La música criolla es un género variado de la música peruana característico de la costa del país que tiene influencias y mezclas provenientes principalmente de Lima. Esta comparte con la música afroperuana, debido a sus orígenes musicales y rítmicos de los españoles, la gente indígena nativa y los esclavos africanos.
Historia
El uso del término «criollo» alude principalmente al perfil transformado y decantado de géneros importados que fueron reinterpretados en el Perú. En sí, el género fusionó estilos propios y extranjeros, que englobó a cada momento histórico, desde la época virreinal hasta ahora. Este género fue plasmándose de diferentes maneras en la cultura musical del Perú a través de los instrumentos musicales utilizados, las formas y contenidos de los cantos, los bailes, etc.
En años posteriores, además de la española y africana, la música importó también estilos estadounidenses como el foxtrot, charlestón y one step, patrones estéticos de tal manera que, aun asumiendo otras modas correspondientes a cada época, se gestaron y desarrollaron algunas formas musicales que llegan hasta fines del y que identifican lo peruano. Inicialmente fueron parte del entretenimiento en la Lima bajo la interpretación de citadinos quienes realizaron nuevas composiciones.
Con el surgimiento de Felipe Pinglo Alva, luego de la primera formación de autores e intérpretes de la denominada Guardia Vieja, la música criolla marcó su identidad musical en la cultura popularcon ayuda de la radio de la década de los años 1920.Las casas Columbia Records y Victor Talking Machine se interesaron en producir las primeras grabaciones comerciales para presentarlos en los Estados Unidos.
Con el tiempo, la música se popularizó. Si bien había participación masculina, el periodista Eloy Jáuregui afirmó que en el año de 1952, alrededor de 56 cantantes mujeres se dedicaban a componer e interpretar valses, boleros y pasillos en las principales radios limeñas.Surgieron figuras emblemáticas como Jesús Vásquez, Eloísa Angulo, Esther Granados, Alicia Lizárraga, Delia Vallejos y Teresa Velásquez. Estas figuras fueron conocidas como «las seis grandes» y en el año 1987 fueron reconocidas por Alan García como referentes de la historia musical. Aparte del colectivo, surgieron otras personas emblemáticas en la historia como Eva Ayllón y Chabuca Granda.
La audiencia de ese género se componía básicamente de los asistentes a las jaranas y festividades populares del barrio. Para finales del , los eventos musicales se realizaron en las denominadas «peñas», que tomaron lugar en los solares empobrecidos de Lima. Debido a los cambios generacionales, en los años 1970 se fundó el Centro Social Cultural Musical Breña, en el distrito homónimo, donde se da a conocer a nuevos talentos del género musical. En 1999, se inauguró la peña Del Carajo, una de las más concurridas, y por la que pasaron figuras representativas de los últimos años como Óscar Avilés, Lucila Campos y el «Zambo» Cavero estuvieron presentes. Sin embargo, para los años siguientes, el musicólogo Marino Martínez Espinoza señaló que el género entró en una «resaca» debido a la desaparición de sus cultores, estilos de canto y de música.
Por ser término paraguas, la música criolla agrupa varios géneros representativos como el vals peruano, la marinera y la polca peruana como también al landó, la zamacueca, el tondero y el festejo. Se nutre, también en el , la presencia de valses de origen vienés, mazurcas, y la influencia de la música francesa e italiana de Europa. Producto del extenso impacto popular, y la consolidación de la industria, el día nacional en el Perú, el Día de la Canción Criolla, tiene lugar el 31 de octubre. En 2022 es reconocida, solo en Lima y Callao, como Patrimonio Cultural de la Nación.
En 2024, más de obras musicales del criollismo, que incluyen a casi grabaciones sonoras, se encuentran almacenadas en el Archivo Nacional de Derecho de Autor de Indecopi.
