnicas o trucos utilizados para crear ilusiones o efectos especiales en espectáculos de entretenimiento. En resumen, la magia implica la creencia en el uso de habilidades sobrenaturales para producir efectos cuya correlación no son explicables por la ciencia o la razón.

Etimología Proviene del latín magīa, «Magia», Diccionario de la lengua española, 22.ª edición, Real Academia Española, 2001. derivado a su vez del griego μαγεία mageia (‘cualidad de sobrenatural’),«Magia», artículo publicado en el sitio web Etimologías (Chile). y del griego magiké (que presumiblemente se utilizaba en el término «artes mágicas» junto con la palabra tekhné, ‘artes’), el cual es el femenino de magikós (‘mágico’) que proviene de magos (‘uno de los miembros de la clase sacerdotal y erudita’).

Este término proviene del antiguo persa maguš (mágush), que posiblemente proviene de una raíz protoindoeuropea *magh-, ‘ser capaz’, ‘tener la capacidad’.«Magic» (en inglés), en Online Etymology Dictionary (2001).

Desde esa antiquísima palabra protoindoeuropea (de mediados y fines del III milenio a. C.) se produjo también el sánscrito māiā (‘ilusión’, ‘irrealidad’, ‘engaño’, ‘fraude’, ‘truco’, ‘hechicería’, ‘brujería’),Monier-Williams Sanskrit Dictionary online, publicado en el sitio web greenmesg.org. En el primer cuadro de diálogo (en inglés) se debe escribir la palabra maayaa. que se menciona por primera vez en el Rig-veda (el texto más antiguo de la India, de mediados del II milenio a. C.). Esa palabra proviene de la raíz sánscrita māi (‘obrar’, ‘mover’).

Contextualización de la magia Inversamente a la teología, a la filosofía y a las ciencias ortodoxas que versan e importan sobre las causas, la magia, para autoformularse y autodefinirse, se define como la manifestación de la supuesta veracidad maravillante de algunos efectos que no requiere averiguar sus causas. Conocer las causas o que el efecto no sea maravilloso extingue la magia y el pensamiento mágico migra a otros tipos de pensamiento, (de los supuestos «efectos mágicos» se deriva la metonimia histórica con la medicina y la farmacología).

A través de la aceptación de la existencia de la magia, se acepta implícitamente a esta como la causa abstracta o seudoabstracta del efecto mágico, como un principio o verdad primaria a partir del cual se desarrolla toda la parafernalia seudológica. Desde tiempos muy remotos, se aspira a develar, a conocer y a usar lo que presumiblemente estaría oculto a los sentidos (cognición), oculto a la percepción sensorial clásica, a la lógica, a la razón y al criterio. Estos son, como mínimo, los tres elementos esenciales a la magia genérica: Un «efecto» que se percibe como «maravilloso» cuya causa sea desconocida e «inexplicable» en el momento considerado. La magia no busca axiomas imperativos, una antonomasia de la magia es el tópico del «objeto que aparece de la nada» o por arte de magia, la magia es la causa misma. Entre sus atribuciones funcionales más antiguas y características (arquetipo) estaría la facultad de la adivinación, que no se debe conceptualizar junto con la profecía.

La magia, en su acepción más arcaica, es disidente del axioma racional que afirmaría que el universo estaría exclusivamente gobernado por las «leyes naturales o materiales» conocidas o por conocer y habitado solo por la materia. Esta magia arcaica, con un criterio inherente de dualidad espíritu-materia, dio origen al pensamiento mágico y en el entorno de las primeras civilizaciones, a dos clasificaciones evolutivas de la magia, historialmente llamadas «magia natural» y «magias no naturales o filosofías ocultas».

Magia natural y magias no naturales o filosofías ocultas En algún momento de la historia de la humanidad, estos dos conceptualismos de la magia comenzaron a divergir. El dramaturgo Lope de Vega, en su libro Pastores de Belén, dedicó unos párrafos para describir literariamente las diferencias de estos conceptos en la cultura de su época:

Magia natural: Se definieron como «la magia natural» todos los fenómenos naturales observables en los cuales interviniera o estuviera presente la materia aunque fueran inexplicables. Así fue considerada y desarrollada la astrología por los persas, cuyos artífices eran llamados «los mágicos o magos», esta devino en la astronomía. Aún en el , el célebre pedagogo y físico alemán Gaspar Schott (jesuita) titulaba sus textos de física (que él mismo elaboraba y luego impartía a su alumnado) «magia acústica y magia óptica» (escritos en latín), en clara alusión al recuerdo del significado etimológico arcaico de la «magia natural», frase reservada en latín para aludir a la fenomenología física todavía inexplicable científicamente en su tiempo, como la luz y el sonido.

Magias no naturales, teologías o filosofías ocultas: En síntesis, una posible definición genérica sería la «idea de establecer un contacto de relación con cualquier tipo de entidad espiritual o mecanismo sobrenatural». Contactos de relación, tales como la invocación, evocación, adivinación, numerología o las cábalas, entre muchos otros. Otra clasificación subjetiva y arcaica establecería a las entidades y mecanismos sobrenaturales.

Etiologías de la magia Pensamiento mágico: La magia se constituye, como primera etiología, en la matriz del pensamiento mágico mediante el cual se presume la capacidad de percibir y de efectuar alteraciones físicas o psíquicas de toda índole, a voluntad o sin ella, no siempre sujetas a las leyes de la naturaleza.