Géneros de danza y música La zamacueca
El investigador peruano Castro Nué se ha ocupado del origen de ciertas danzas, y sostiene que la Marinera tiene su origen en la Zamacueca o Mozamala. Esta danza costumbrista de pareja que se origina probablemente en la Costa Norte del Perú La Libertad. En su origen deriva de danzas africanas bailadas en la costa peruana. La versión norteña es más alegre, movida y tocada en trompetas también, aunque en Lima, la Zamacueca tiene mayor influencia africana y el estilo de tocar la guitarra es más dulce y rítmico, es decir, contrastada con la versión norteña que es más agitanada y mestiza (con influencia andina). Como en el Tondero piurano, la danza representa la persecución del gallo a la gallina, el enamoramiento de aves y la Pelea de Gallos, temas tan populares dentro de la costa centro y norte del Perú. Para su vestuario la mujer usa un camisón llamado anaco que sobresale a manera de blusa sobre la falda ancha pegada a la cintura. También son muy vistosas las famosas "Dormilonas", artísticos pendientes (aretes) trabajados en filigrama, obra de los orfebres del pueblo. El varón utiliza sombrero de paja fina, camisa a rayas o blanca, faja norteña y pantalón blanco o negro.
La marinera limeña o canto de jarana
Las coplas, música y baile de la marinera limeña provienen de la Zamacueca, danza intensamente bailada en el . Sin embargo, es Abelardo Gamarra, El Tunante, quien propone, luego de la guerra con Chile, un cambio en el nombre, ya que se le conocía también como «chilena». La zamacueca da lugar a la zamba argentina, a la cueca cuyana y norteña (argentina), la cueca boliviana y chilena, y a la marinera limeña. El canto de jarana, cultivada por grupos populares limeños hasta la mitad del decae en su práctica originaria puesto que, en las grabaciones de discos, a causa de las propias limitaciones técnicas (los discos no admitían más de tres minutos de grabación), no se podía registrar el canto de jarana tal como se daba en los ambientes festivos en los que se cultivaba.
Una marinera limeña consta de cinco partes: tres marineras, una resbalosa y una fuga. Por eso se dice respecto de ella: "marinera de jarana: de cinco, tres". En esta forma musical y coregráfica, los cultores pueden competir en un canto de contrapunto de tiempo variable, de acuerdo al entusiasmo y las circunstancias del encuentro.
El tondero
Danza también conocida como marinera del Alto Piura, o de la yunga piurana (Morropon). Es anterior a la Zamacueca. Deriva de música gitana y española en baile y canto. La característica principal que lo diferencia de la Marinera es su repetitivo tundete de guitarra relacionado con música en banda y trompeta gitana. Tiene influencia africana o negra en su forma corísta (coro) y a veces el uso del checo, instrumento construido utilizando calabaza seca para otorgarme ritmo negro. Tiene una influencia andina posterior, en su forma melódicamente chillona de ejecutar la guitarra también. A diferencia de la Zamacueca y debido a la ubicación de la Provincia de Morropón como una región pre-Andina, este baile lleva el mestizaje criollo (hispanogitano-afrodescendiente) y el Andino. Ciudades como Morropón, Chulucanas, San Juan de Bigote, La Matanza, y Salitral fueron pobladas por haciendas arrozeras y jaboneras donde vivieron muchos esclavos negros, y debido a la cercanía a la cordillera, también migrantes Andinos que trajeron el Yaraví desde Arequipa, fundiéndolo con la Cumanana, forma de origen hispano-africana; creando también el famoso término norteño Triste con Fuga de Tondero, que es muy popular en la yunga de Lambayeque (Chongoyapana).
El festejo, alcatraz y otros géneros afroperuanos
Nicomedes Santa Cruz, poeta decimista e investigador de la cultura afroperuana o negra, contaba que el festejo era un género musical que se cantaba, pero que no se bailaba hasta que, a finales de la década de los años 1940, don Porfirio Vásquez, decimista, bailarín y compositor, dando clases en una academia de danzas folclóricas, fusionó pasos del "Son de los diablos" con los de Resbalosa. Creó así un baile que ahora tiene gran importancia en la cultura musical peruana.