Entidades materiales y espirituales: El rayo, el fuego, el sol, la oscuridad, estrellas, terremotos, espíritus o almas que habitarían el aire, el agua, bosques, cuevas, el firmamento, lugares específicos de la tierra,los bosques, etc. Se supone actualmente que durante la prehistoria, para la interacción con la «magia de la naturaleza» y con las «magias o filosofías ocultas» se habrían servido los «mágicos» de procedimientos metódicos, en ocasiones rituales, donde se usarían palabras específicas o reservadas e instrumentos dedicados, en ocasiones consagrados, a la intervención o mediación de las entidades materiales y espirituales sobrenaturales de cualquier tipo y que constituyen una segunda etiología.

La magia en la antropología

La magia según Frazer thumb|Chamán de la tribu urarina, 1988. Según J. Frazer, el pensamiento en el que se fundamenta el concepto de la magia consiste en un conjunto de prácticas y creencias a los que individuos de una sociedad recurren para crear un beneficio o conseguir un fin, relacionándolas a su vez con cierto orden en la naturaleza, ya sea como grupo, cuando una limitante natural afecta severamente en la organización social del mismo (una sequía o la infertilidad) (hechicería), o a nivel individual, cuando se requiere, por ejemplo, deshacerse de un enemigo que amenaza la vida (tabú).

Los evolucionistas distinguieron notablemente las profesiones públicas bajo las que se constituía una u otra sociedad; La función del mago desempeñó en muchas sociedades un papel fundamental en la toma de decisiones importantes. Los consejos de mayores, distinguiéndose en general la tendencia a los consejos de mayores, quienes representaban la cabeza de gobierno de las sociedades «salvajes».

Representó un punto medular en los estudios que trataron de comprender la organización de sociedades no occidentales que contrastaban con las occidentales. Se puede dividir en dos vertientes de análisis, por los procesos mentales, según los principios abstractos en los que se basa la práctica de la magia, bajo una ley denominada de empatía.

Es por esta razón que en esta línea de pensamiento la magia es predecesora a la religión en una escala evolutiva, es decir, que la magia corresponde a un estadio de grado de evolución de ciertas sociedades consideradas salvajes y la religión a otras que se suponen con mayor grado de civilización. He ahí el interés de su estudio, que trató de comprender el punto en que la magia deja de ser tal para convertirse en religión y así marcar un avance social hacia otro estadio evolutivo.

Frazer entiende a la magia como la expresión de reglas que determinan la consecución de acontecimientos en todo el mundo, como magia teórica; y considerada como una serie de reglas que los humanos cumplirán con objeto de conseguir sus fines, como magia práctica. Esta se divide en dos tipos, cada uno de ellos se funda bajo los principios de semejanza y contacto: Magia imitativa. Relacionada con que lo semejante produce lo semejante. Esto se refiere a los efectos provocados a algo o a alguien semejaran a las causas que lo provocaron, se puede abarcar desde quién usa la magia, quién la práctica, hasta con qué fines. Magia contaminante. Que se alude a las cosas que una vez estuvieron en contacto se actúan recíprocamente a distancia uniéndolas por siempre un lazo, después de haber sido separadas.

Para llegar a un entendimiento es necesario recurrir a ejemplos que puedan figurar dentro de estos esquemas. En La Rama Dorada de Frazer, en todo momento refiere ejemplos de sociedades exóticas, por así llamarles, que hasta cierto punto parecen estar intactas ante el mundo occidental, aunque lo cierto es que estas sociedades se encontraban ya teniendo contacto con el hombre occidental, quien se hallaba colonizando sus territorios.

Frazer considera que los principios de asociación de ideas aplicados de manera errónea producen la magia, a la que incluso considera como «hermana bastarda de la ciencia».

La magia según Caro Baroja Según Julio Caro Baroja la magia —como la religión en general— deriva de la "concepción primaria del mundo y de la existencia" que se caracteriza por una visión "dramática de la Naturaleza, en la que lo divino y demoníaco, el orden y el caos, el bien y el mal, se hallan en pugna constante y con una existencia ligada al hombre mismo". El humano primitivo —o mejor, primigenio— no considera la Naturaleza "en abstracto como algo impersonal, indiferente y articulado" sino que para él es "algo directo, emocional e inarticulado. Es un ser al que las personas se dirigen como en segunda persona: no es «él» («el cielo», «la tierra»), es «tú»".

La consecuencia de esta visión "dramática" o "vital" de la Naturaleza fue "que en muchos pueblos de Europa y también de otros continentes, el cielo, el firmamento azul, el día iluminado, se asociaron a la noción de un principio superior, ordenador, masculino y paternal, a la idea de una divinidad suprema en suma" —como Zeus o Júpiter del panteón grecorromano—, y en el que el sol representaba ideas tales como "fuerza, belleza, vigor, la vida en suma". Por el contrario, la luna, la noche y la tierra se asocian con un principio femenino, con la muerte y con los infiernos. La luz de la luna, a diferencia de la del sol, es fría e indirecta, muerta; durante la noche la vida se paraliza y reina la muerte; la tierra es donde residen las almas de los difuntos que aparecen por la noche y debajo de ella viven los seres del inframundo, de los infiernos, pero además es la madre de todo —principio femenino— del mismo modo que el firmamento es el padre —principio masculino—, lo que ha dado lugar al culto a diosas madres "con carácter ctónico y con carácter lunar".