Entre los primeros Festejos populares grabados estuvieron "Don Antonio Mina" y "Trai-Lai-Lai", por el conjunto Los Chalanes del Perú en 1946. Posteriormente ya hacia la década de 1960, se popularizaron festejos del compositor Pepe Villalobos Cavero, como por ejemplo, sus obras: "El Negrito chinchiví", "El galpón", "Mueve tu cucu", "La morena Trinidad", "El pobre Miguel", "La comadre Cocoliche", "Cintura quiebra", "Milagros Grande" (con letra de Catalina Recavarren, dedicado a San Martín de Porres). Otros festejos antiguos son "Congorito", de Filomeno Ormeño y el "Son de los diablos" de Fernando Soria, en el que describe la danza de carnaval del mismo nombre en la que se recordaba a don Francisco Andrade, a quien llamaban "Ño Bisté", el último caporal de la danza que saliera en Lima hasta 1949.
En 1956, se desarrolla un trabajo dirigido por José Durand Flórez, quien impulsó el espectáculo basado en las estampas de Pancho Fierro y que luego continuaron otras agrupaciones. La cultura popular criolla y afroperuana reconoce en núcleos familiares importantes la posibilidad de su continuidad. Entre estos tiene gran importancia la familia Vásquez: don Porfirio (proveniente de Aucallama, norte de Lima) y sus hijos, Abelardo y Vicente, quienes trabajan diversos aspectos de la cultura musical y coreográfica: la guitarra, el cajón, la composición, el canto, las décimas, el zapateo, la marinera, el festejo, los pregones, etc. La reivindicación de la presencia africana en la cultura peruana, emprendida por Victoria y Nicomedes Santa Cruz, a través de los grupos de teatro y danza, así como a través de la creación literaria, coreográfica y musical, tuvo su mayor desarrollo hacia la década de los años 1970. Con el trabajo del Conjunto Nacional de Folclore, que dirigía Victoria Santa Cruz, quien enfatizó el trabajo de las danzas afroperuanas.
Posteriormente, en 1969 se fundó el grupo Perú Negro, dirigido por el cañetano Ronaldo Campos y que contó con el apoyo del poeta César Calvo y del Estado. Este conjunto desarrolló un repertorio importante de canciones y danzas que fueron presentadas con singular suceso tanto en el Perú como en el extranjero. Los conjuntos profesionales de bailarines y músicos son las principales fuentes de recreación de las danzas afroperuanas que se cultivan en la actualidad, en especial del festejo, baile que en el escenario se presenta como danza de parejas interdependientes y que, sin embargo, a nivel popular y espontáneo, es cultivada como baile de pareja libre, con gran aceptación del público juvenil.
Cantantes como Lucila Campos, Lucía de la Cruz, Eva Ayllón, Bartola, Marco Romero y Arturo "Zambo" Cavero han fortalecido el cultivo de estos géneros y la ampliación del repertorio en complemento a las veteranas Chabuca Granda, Carmencita Lara y Jesús Vásquez. Es singular el aporte de Carlos Soto de la Colina "Caitro Soto", quien tomando antiguas tradiciones de San Luis de Cañete, crea y recrea motivos y canciones clásicas del repertorio afroperuano. Tal es el caso de "Toro mata", género musical que según las noticias que se tienen, se diera en el y que cantantes como Cecilia Barraza, hicieran muy popular.
Caitro Soto es compositor y recopilador de conocidas canciones como "A sacá camote con el pie", del género landó, los festejos: "Yo tengo dos papás", "Canto a Cañete", "Curruñao", "Ollita Noma", "Negrito de San Luis" y el alcatraz "Quema tú". Canciones que se bailan, sin duda con la sensualidad y la alegría de las antiguas "danzas de cintura", como se les decía a las danzas de los descendientes africanos en San Luis de Cañete, canciones que en sus versos recogen las vivencias cotidianas de los trabajadores del campo y la ciudad.
Polca criolla